Repasando una correspondencia vieja con un viejo amigo y correoso polemista, he encontrado una carta fechada en Zamora el 17 de abril de 2000 en la que replicaba a mi querido corresponsal, que me había reprochado mi abstención en las anteriores elecciones, en las que Aznar había conseguido su segundo mandato con mayoría absoluta. Los argumentos que entonces di a mi amigo para justificar mi renuncia al sufragio hoy me sorprenden por su actualidad e, incluso, me han emocionado un poquito
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En muchas ocasiones es mejor dejar de hablar uno para leer o escuchar a los demás. De algo de eso escribía Elvira Lindo hace unos tres años en uno de sus siempre lúcidos artículos en El País, titulado "La ceja". Lindo es quizá la única columnista con la que jamás puedo discrepar. La sensatez personificada. Siguiendo su consejo, me callo, la dejo hablar (de nuevo), la leo y os propongo reflexionar sobre lo que decía:
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Leo en un periódico la habitual crónica de sociedad. Junto a la fotografía de una pareja –él de hechura recia y frente huidiza, ella un pastel de silicona– el pie de foto llama mi atención: “Si no lo sabían, se lo cuento. Fulanito y la showoman Menganita, sin duda el mejor descanso para un buen guerrero, son novios”.
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Durante la comida discuto con mi mujer sobre las virtudes de la fabada Litoral, esa marca de potajes en lata que lleva décadas haciendo la felicidad de miles de españoles. No acertaron con el cocido madrileño, le digo, ni con el pote gallego. En cambio, su fabada es un producto digno de preservación, algo que a muchos de mi generación nos sigue devolviendo hoy el perfume (si cabe decirlo así) de un pasado feliz, libre.
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Entre los senufó de Costa de Marfil, la casa de juntas de la aldea tiene el techo extremadamente bajo. Obligados a discutir sentados, casi encorvados, los aldeanos no pueden encenderse con el calor del debate; porque ¿quién puede enfadarse y gritar sentado?
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20.02.07 @ 12:49:29. Archivado en Reflexión
El escándalo de Miss Cantabria ha alcanzado ya al Instituto de la Mujer y a la secretaria de Igualdad del PSOE, Maribel Montaño, que se han sentido en la obligación de intervenir y señalar la injusticia de que Miss Cantabria haya sido despojada de su título de belleza por incumplir la base del concurso que veda explícitamente la participación a las mujeres ya madres. Inmediatamente el antimachista que hay en todos nosotros se abre paso en nuestra conciencia y lamentamos una norma que discrimina a las madres con respecto a las no madres. Sin embargo, a poco que reflexionemos, veremos que el asunto no es para tanto o, por el contrario, es para mucho más y, por tanto, se plantea en términos inadecuados.
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Hubo un tiempo en que los liberales españoles se pudieron sentir representados en el seno del Partido Popular. Fue aquella época en que José María Aznar transformó la alianza en partido, absorbió al PL y al PDP, se desprendió del uniforme, limó su discurso y relevó a un Felipe González sospechoso de haber reorganizado el terrorismo de estado. Aquellos jóvenes de derechas parecían distintos a lo que había sido la derecha española de toda la vida; y lo eran, ciertamente, aunque ahora, a la vista de su posterior radicalización en el poder y de su actual deriva hacia el extremo (más táctica que ideológica, pero perniciosísima en todo caso), cualquiera diría que los últimos setenta años hubiesen transcurrido.
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Imagínense la siguiente situación: un actor es entrevistado en un programa de TVE1 y pronuncia los siguientes disparates: “Me cago en Euskal Herría, me limpio el culo con la ikurriña y ojalá revienten el lehendakari, su puta madre y todos los que llevan chapela.” Y el presentador del programa palmotea de la risa. ¿Lo imaginan? No: sencillamente es inimaginable. Afortunadamente, añado.
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Por las noches, antes de dormir, estoy leyendo un libro apasionante titulado Exploradores, comerciantes y tratantes de esclavos: la Vieja Ruta Española (1678-1850). Su autor, Joseph P. Sánchez, que dirige el Spanish Colonial Research Center de Albuquerque, narra la historia de los hombres que, desde sus bases neomexicanas y californianas, exploraron, abrieron rutas y dieron impulso a la posterior colonización del actual suroeste de los Estados Unidos. Sí, tienen ustedes razón: uno está en el mundo porque tiene que haber de todo.
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