El estupendo trabajo del todoterreno Ed Harris, veterano en esto del cine, detrás y, sobre todo, delante de la cámara, bien podría catalogarse como “octogonal”, si me permiten el símil geométrico: aparentemente y vista desde lejos se trata de una película redonda, pero si observamos detenidamente podremos ver los vértices. A un resultado visualmente potente, con personalidad y repaso a casi todo lo bueno que tiene el género del western de toda la vida hay que unir como poderosa credencial a un reparto con nombres que lo dicen todo, como el propio Ed Harris, Viggo Mortensen -cada minuto que pasa, mejor actor- o Jeremy Irons. En contra de todo lo (mucho) bueno del film, y con el microscopio en la mano, hay que mencionar que una revisión tan exhaustiva del género, en cuyo guión podemos ver desfilar todos y cada uno de sus clichés argumentales, puede restar veracidad y seriedad, de manera que no se pueda comparar con ya grandes leyendas del oeste como Duelo al sol o Sin perdón, aunque sean ambas obras los cristales de las gafas con las que mira un Ed Harris en plena forma creativa. Y es que no es el gran Clint Eastwood la única prueba viviente de que los buenos actores con tanta experiencia tienen mucho que decir tras la cámara.
Por Andrés Pons
SINOPSIS
En el HOOLLYWOOD de los años 20 un especialista sufre un grave accidente que lo deja paralítico. En el hospital forja amistad con una niña a la que le cuenta una gran historia. Remake del desconocido filme búlgaro "Yo Ho Ho" (1981), de Zako Heskija.
El archifamoso agente al servicio de Su Majestad comenzó en Casino Royale a reinventarse y adaptar su perfil a los nuevos tiempos (siguiendo la estela exitosa de Jason Bourne) con la imagen de Daniel Craig y los guiones supervisados por el talentoso Paul Haggis; su nueva faceta más ruda y brutal era atractiva y no estaba reñida con la elegancia histórica del personaje: era una evolución inteligente, un evitar el estancamiento, un lifting de espíritu para seguir siendo protagonista en la historia más actual del cine.
Por Daniel Vicente
La gente imagina un duende como algo bueno. Un hombrecito que viste con vivos colores, gorro puntiagudo y pasea feliz por campos y casas, siempre tímido y evitando el ser descubierto por nuestros ojos, los de los humanos.
Pero a mí no me gustan los duendes. No me gustan. En absoluto.
La primera entrega de la que a la postre se convertiría en una de las sagas más famosas del cine de terror fue todo un hallazgo, por su originalidad e ingenio. A nivel personal supuso, además, una de mis primeras publicaciones por estos lares, por lo que, poco a poco y casi sin pretenderlo, escribir sobre cada una de las secuelas de Saw se ha ido convirtiendo en una pequeña broma sentimental conmigo mismo. Es por ello que me he ido molestando en verlas, porque desde que rompió moldes y taquillas la mente perversa del inquietante asesino, el interés de sus andanzas ha ido cayendo en picado y sin remisión, aportando cada vez menos, hasta llegar a la nada más vacía de contenido, fundamentado en estética gore o rizar rizos ya inverosímilmente rizados.
Por Fandecine
Así estoy, de verdad, al ver la cartelera casi cada semana. Es que quema mucho la sarta de títulos idiotas que se les pone a las comedias estadounidenses en nuestro país para que supuestamente suenen más graciosas y atraigan a más público. Siempre me han parecido muy chorras los títulos esos que incluyen palabras como gorda, pringados, fumaos y otras por el estilo, que normalmente no tienen nada que ver con los originales.
Por Daniel Vicente
Poco se comenta de este estreno. De hecho me he llevado una sorpresa, una grata sorpresa, al encontrarme con el cartel de la película.
Henry Selick, director de la afamada Pesadilla antes de Navidad (Nightmare before Christmas), tiene listo y preparado su próximo proyecto: Coraline, que se podría estrenar en febrero de 2009.
Ridley Scott es uno de esos afortunados realizadores que están acostumbrados a amortizar bastante bien los proyectos en los que se embarcan, y prueba de ello es American Gangster, ignorada por la Academia, y triunfadora en las taquillas del año pasado. Sin embargo, con Red de mentiras se está enfrentando a lo que en los últimos tiempos no conoce, puesto que no ha tenido la acogida esperada por parte del espectador, sobre todo en Estados Unidos. Es muy probable que se deba a que el tema del terrorismo islámico esté ya tan visto y tan trillado que la gente no se mete en el cine para ver lo que ya tiene en dosis más que indigestas vía medios de comunicación diarios. Además, el estilo pretendidamente realista del film, por mucho que luzca el buen hacer de Scott tras las cámaras, refuerza que esa idea de “nada que no tengamos ya visto y de lo que, dicho sea de paso, estamos hartos” planee por los cerebros de los que tienen que pagar una entrada por algo que creen que les va a hacer pasar un rato de desconexión y entretenimiento.
Por Daniel Vicente
El miércoles falleció Michael Crichton, el autor de la que es una de mis novelas favoritas: El Gran Robo del Tren. Su "ópera prima".
Este escritor neoyorquino no será recordado, me temo, como lo que es: un novelista. Su influencia tanto en la televisión como, especialmente, en el cine, es especialmente importante.
Por Andrés Pons
SINOPSIS
Cuatro mujeres malviven con pequeños atracos, la hermana de una de ellas se casa con un peligroso capo mexicano. Tras ser brutalmente agredida por este, su hermana y compañeras trazan un plan para vengarse.
El director es el alma de cualquier producción pero, para bien o para mal, no es el que manda si no es a la vez el que desempeña la función de tipo en la sombra que pone la pasta (caso de Almodóvar con sus películas). Y el productor que no mete la zarpa en la película que está financiando es porque tiene la sensatez de dejar trabajar a aquellos que fueron designados para ello (generalmente por el susodicho productor).
Sábado, 2 de junio
Chris Gonzalez -Mora
Juan Luis Recio
Julio César Izquierdo
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver
Carlos Juan Gómez Martín