Después del absoluto desastre del film de 2004 sobre el Castigador en el que se vio deambular a John Travolta con un peinado muy poco afortunado perpetrando el papel de más malo que la carne de pescuezo, la valentía humana a veces no parece tener límite y llega a nuestras retinas Punisher War Zone, sin recontar lo ya (mal) contado, un acierto desde mi punto de vista, ni continuar el tema donde se quedó, desmarcándose así del estropicio anterior sin ignorar que existe. Semejante ataque de osadía creadora, y ante los resultados en las taquillas estadounidenses, donde la cinta ha resultado un verdadero fiasco con pérdidas millonarias, no ha sido secundada por las distribuidoras y el miedito que provoca un posible descalabro mundial ha hecho que las nuevas aventuras de Frank Castle (Paco Castillo para hispanos con confianza) se estrenen directamente en DVD.
Desde casi más tiempo del que soy capaz de recordar he sido seguidor del no siempre reconocido arte de la viñeta, y es por ello que al verlo mezclado con mi otra gran afición, que, como habrán podido imaginar, no es otra que el cine, suele despertar en mí cierto entusiasmo que me ablanda a la hora de juzgar cada película de superhéroes. También me congratula el salto de calidad que en los últimos años han dado los guiones de este tipo de adaptaciones a la gran pantalla de personajes enmascarados o sucedáneos, tomando al fin en serio un tipo de cine que empezó siendo mero entretenimiento para fans, y desembocando en obras que empiezan a sonar como cine y no como algo ridículo; mucha culpa de ello tienen los Nolan, Raimi y Synger de turno. Pero cuando un proyecto se concibe mal y nace peor hay que decirlo, con toda la tristeza en mi caso, y al igual que flaco favor le han hecho al pseudogénero superheróico desastres como Elektra o The Punisher, en el tema que nos atañe, el tirón popular del miembro más famoso de los X-Men no ha sido suficiente para que salga algo correcto sin hacerle el mínimo caso al guión, parte fundamental de todo proyecto cinematográfico, aunque últimamente se cotice a la baja.
Siempre he dicho que lo mejor que te puede ocurrir cuando ves una película es que ésta te haga sentir cosas, que mueva tu interior; sin embargo, si lo que te viene a la cabeza tras escasos ochenta minutos de letargo es que te sientes identificado con el pescado recién atrapado en la red (boqueando por falta de aire como ellos y todo), pues no creo que tenga mucho que ver con lo que yo definía, aunque técnicamente también sea (y tanto) “sentir algo”.
Realizar una adaptación del que ha sido catalogado muchas veces como mejor cómic del siglo XX es una arriesgadísima tarea, y lo es por varios motivos. A semejante reto ha respondido bastante bien Zack Snyder, el mismo que rompiera moldes creando con 300 un nuevo estilo de ver el cine, y cambia ahora radicalmente de tercio para recrear la novela gráfica de Alan Moore (que se ha negado a que su nombre aparezca en los créditos, al considerar que el gran trabajo de su vida no es adaptable al cine); la cinta es prácticamente un calco-homenaje a las viñetas de las que salió, y por ello ambas obras van irremediablemente de la mano.
Por Fandecine
Hace pocos días fui a ver The Spirit, sobre la cual dejaremos las críticas porque el blog ya se habrá hecho eco de ella. Resumiré la experiencia en que, asustada como iba por las críticas negativas, llegué a disfrutar una película que ante la inevitable comparación con Sin City sale perdiendo sin duda, pero que sin embargo me resultó bastante entretenida… La cuestión es que a la salida, ya que había entrado con prisas, reparé en un cartel publicitario de Watchmen, y pensé que ojalá no le suceda lo contrario que a la "simpática" Spirit (entiéndase por ello no únicamente que tenga golpes de humor sino que –o eso creo yo- no se toma demasiado en serio a sí misma, cosa que tal vez hayan tratado de hacer sus críticos) y las buenas expectativas (pues por lo que ya hemos podido ver parece una fiel adaptación con una excelente estética, lo cual sólo puede resultar en principio en una gran obra), de tantas como son, no nos defrauden después… Sería una lástima, ya que el cómic es uno de los más notables que he leído, absorbente, intrigante, original, emotivo… Y de él, y de otros parientes y familiares en cuanto al tono de realismo quería precisamente hablar hoy.
Frank Miller es el indiscutible “Señor de la noche” del mundo del cómic, y su leyenda va mucho más allá de la su genial labor al servicio de Batman, ya que títulos como Sin City o Ronin, además de la larga etapa a los mandos de la serie regular de Daredevil subrayan que sobre cualquier elogio. Conseguido todo en el mundo de la viñeta, y a pesar de reconocerse detractor de las adaptaciones cinematográficas, Robert Rodriguez le convenció para que codirigiera la adaptación de la mencionada Sin City, y ahora el propio Miller debuta en solitario plasmando en la gran pantalla The Spirit, la creación de su amigo Will Eisner.
Por León Ocaña
Era un desapacible día de noviembre y los milicianos habían vuelto a tomar el pueblo. El frío se atrincheraba en pies y manos hasta adormecerlos de dolor, y el cielo se tornaba aquella mañana de un gris plomizo que parecía barruntar los peores presagios a unos vecinos agotados de luchar por sus vidas en la pesadilla fratricida que los malos tiempos les obligaban a vivir.
Por Daniel Vicente
La gente imagina un duende como algo bueno. Un hombrecito que viste con vivos colores, gorro puntiagudo y pasea feliz por campos y casas, siempre tímido y evitando el ser descubierto por nuestros ojos, los de los humanos.
Pero a mí no me gustan los duendes. No me gustan. En absoluto.
Por Daniel Vicente
El miércoles falleció Michael Crichton, el autor de la que es una de mis novelas favoritas: El Gran Robo del Tren. Su "ópera prima".
Este escritor neoyorquino no será recordado, me temo, como lo que es: un novelista. Su influencia tanto en la televisión como, especialmente, en el cine, es especialmente importante.
Si te consideras un escritor que se precie, de los de verdad, de esos que venden libros y todo, e incluso algunas veces hasta los firman en la Fnac o El Corte Inglés de turno, si le tienes aprecio a tu carrera de juntaletras y quieres triunfar con ello, no dudarás en ilustrar la introducción “Sobre el autor” con una fotografía en la que, de manera completamente espontánea y natural, aparezcas apoyando el mentón de manera reflexivo-intelectual sobre la mano; también se admitirá como variante, más natural si cabe, el descanso de la cabeza con la manita en la mejilla. Para obtener un ejemplo, sólo hay que repasar las obras de los que cortan el bacalao –lo escriben, mejor dicho- del panorama literario actual. Y digo panorama y actual porque no es costumbre hispana, sino mundial, esa de la dichosa pose fotocopiada, y porque no me imagino una recopilación de la antología de Quevedo acompañada de un dibujo del autor posando de aquella manera, previo leerse lo del hombre a una nariz pegado.
El panorama de actualidad está más lleno que nunca de proyectos salidos del cómic; está claro que vivimos inmersos en una época que la moda y la técnica precipita al menos dos o tres cada año. Que disfruten los fans de las que salgan bien y destripen las menos afortunadas. Ahí os dejo pequeños avances de lo que se aproxima.
Tras unos instantes deliberando he llegado a la conclusión de que la mejor palabra (y la primera que se me vino a la cabeza) para definir esta película es "trepidante". El exitoso cómic homónimo de Mark Millar y J.G. Jones inspira (y sólo inspira) el trabajo del realizador ruso Timur Bekmambetov (Guardianes del día, Guardianes de la noche), que está basado en puro espectáculo visual y sonoro de comer palomitas mientras no se quita la vista de la pantalla (cuanto más grande, mejor) ni un instante.
Sábado, 21 de noviembre
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Juan Fernandez Krohn
Siro López
Marie-José Martin Delic Karavelic
Juan Luis Recio
Julián Moreno Mestre
Ángel Sáez García
Carlos Ferrer
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora