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Desde el teléfono y el ordenador, la vivencia de un encierro

Permalink 13.11.06 @ 11:36:29. Archivado en Ley de Autonomía Personal

Vicente Valero, Miguel Rueda, David Bibiano, Ismael Llorens y Mª Ángeles Sierra

El pasado 12 de Septiembre, una veintena de personas libres pero “dependientes” de este país, miembros todas ellas del Foro de Vida Independiente, tras una incesante lucha por la consecución de una Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (LEPA) justa e igualitaria, decidieron llegar casi al extremo de sus posibilidades.

No ajenos a los costes de salud, humanos, económicos, civiles y personales que habría de suponerles la acción, tras meses de deliberaciones y estrategias, optaron por encerrarse en la Sede Central del IMSERSO en Madrid –supuesto “albergue” administrativo de los más desfavorecidos– en demanda de sus reivindicaciones y de un necesario consenso político para elaborar una ley acorde con la convención de la ONU y de las recomendaciones del Consejo Económico y Social Europeo, puesto que lo que se venía y se viene reclamando aparece contemplado en las diferentes enmiendas parlamentarias presentadas por todos los partidos políticos sin excepción.

Los motivos: la libertad, el derecho de autodeterminación y la urgente e imperiosa necesidad de la aplicación de la igualdad de oportunidades, para un colectivo históricamente discriminado y relegado de la sociedad a la que pertenece, desde los propios estamentos políticos, sociales y administrativos que en definitiva le representan.

La condición para desconvocar el encierro: una entrevista con el Presidente del Gobierno a quien en reiteradas ocasiones y desde diferentes puntos, incluso de fuera de España, se le había venido pidiendo sin respuesta alguna por parte de su Gabinete.

Los objetivos: igualdad de oportunidades, libertad, independencia, desclasificación como ciudadanos desiguales, derecho de autodeterminación, dignidad como seres humanos reconocidos y reconocibles.

Más de 24 horas de permanencia en el interior del edificio del IMSERSO bajo una presión física claramente superior a la que a diario vienen estando acostumbrados por razón de su diversidad funcional, unido a la presión psicológica por el despliegue operativo y negociador que una acción de este tipo en si misma conlleva, vinieron a poner de manifiesto la capacidad emprendedora, participativa y combatiente de nuestro colectivo.

No muy lejanos a este grupo, circundaban otros cuatro más: el grupo directo de apoyo externo, también compuesto por personas con diversidad funcional, quienes se apostaron en la calle, sufriendo hasta quemaduras solares, quizás como consecuencia de un alto grado de tetraplejia; el grupo en retaguardia de apoyo externo, especialmente abanderado por la confederación sindical CGT, único movimiento sindical que hasta el momento ha sido capaz de defender nuestros derechos y libertades como una parte más de la ciudadanía; el grupo remoto del Foro de Vida Independiente y el propio Foro de Vida Independiente.

Lo que comenzó pareciéndole a la Administración y a responsables políticos directos, como una rabieta de niños de colegio a la espera de ser calmada bajo estrategias oscilantes entre la preocupación y la amenaza, en horas, especialmente a lo largo del transcurso de la noche, se fue convirtiendo en una temerosa situación a punto de estallarle en las manos a más de un-a responsable dirigente.

Nosotros formábamos parte de ese grupo remoto, que no estábamos ni fuera ni dentro, sino desde casa y gracias a las nuevas tecnologías visualizando casi todos los frentes. Nuestra función consistía en ser los primeros informados de haberse producido el encierro, dar traslado de ello al propio Foro de Vida Independiente, movilizar a los medios, reenviar documentos y archivos que a nuestros compañeros encerrados los diferentes medios con que contactaban les iban solicitando, procurar en cada momento conocer el estado de la situación y la marcha de las negociaciones de nuestros compañeros para ir elaborando nuevos comunicados de prensa, informar a los parlamentarios del Congreso y del Senado sobre el hecho acaecido, solicitar apoyos y ayudas para el caso de necesidad y mantener un estado de interconexión entre los propios miembros del equipo remoto para tener conocimiento de las acciones de todos y no duplicar con ello nuestros esfuerzos.

En definitiva, hacer extensiva la situación desde el conocimiento remoto que varias personas íbamos recibiendo sin olvidarnos del factor urgencia ni desperdiciar el factor eficacia.

Lo vivido fue muy interesante. Intenso. De una parte sentimos el temor, la esperanza, las dudas, los enfados y, finalmente, el triunfo mitad amargo, mitad dulce de las compañeras y los compañeros que permanecieron en el encierro, sensaciones que a medida que comunicábamos con alguna o alguno de ellos nos iban transmitiendo.

A su vez vivíamos la intensidad de lo que por el Foro se iba recogiendo y de lo que alguno de nosotros íbamos participando. Hubo momentos en que el teléfono móvil, el fijo inalámbrico y el ordenador de unos y otros funcionaban al unísono porque el tiempo apremiaba en el siguiente paso a llevar a cabo.

Un momento especial para todos vino motivado por una carta dirigida al Foro por la diputada socialista Isabel López i Chamosa, quien nos invitaba a la reflexión y entre líneas de “comprensión” nos indicaba lo desproporcionado del acto, a la que se mandó inmediata respuesta, después de haberlo puesto en conocimiento de uno de los compañeros encerrados.

Todos esos sentimientos pasaban de unos a otros de forma instantánea y a la vez fulminante. De pronto esperanzas y confianza porque alguien llamaba ofreciendo su apoyo y colaboración, como de pronto temores porque se nos decía que una compañera se había puesto enferma y tenía que ser trasladada hasta el hospital. O de repente, sentíamos rabia porque alguien anunciaba que posiblemente les cortaran la luz y no se les permitía ni la entrada de comida ni de mantas.

La satisfacción crecía cuando sabíamos que la noticia se iba propagando a la velocidad del rayo vía Internet, o cuando algún periodista tomaba interés en preguntar y en pedir el envío de información complementaria bien a los compañeros encerrados o a nosotros directamente, remitiendo los documentos del Foro explicativos de la situación o los comunicados de prensa que para la ocasión entre varios compañeros íbamos elaborando, puliendo y enviando.

Estuvimos pendientes durante toda la noche de la posibilidad de que algo podía ocurrir que alterara el curso de los acontecimientos en cualquier momento, como así fue, al menos desde nuestra perspectiva externa. Cuando por la mañana se nos informó de que nuestras compañeras y compañeros encerrados, habían dormido con el aire acondicionado a toda marcha, bajo un estridente ruido del hilo musical o que, además de no cenar, tampoco se les había permitido desayunar en grupo para que no alteraran el orden de la administración, tuvimos una sensación profunda de rabia y de impotencia.

A quienes creemos en esto, también el día y la noche se nos hicieron, desde nuestra cómoda posición domiciliaria, duros y largos. No faltaron los comentarios entre nosotros diciéndonos: “Menuda jornada”, “¡vaya noche toledana!”

El tiempo se hacía largo y a la vez corto. Parecía que nos faltaba tiempo para procesar toda la información que nos llegaba y para irla modificando y matizando. Se pusieron espacios en páginas Web dedicados a dar traslado de las noticias, pero en los medios de comunicación, estaba teniendo poca repercusión en relación a la concurrencia e información mediática de que se disponía, lo que en más de una ocasión nos llevó a pensar que las corrientes informativas que nosotros movilizábamos por otro lado se estaban manipulando, quizás a través de los contrastes que con frecuencia la prensa suele utilizar inclinándose generalmente del lado del más fuerte o bien de la mano que da de comer.

Tras informarnos de la mala noche pasada y de las presiones que sobre ellas y ellos estaban ejerciendo a mi misma (de entre los cinco relatores, Mª Ángeles) y quizás siguiendo los propios ritmos que solemos mantener en el foro de vida independiente donde la acción desde la individualidad es un grado generador a su vez de la acción colectiva, me dio un arrebato. Sin pensarlo dos veces me puse en contacto telefónico con el IMSERSO. Cuando, tras identificarme, a la persona que cogió el teléfono, le pregunté por el grupo de compañeros encerrados me contestó:

- Uff, yo no puedo decirle nada. ¿Con quién quiere que le ponga para que le informe?
- Con quien usted sepa que me va a informar, la que no sabe con quién soy yo.
- ¿Pero, llama usted en nombre de alguien?
- No, soy miembro del Foro de Vida Independiente y quiero saber de su situación.
- Espere un momento –me dijo, e inmediatamente se cortó la conexión telefónica.

Respiré hondo y repetí la llamada. Se consumieron el número de tonos de espera telefónica. Insistí nuevamente y, tras casi agotar los tonos nuevamente, al fin me contestó de nuevo la misma persona.

- Buenos días, he llamado hace un momento y se me ha cortado la llamada.
- ¿Es usted la persona de Valladolid? -me respondió.
- Sí, sí.
- Perdone, ahora le paso con el Secretario (o subsecretario) del Director (no recuerdo con exactitud cual de los dos cargos citados me dijo)

Inicié la conversación con aquel interlocutor, sin estar muy segura de con quién hablaba ni de su cargo.

- Buenos días. Llamo de Valladolid, soy miembro del Foro de Vida Independiente y me gustaría saber en qué condiciones se encuentran nuestros compañeros encerrados.
- Bien, supongo que bien, los he visto hace un rato.

En su tono se percibía toque de indiferencia, que a veces acostumbro a provocar, confieso que en ocasiones adrede para saber con quién o con quiénes me la estoy jugando.

- ¿Se sabe algo de las negociaciones? –seguí, en frases cortas hurgando.
- No, no, yo de eso no sé nada, solo soy un funcionario.
- ¿Podría hacerme un favor?
- Diga
- ¿Podría acercarse al grupo y decirles que hemos llamado desde Valladolid preguntado por su situación, que les enviamos nuestros ánimos, decirles que estamos con ellos y que si precisan algo que cuenten con todo nuestro apoyo?
- Sí, sí, no se preocupe, ahora mismo se lo traslado.
- Pues muchas gracias. – le dije y creo que le dejé consolado en la despedida.

Tuve la sensación de que su tono era el típico de quien se libra del tonto sirviéndose de sus propias tonterías.

La situación de desprecio, me quedó patente. No necesitaba hacer esa llamada tan absurda cuando estaba hablando con ellos a cada instante, pero si conocer el grado de respeto que aquello suponía a mi interlocutor, desde la perspectiva de hacerle ver que estaba hablando con una pardilla. De haberme identificado, por ejemplo, como abogada, seguro que la cosa hubiera cambiado. Pero esas otras alternativas al frente estaban sobradamente controladas a través de nuestros compañeros en el interior del edificio.

Poco después informé de ello a varias compañeras y compañeros y, hasta el momento, ninguno me ha comunicado que el mensaje haya sido trasladado. Lo que añade un nuevo indicio de la falta de respeto y de responsabilidad con que nuestros compañeros allí dentro pudieron ser tratados.

Finalmente se nos informó de que por la mañana, a la vista de que la cosa iba en serio, instancias superiores al Director del IMSERSO, tal vez la Secretaria de Estado Amparo Valcarce, a la vista de que de mantenerse la situación se la acabaría escapando de las manos, o tal vez, la llamada de Rosa Segrelles a la Moncloa, eso nunca lo sabremos, provocaron la inmediata reacción del Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales Jesús Caldera quien mantuvo contacto telefónico directo con Antón Novoa, el portavoz y eje coordinador de todo el proceso del encierro, a través de la que se comprometía a mantener una reunión de carácter técnico con el Foro de Vida Independiente, con la intención de desbloquear la situación y de llegar finalmente a acuerdos, lo que acabó provocando como efecto el fin del encierro, pese a que la petición inicial era una entrevista con el Presidente

La tarde del día 13 se nos hizo eterna a muchas personas a la espera de ser informados de los resultados de la reunión, a la que cinco de nuestros compañeros encerrados, los que más a fondo han trabajado sobre esta ley y posiblemente los que mejor encarnaban la disparidad de caracteres de los miembros del Foro de Vida Independiente en torno a unos mismos principios e ideales.

Eran alrededor de las 11 de la noche cuando los que estábamos en el grupo remoto comenzamos a recibir llamadas de teléfono informándonos de las apreciaciones y contenido de la reunión con el Ministro, la Secretaria de Estado y su equipo técnico, para que diéramos traslado al Foro de Vida Independiente de esas noticias.

La reunión había durado tres horas. La dureza de la misma había sido evidente. En modo alguno se había conseguido suprimir una de nuestras más importantes reivindicaciones, copago, para que podamos equiparar esto a un verdadero derecho universal igual al resto de leyes universales, pero no obstante se cedía a contemplar una parte del agravio económico que venimos padeciendo para aminorar esa carga del copago, se admitía la asistencia personal para relaciones sociales (hasta entonces solamente se contemplaba para el trabajo y los estudios) y se contaría con la participación del Foro de Vida Independiente a la hora de elaborar los reglamentos que desarrollarán la ley. Se nos informaba del hermetismo de la Secretaria de Estado para establecer negociaciones positivas, quizás por su visión inamovible y se nos trasladaba un cierto grado de confianza que el propio ministro les había inspirado.

Pensamos que, aunque no se conseguiría lo justo y lo pretendido, nuestro colectivo, como tal había dado un paso de gigante en la historia de nuestro país. Por primera vez habíamos sido capaces, con la participación directa de unos y el apoyo de otros, desde nuestros propios medios y recursos y sin intervención asociada alguna, de plantarle cara a una cruda realidad excesivamente duradera: la de nuestra privación de autonomía y libertad, dirigida generalmente por representantes ajenos a nuestros intereses particulares porque decir Foro de Vida Independiente es como decir cualquiera capaz de organizarse con otras y otros persiguiendo unos mismos objetivos. No nos motivan ni los cargos, ni los presupuestos, entre otras cosas porque nos hemos cuidado de que no existan, nos motivan las ideas y nuestro pleno ejercicio de derechos tanto civiles como humanos.

Una vez terminado todo este proceso y trasladadas todas las informaciones pertinentes, unos y otros seguíamos recibiendo felicitaciones a través del teléfono y del correo electrónico, por el esfuerzo que los miembros del Foro habían llevado a cabo y por el simbolismo de los resultados, pero curiosamente no llegaban –la inmensa mayoría de ellas- felicitaciones provenientes de asociaciones, pese a la incesante información que habíamos proporcionando.

No dejó de ser curioso una vez más ver el reflejo del valor de representación que ostenta el CERMI, nuestra instancia oficial representativa por excelencia, la que tanto se jacta de representarnos a 3,5 millones de ciudadanos por los que recauda euro a euro, y en nombre de quienes por conquistar sus derechos recibe condecoraciones como la Cruz de la Orden Civil de la Solidaridad Social, Medalla de oro de la Cruz Roja Española, Placa de Honor de la Orden del Mérito Civil, Cruz de Honor de la Orden de Raimundo de Peñafort y Placa de Honor de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, que en ningún momento presentó un solo comunicado o se personó para interesarse por las personas (in)dependientes con discapacidad que estaban pasando la noche tirados en el suelo, entre ruidos, frío y con el estómago desde tempranas horas vacío, en defensa de nuestros derechos y libertades, los que ellos no han sabido defender a pesar de recibir tantos premios, quizás por que han optado por alejarse de la realidad de su propia razón de ser.

Además de estos silencios del sector asociativo y de la escasa repercusión que la acción tuvo en los medios de comunicación –cuando estamos acostumbrados a que nos inunden con informaciones intrascendentales- no menos doloroso resultó el silencio de la clase política. Los representantes más significativos de todos los partidos políticos conocían lo que estaba pasando, ya que habían sido informados mediante comunicados del foro o personalmente en contacto directo con integrantes del mismo, telefónicamente o vía correo electrónico. En privado, manifestaron a muchos de nosotros su incondicional apoyo, sin embargo, fueron incapaces de realizar ni la más mínima manifestación pública en ese sentido, cuando su carácter de personajes influyentes posibilita su acceso a los medios de comunicación en cualquier momento. Una clara y, tantas veces, repetida demostración de que la clase política casi siempre vive de espaldas a la realidad.

Únicamente resaltar las palabras de Carles Campuzano, del grupo de Convergencia i Unió, que en la sesión plenaria del Congreso de los Diputados, del 5 de octubre, en la que se aprobó la ley dijo textualmente: “Finalmente ustedes rechazan las enmiendas que Convergència i Unió y algún otro grupo han planteado en algún momento para configurar la protección de las personas con discapacidad física a través de las denominadas ayudas técnicas como una prestación del sistema; lo rechazan y prefieren mantener un sistema graciable de subvenciones. Lo hacen después de haber vivido entre todos el lamentable espectáculo que se dio en el Imserso con el encierro de los miembros del Foro de Vida Independiente, maltratados por la Administración General del Estado en ese encierro; difícilmente justificable desde una opción progresista”.

Confiamos en que este testimonio, el nuestro particular desde una cómoda posición en casa, muy diferente a la de quienes tuvieron que pasar unas horas muy duras debido a sus serias limitaciones físicas y sometidos a una presión psicológica desproporcionada, sirva para que la sociedad y hasta nuestros propios representantes directos, tengan una visión diferente de las personas con discapacidad, y les sirva de análisis y reflexión a la hora de obtener futuros resultados para nuestro colectivo, altamente y peligrosamente sometido y discriminado.

Pese a todo, y a poco más de un mes de acontecido este relato, hoy seguimos a la espera de mejoras en el texto de una Ley que se está actualmente trabajando en el Senado.

Seguimos demandando que la asistencia personal abarque todos los ámbitos de la vida sin discriminar según el grado de dependencia y garantice el importe de prestación suficiente que cada ciudadana o ciudadano (in)dependiente precise; que la asistencia tecnológica sea recogida como un derecho subjetivo que garantice su disponibilidad y financiación a cuantas personas lo necesiten para poder ser más autónomas cada día; que el copago no se aplique a los servicios y prestaciones del nuevo sistema universal que se pretende crear porque nuestro universo entonces, sería una vez más diferente; y que nuestro derecho de libre elección y toma de decisiones quede plenamente garantizado.

Aparentemente cuatro pequeñas demandas que encierran en si el reto de sentirnos por primera vez en mucha historia, ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho y por las que muchas y muchos seguimos sin descartar cualquier acción contundente a nuestro alcance mientras sigamos sintiendo que nuestra libertad por falta de igualdad de oportunidades y la de toda la sociedad en sus conjunto ante situaciones similares como las nuestras siga en juego.

15 de Octubre de 2006

¡ESPERAMOS IGUALDAD!


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