Procuro no ser demasiado ingenuo cuando voy a ver una película de tipo “espectáculo gratuito”, y prepararme con palomitas y poco espíritu exigente, porque parto de la base de que el cine es un invento para el disfrute humano, y a veces no se busca profundidad al tema, sino un rato de evasión. Por ello no me parece muy saludable ver una película con la motosierra preparada y con espumarajos en la boca antes de entrar en la sala. Sin embargo, tampoco soy de los que salvan una producción por el simple (nunca mejor dicho) hecho de que tenga unos efectos especiales que satisfagan las retinas, porque me perece una involución del cine por la que no pienso pasar. Dicho esto, y en resumidas cuentas, quede claro que no veo cine de acción con malévolas intenciones críticas, soy bastante “permisivo”, y nada más que le exijo cualquier cosa que me dé una excusa medianamente válida para disfrutar del show. Después de dejar bien claro al personal de qué pie cojeo, afirmo con rotundidad que la última en cartel de catástrofes naturales es eso mismo: un desastre.
Estruendosa y técnicamente infalible, la pirotecnia a la que nos somete Roland Emmerich resulta tan fascinante que lo complicado es precisamente lo que logra: que no nos creamos ni un solo segundo que a los protagonistas puede ocurrirles algo malo (y ya tiene delito el asunto, porque repito que en el terreno visual no se le puede poner ni un solo pero).
Pero si algo caracteriza a Emmerich no es la credibilidad de lo que rueda, sino las destrucciones con mucho ruido y un tufo patriotero-descerebrado a lo Independence Day (recordemos que esta “maravilla” del séptimo arte también fue perpetrada por él) que se huele algo más camuflado pero con la misma intensidad en 2012.
Olvídense por completo de toda la parafernalia de los mayas y demás que hayan oído o leído en las promociones, porque la idea es mucho más simple para un guión hueco como la sesera de los que piensan que el libreto es lo de menos cuando se entretiene al espectador con lucecitas de colores y mucho pim pam pum. El motivo de la puesta en escena es pura excusa barata, ya que argumentar científicamente que el mundo acabe un día concreto a una hora determinada (exactitud al poder), o cuántos segundos te quedan de vida es sencillamente un insulto a cualquier mente (iba a decir científica, pero omito lo último).
Eso sí, el dinero que parecen no invertir en coherencia lo gastan en un reparto de lujo, encabezado por John Cusack, un actor tan genial como capaz de meterse en proyectos como este, también acompañado en la empresa por conocidos nombres como Danny Glover (precisamente Arma Letal, saga que le dio todo, es un claro ejemplo de cine de palomitas del bueno), Woody Harrelson (en un papel agradecido pero efímero), Oliver Platt o Thandie Newton. Ninguno de ellos logra dar un ápice de credibilidad al asunto.
Moraleja: los héroes con traje y corbata no cuelan, el ruido no nos deja ciegos, la ridiculez cada día vende más y la verborrea de diálogos ilimitados no hace que estos tengan más sentido. Lo mejor: la frase del cartel anunciador, que reza “estábamos advertidos” (y aun así, nos la tragamos). Me pongo con esta cinta un “post-it mental” que dice con letras fluorescentes “no vuelvas a ver una película de Roland Emmerich, porque sus fundamentos grandilocuentes y bocazas no tienen arreglo”.
Dirección: Roland Emmerich. Duración: 158 min. Intérpretes: Interpretes: John Cusack (Jackson Curtis), Chiwetel Ejiofor (Adrian Helmsley), Amanda Peet (Kate Curtis), Oliver Platt (Carl Anheuser), Thandie Newton (Laura Wilson), Danny Glover (presidente Thomas Wilson), Woody Harrelson (Charlie Frost), Morgan Lily (Lilly Curtis), Liam James (Noah Curtis), Tom McCarthy (Gordon). Guión: Roland Emmerich y Harald Kloser. Música: Harald Kloser y Thomas Wander. Fotografía: Dean Semler. Montaje: David Brenner y Peter S. Elliot.
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fandecine:
Tu última frase resume la carrera de este actor.
Yo esta no la vería ni aunque me pagaran, tiene pinta de ser una auténtica castaña... A mí también me gusta el prota, pero es obvio que todos los actores hacen bodrios de vez en cuando para pagar facturas y poderse meter luego a hacer pelis independientes una temporada si quieren... :)
Capitán Daniels:
Si es que nos lo dicen en la cara...
La reseña es buena, pero lo del cartel y el "estábamos advertidos" me ha hecho soltar una carcajada.
Genial.
Galax Pictures:
Para ser un maestro del tono patriotero no hace falta ser nacido en USA, eso está más que comprobado en el día a día; además, este tipo está encantado de conectar con ese gran público que adora estas payasadas...
Visualmente poderosa, estoy contigo, pero narrativamente la considero un ladrillo, en eso discrepamos, amigo. Un saludo.
Lo del tono patriotero de Emmerich es algo muy curioso teniendo en cuenta que es alemán, y que empezó su carrera cinematográfica en su país natal. Podría haber sido una gran película si hubiese tenido un buen guión. Creo que visualmente es impresionante y narrativamente tiene buen ritmo. Quizá si Emmerich se limitara a dirigir y dejase la escritura del guión en manos de otros, el resultado hubiera sido otro. Aun así a mí me gustó, desde luego más que 10000.
Saludos,
http://gp-cine.blogspot.com/2009/11/esto-se-acaba.html
Hay que tener valor para verla. Muy bueno lo del cartel, jejeje.
El director y todo lo que hace es kk de la vaca.
José:
Y encima nos metemos a verla. Si es que somos masocas...
Lo mejor es la frase del poster, que casi parece el título de tu post: estábamos advertidos.
Frase del día:
"Se te ha evaluado, se te ha medido y finalmente no has dado la talla".
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