Mi silla... eléctrica y yo
09.02.06 @ 13:16:53. Archivado en Vida Independiente
Mi silla de ruedas y yo somos fieles compañeros desde muchos años atrás. Somos como una pareja de baile inseparable, más allá de los pisotones o de los galardones obtenidos en los concursos. Desde que nos conocimos estamos condenados a entendernos y en eso estamos. Condenados pero todavía no ejecutados, aunque mi silla de ruedas sea eléctrica. Vivimos juntos el día a día en el corredor de la discriminación.
Se nos discrimina por no tener garantizada la accesibilidad universal a todos y cada uno de los sitios que queremos. A veces uno, dos o montones de escalones arquitectónicamente muy decorativos pero innecesarios funcionalmente en la mayoría de las ocasiones y, por lo tanto, prescindibles nos impiden entrar en cines, restaurantes, bancos, comercios, casas de amigos o familiares, etc. Otras veces, ascensores pequeños en los que no cabemos ambos nos impiden el acceso a alturas más allá de la planta baja. También son muchas las ocasiones en la que mi silla y yo no podemos entrar en determinadas estancias debido a que las puertas son estrechas.
En cuanto al entorno urbano es justo reconocer el esfuerzo realizado por los ayuntamientos en toda la geografía española para nivelar los bordillos de las aceras con la calzada en las esquinas y en los pasos de peatones. No obstante ello, queda mucho por hacer todavía, entre otras cosas, apelar a la buena conciencia ciudadana que en muchas ocasiones bloquea con vehículos mal aparcados esos accesos que a nosotros nos dificultan tanto la circulación normal por las calles.
Cuando queremos viajar, tanto en largas como en cortas distancias, nos las vemos negras, muy negras a la hora de utilizar los medios públicos de transporte. En la ciudad estamos supeditados a la escasez de autobuses accesibles de que dispone la compañía municipal de transportes en las líneas regulares, o a tener que concertar el servicio de puerta a puerta con 48 horas de antelación. El servicio de taxis es muy deficiente; debido a la escasez de vehículos adaptados, lo normal es solicitar el servicio a las compañías con dos o más días de antelación. Así que para movernos por la ciudad, mi silla de ruedas eléctrica y yo nos sentimos discriminados. ¿Se puede imaginar alguien que para moverse por la ciudad tenga que pensarlo dos días antes? ¿No existen los imprevistos? Una amiga y su silla de ruedas eléctrica fueron hacia las nueve de la noche al servicio de urgencias de un hospital en la ciudad de Valencia, una vez atendida se encontró con el gran problema: ninguna compañía de las que operan en la ciudad disponía de Eurotaxis ni los tendría hasta el día siguiente. El sistema sanitario tampoco disponía de ningún medio de transporte adaptado para llevarlas a casa. Solo hubo una solución, esa noche durmieron en el hospital.
Para las grandes distancias, a mi silla y a mi nos gusta viajar en tren. En España para viajar en tren hay que hacerlo con RENFE. Aquí también nos sentimos discriminados por variadas razones. De entrada, porque son muy pocos los trenes que disponen de plazas adaptadas para sillas de ruedas, así como también escasas las estaciones que disponen de unas plataformas elevadoras poco funcionales. En consecuencia, son muy limitados los itinerarios que podemos elegir para viajar en tren. Además resulta que en cada convoy, solamente existe (cuando existe) un solo vagón con una sola plaza para silla de ruedas, lo cual impide que podamos viajar con otro/a amigo/a que también vaya unida a su silla de ruedas. ¿Puede alguien imaginarse por un instante que no puedan viajar juntos en tren dos monjas, una pareja de guardias civiles, dos hermanos gemelos o un matrimonio? ¿A qué no?
Capítulo aparte merece la publicidad engañosa que hace RENFE al respecto. En sus páginas de Internet, en aquellos trenes que oferta con plazas para sillas de ruedas informa de la existencia de WC adaptados, cuando en ninguno de ellos cabe por medidas una silla de ruedas mecánica convencional, no digamos ya mi silla de ruedas eléctrica.
Viajar en otros medios como autobús, avión o barco también ofrecen mil y una dificultades. Otras situaciones de la vida cotidiana también nos discrimina. Pero mi silla de ruedas eléctricas y yo vamos juntos a todos los sitios, ya dije que somos inseparables, donde no cabe uno no cabe el otro, ni ganas. Juntos soportamos esta discriminación continua, este déficit de ciudadanía que sufrimos. Aquí permaneceremos en el corredor de la discriminación, pero sin permitir que nos mandes al corredor de la muerte, sin dejarnos ejecutar en la silla eléctrica, al menos en mi silla de ruedas eléctrica.
Comentarios:
chauuuuuuuu
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Ismael Lloréns Santamaría
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