Sin mucho que llevarme a las retinas en la cartelera actual, esta semana he decidido no dejar escapar El secreto de sus ojos, que sobrevive en algunos cines, y que estaba a punto de perderme. Semejante estupidez por mi parte habría supuesto no comprender por qué había sonado para representar a España en los Oscar de Hollywood, y su selección natural por Argentina (se trata de una coproducción de ambos países) con el mismo fin festivo-glamouroso.
Como muy bien asegura el comienzo de esta cinta con frescas intenciones, se trata de una (algo) atípica historia de chico conoce a chica. Él es tierno y entrañablemente frágil, y el flechazo lo atraviesa de inmediato; ella, secretaria de su jefe, mucho más pragmática, tiene en muy baja estima la palabra amor y todo lo que ella conlleva en una sociedad como la que les sirve de hábitat a ambos. Rápidamente surgirá la química, porque ella, a la que pone cara Zooey Deschanel (El incidente, El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford) es bastante… especial, y él (Joseph Gordon-Levitt), absolutamente encantador, de esos que te llevarías a casa sin dudar. Por supuesto, comenzarán una relación, pero ésta será de lo más extraña, porque son dos personas que difieren en sus intenciones, conceptos vitales y, sobre todo, asuntos relacionados con los sentimientos; o al menos, eso parecerá hasta el final…
Con bastante independencia del género al que nos refiramos, el escenario de una película puede simplemente ser el fondo en el que se colocan las piezas del teatrillo cinematográfico (que le pregunten a Woody Allen), o muchísimo más que eso; según lo demande el guión o, sobre todo, la preferencia del realizador (a Michael Mann me remito), podemos decir que en ocasiones son casi seres vivos, parte fundamental de la historia, protagonistas directos de cuanto ocurre. Y hay ciudades y ciudades, claro está: en todo el mundo existen urbes muy vivas que reclaman a gritos el foco de atención, y si la exitosa París, je t’aime rinde pleitesía a la capital francesa y dicen que europea, no podía tardar demasiado su versión americana.
Recomiendo a todo aquel que tenga un mínimo interés por esta película que no haga ningún caso a la multitud de opiniones autorizadas, algunas de ellas interesadas en el éxito de la empresa, otras cargadas con grandes dosis de veneno malintencionado y envidioso, y muchas simplemente no coincidentes con aquello que pueda acariciar nuestros intereses cinéfilos. Esta obviedad se hace especialmente notoria en un trabajo complicado y de difícil disección como la última producción de Alejandro Amenábar, que será injustamente recordada como la película española más cara de la historia (con la no nada desdeñable cifra de cincuenta millones de euros, aunque aún modesta para lo que se baraja en Estados Unidos en su género). Amenábar ha fusionado su pasión por la filosofía y la astronomía con una ambientación incontestablemente ambiciosa, lo que se transforma en publicidad gratuita y presión añadida para el autor.
Por Daniel Vicente
Jaume Balagueró y Paco Plaza vuelven a llevarnos al opresivo edificio de la Rambla de Cataluña para dar forma a REC2, la secuela de la que está considerada como una de las mejores películas de terror (y me atrevo a decir que del cine internacional) de los últimos tiempos.
Su novedoso formato, ‘cámara en mano’, y un buen juego de luces y sombras, unido a un maquillaje sobresaliente, convirtieron a este film de bajo presupuesto en una de las ‘bombas’ del 2007.
En la película original, una reportera, Ángela (Manuela Velasco) acompañada por su cámara, Pablo, realizan un reportaje sobre un parque de bomberos cuando una llamada anónima en medio de la noche les lleva al inmueble en donde se desatará el infierno.
REC nos dejó con una última y brillante escena de pesadilla en el claustrofóbico ático, con un nuevo icono para nuestras noches en vela, la niña Medeiros (interpretada por Javier Botet, cuya particular fisionomía le ha puesto en el punto de mira de todos los directores de cine de terror del mundo) pululando a sus anchas en un edificio infectado de zombies.
Con semejante nombre uno se siente tentado de titular estas líneas con algo como “la cosa funciona”, “sí que funciona”, “va como la seda”, o algo así, pero justo antes de teclear aparece en tu mente la cara del protagonista de esta historia (una mezcla de Woody Allen y el doctor House, con cojera y todo) llamándote gusano submental que eructa tópicos porque su tragedia de cerebro no le da para otra cosa. “Principio de incertidumbre” tampoco se puede decir que sea el ejemplo de la excelencia en el terreno de la originalidad, pero seguramente es el elemento que define la idea central de este enredo amoroso, existencial, y muy divertido. El propio transcurso de la acción nos explica que dicho principio es cuando en un experimento, el observador modifica el resultado del mismo, y a fin de cuentas es lo que hacemos constante con los demás y viceversa: deliberada o arbitrariamente, alterar sus vidas.
Jueves, 16 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio