Cuestión de derechos
03.01.07 @ 00:18:08. Archivado en Vida Independiente
Para mi gusto, las sobremesas son el mejor postre de las cenas que celebro con los buenos amigos, los de verdad, más aún si ha pasado cierto tiempo desde el último encuentro. Días atrás en una de esas tertulias un amigo se refirió a mi blog, decía que lo seguía cada día, que no se dejaba nada sin leer, añadiendo a continuación que cualquier día me daban un golpe porque “siempre estaba protestando de todas las cosas”.
Dada nuestra amistad de tantos años y el respeto y mutuo cariño que nos profesamos, sé que su comentario no es malintencionado, pero enciende mis particulares luces de alarma, porque su visión retrata la que tiene la sociedad de lo “nuestro”, esa sociedad hostil y discriminatoria hacia las personas con diversidad funcional en la que nos desenvolvemos día a día. Necesito explicarle a mi amigo, y sé que él lo entenderá, que no protesto sino que reivindico mis DERECHOS, que son los mismos que los suyos pero con la diferencia de que a él no se le niegan y a mi sí.
Para el sistema social establecido, resulta que las personas con diversidad funcional nos salimos del estándar y, por lo tanto, necesitamos “arreglos” para aminorar nuestras imperfecciones y quedar “reparados” lo mejor posible e •integraditos” socialmente, acercándonos al máximo de lo posible hacia ese modelo de persona “normal” que no se sabe quién ha impuesto. Por ello nos “dan” pensiones no contributivas (si no podemos trabajar) con las cuales es difícil subsistir, normativas legales (que se incumplen muchísimas veces) para eliminar unas barreras arquitectónicas que no habría sido necesario crear, ayudas técnicas escasísimas, una plaza para viajar en silla de ruedas en un solo vagón por convoy y únicamente en algunos trenes de RENFE, servicios de ayuda a domicilio de lunes a viernes (los fines de semana no nos toca levantarnos de la cama) que nos acuestan a las 7 de la tarde … Y una larga relación de “limosnas” que los políticos de turno convierten en un “ahora estamos mejor que antes” y que hacen que demos una imagen de “pedigüeños” y “protestotes” aquellos que no nos conformamos y que damos aletazos en pro de la defensa de nuestros derechos y libertades fundamentales como personas.
Esos derechos y libertades mínimos que me corresponden son los que posibilitarían una vida plena en igualdad de oportunidades con el resto de personas de mi entorno. Yo soy una persona con diversidad funcional que me ocasiona unas limitaciones físicas y me impide hacer por mí mismo una serie de actividades, ya que soy una persona en estado de dependencia. Si yo dispongo de unas herramientas mínimas de ayuda que compensen mi limitación funcional estaré en igualdad de condiciones para ejercer todas las actividades de la vida diaria. Si un Asistente Personal trabaja conmigo me ayudará a ducharme, vestirme, levantarme de la cama, acostarme, hacer la comida, cortar la carne o el pan, poner agua en un vaso, salir a comprar al supermercado o al quiosco, ir al trabajo, al cine, a comer a un restaurante, a pasear, a visitar a un familiar o amigo, hacer un viaje… Es decir, todas aquellas mínimas cosas que cualquier persona hace a diario con la mayor normalidad, pero que a mi se me niegan con otros agravantes más incluidos, barreras arquitectónicas o dificultades en los accesos al transporte público, por ejemplo. Simplemente estoy hablando de poder llevar una vida independiente, de tomar mis propias decisiones, arriesgando como cualquiera para acertar o equivocarme, tener el poder sobre mí mismo. Es así de fácil, de sencillo. Es mi derecho. Hoy no puedo disfrutar de él, como lo hace mi amigo y tantísima gente más, por ello peleo para conseguirlo, porque es mío, reivindico, reclamo, demando, exijo, pido, requiero, solicito, pretendo, interpelo, apremio, insto, invoco, etc., pero no mendigo ni limosneo algo que no me corresponde.
Recientemente se ha aprobado la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia en la que tenía puestas muchas y buenas expectativas. Ya en otros artículos me he referido a este texto legal y sus “bondades”, ahora solamente me referiré a la negación –salvo para casos de gran dependencia y para el trabajo y los estudios únicamente- de la figura del Asistente Personal a que me referí anteriormente y al copago de los servicios que a tenor de la ley se me ofrecerán –injusto y discriminatorio, puesto que pagaré dos veces, una como ciudadano que paga sus impuestos y otra como usuario, con lo cual se me penaliza por mi diversidad funcional, se me hace responsable de una situación de dependencia que yo no he elegido-. Por otro lado, esta ley procurará las ayudas técnicas que necesito en función de la disposición presupuestaria anual. Se me niegan derechos fundamentales y, por lo tanto, mínimos, que me impiden llevar una vida digna e independiente.
“Pero eso vale mucho dinero y es insostenible para el Estado”. Frase típica que solemos oír y que me jode –con perdón- porque solo se alude al dinero cuando se trata de dar cauce a los derechos de las personas con diversidad funcional. Nadie habla de dinero cuando se trata de pagar a los diputados electos de las 17 comunidades autónomas, de las percepciones salariales y beneficios sociales de los diputados del Congreso, de lo que costó la reconversión industrial, de los guardaespaldas de tantos personajes susceptibles de amenazas terroristas –que podrían pagarse ellos del mismo modo que nosotros nos pagaremos los servicios que atiendan nuestra dependencia-, de la televisión pública manipulada en su favor por el gobierno de turno y de tantas cosas en las que despilfarra incontroladamente el dinero de todos los españoles. Dice un amigo mío que “cuando se trata de derechos, es de necios hablar de precios”. Y qué razón tiene.
Cualquiera que lea estas líneas sabe que está expuesto a pasar a una situación de dependencia en cualquier momento, bien por una enfermedad o accidente inesperados, bien por la evolución natural de la persona que con el transcurso de los años y al llegar a la vejez se convierte en dependiente.
Cuando alguien en mi misma mesa dijo “pero que trascendental está Ismael esta noche, ¿no?”, pedí la cuenta… porque cada vez me resulta más difícil comprender que otros entiendan, y más en esta época, que la exigencia y lucha por mis derechos, sus derechos y los derechos de todos, se pueda confundir con conversaciones al uso que por falta de una simple reflexión se acaban denominando conversaciones "trascendentales".
No obstante, amigo, mi amigo del alma, sé que tú si me has entendido perfectamente y que, a partir de ahora, verás las cosas de otra manera, y ya no me dirás que protesto sino que pido mis legítimos derechos.
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Ismael Lloréns Santamaría
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