Erótica del poder
04.06.07 @ 23:28:32. Archivado en Sobre el autor, La Ciudad
Un antiguo profesor, que jamás renunció o compartió sus pingües emolumentos con sus prójimos más menesterosos, y que se tildaba a sí mismo como "marxista romántico" se enforzó en inculcarme que "todo intelectual debía tender hacia el progreso, es decir, hacia la izquierda" y que nada haría de ser más importante en el cometido de los políticos que la aplicación efectiva de la "praxis" al precio que fuere.
Afirmaba, igualmente, que para el político no había nada más sugerente que el ejercicio del poder y que placer más intenso no existía que sucumbir a su "erótica" consecución y disfrute.
Dejando aparte que este servidor no encaja a ciencia cierta en el papel de "intelectual" y que habría campo abonado para discutir sobre la definición y la esencia del "progreso", sí acuden a mi pensamiento estas disquisiciones de hace ya casi veinticinco años tras los escarceos lógicos y, en cierto modo, póstumos del sano ejercicio electoral.
Porque ¿cuánto de la dignidad previa que se le supone a cada persona, aún político en ejercicio, queda en las mesas de las negociaciones en busca del acuerdo pre-gubernativo? Y ¿a cuán más han de renunciar durante la práctica real del mando en corporaciones y organismos? Y ¿qué queda de dicha honorabilidad cuando ya no es el interés de la Ciudad y sus habitantes lo que ha primado en la toma de decisiones, sino una batería de medidas lo suficientemente artificiosas que consigan engatusar o disimular las sombras, las equivocaciones o los borrones en la gestión?
Todo ello viene a colación porque, en pro del progreso, o de la "alianza" de las fuerzas de progreso o vaya ustéd a saber que, es muy posible que se birle la Alcaldía, muy legítimamente por supuesto, a quien ha ganado las elecciones municipales en Sevilla. Un verdadero escollo del asunto estriba en que parte del susodicho "progresismo" va a consistir en echar muy poca cuenta a los electores (y sus representantes) del grupo ganador de las elecciones. Este mal denominado "progresismo" va a conseguir que, gracias al peso de cuatro mil sufragios, un partido minoritario gobierne varias de las delegaciones más importantes del poder municipal sevillano.
Por ello el poder debe tener tremenda fortaleza erógena y erotógena (aparte de la pecuniaria) para, en pro de su consecución, repartirse el pastel y no dejar a su, en principio dueño o codueño, no dejar ni coger miga. Y , en esta ciudad que nos hacen cada día un poquito más ausente de sí misma, la falsa, porque falsa es, progresía está abusando de los ejercicios onanistas de poder.
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Manuel María Ventura
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