Desde que revolución informática y cine se convirtieron en una sola cosa, las películas de superhéroes nos han amenizado, sorprendido, aburrido o saturado casi a partes iguales. El número de personajes salidos de las viñetas va cada año en aumento, y hacen las delicias de fans de igual forma que, cuando no alcanzan expectativas, se repiten más que las asaduras. Y la cosa no queda en un único proyecto, no, sino que se exprime con distintas entregas hasta que la audiencia baja de manera significativa, y a otra máscara con la que empezar de nuevo. Ello demuestra que el nivel del sello es lo de menos, y lo que más importa es el dinero que se pueda sacar de él. Con todo, algunas buenas excepciones se pueden extrapolar, y los “comiqueros” podemos disfrutar con algunas adaptaciones que convertir en películas de culto (somos así de mitómanos).
Más bien tirando a poca la trascendencia de una gala de los Oscars que no será recordada por sus anécdotas, ni por su despliegue de infraestructura o sus catastróficas actuaciones musicales interpretando las no menos catastróficas nominadas a la mejor canción.
Si algo se puede destacar, además de los laureles a los hermanos Coen con los premios gordos a Mejor dirección y película, es que la huelga de guionistas ha hecho peligrar el show y que, más que nunca, éste ha sido el año del Viejo Continente: así, tenemos categorías copadas por europeos como Mejor corto (Bélgica), Mejor película de habla no inglesa para Los falsificadores (Austria), Mejor maquillaje (Francia), y las británicas Mejor corto de animación, Mejor canción y Mejor banda sonora. Pero, sobre todo, Europa se lleva la palma a nivel interpretativo, con la escocesa Tilda Swinton (Michael Clayton) como mejor actriz de reparto, la francesa Marion Cotillard (La vida en rosa) como actriz principal, el inglés Daniel Day-Lewis (Pozos de ambición) como actor principal, y… ¡Javier Bardem! como mejor actor de reparto por su papel de más malo que un dolor de muelas en No es país para viejos, la gran triunfadora de la noche.
Después de abrir boca el pasado post con datos obligados para conocer mejor a tito Oscar, entremos en terrenos más anecdóticos...
Ya que tenemos subida a la chepa la ceremonia de los Oscars, y que en el mundo del cine no se habla de otra cosa que no sean nominaciones y alfombras rojas, pues nos sumaremos al club (qué remedio). Pero como ya he hablado suficiente de las mediocres propuestas de este año, voy a dedicarle mi atención al verdadero protagonista de la fiesta: tito Oscar.
Los hermanos Coen realizan por primera vez un trabajo que no está basado en un guión original de ellos mismos, y el resultado es una cinta que destila lirismo melancólico y una madurez que encaja a la perfección con el talento fílmico y el genuino estilo (del que no se aleja esta obra) de los realizadores “siameses”. Tenemos ante nuestros ojos una historia reflexiva y excesivamente pesimista sobre hombres sin escrúpulos y el agotamiento moral de aquellos ilusos que sí tienen conciencia. Se trata, en realidad, de un retrato caricaturesco de la naturaleza humana según el punto de vista de dos indiscutibles artistas. No en vano han recibido el aplauso unánime de todos los consumidores, profesionales o no -siempre me resisto a mencionar la pedantería inexacta del “aplauso de crítica y público”-.
En sí, “cine español” no es ningún género, sino una denominación de origen, y quiero aclarar que no despierta en mí ninguna aversión terrible que desemboque en urticaria grave y congestión nasal. En otras palabras, que no odio al cine que se hace en España, sino sólo al mal cine que aquí se fabrica. Y también me espanta la sobreprotección patria de una película cuando no se lo merece, porque “defender la cultura” es un argumento demasiado usado como arma arrojadiza, y al final va a resultar que paguen justos por pecadores con aquello de “que viene el lobo”. Lo que hay que fomentar es a la cantera cinematográfica y premiar al buen trabajo, apostar más por las escuelas de cine y politizar menos pretendiendo adueñarse de la cultura que, como siempre digo, no es patrimonio exclusivo de nadie. Y la realidad es que el nivel medio de calidad de las películas españolas es alarmantemente bajo, y ya pueden patalear lo que quieran, que el único argumento posible que se puede utilizar no es la palabrería, sino que uno salga del cine con esa felicidad que sólo te aporta haber visto una gran historia.
Por Andrés Pons
Título original There Will Be Blood
Año 2007
Duración 158 min.
País EEUU
Director Paul Thomas Anderson
Guión Paul Thomas Anderson (Novela: Upton Sinclair) Música Jonny Greenwood
Fotografía Robert Elswit
Reparto Daniel Day-Lewis, Paul Dano, Kevin J. O'Connor, Ciarán Hinds, Russell Harvard.
Productora Miramax Films Paramount Pictures
Web oficial http://www.paramountvantage.com/blood/
SINOPSIS
Descenso a los infiernos de un magnate del petróleo enfrentado por las tierras a un joven predicador.
Por Daniel Vicente
"Si lo sé no vengo". Gran programa de televisión de mis años mozos, y que viene a cuento con, y valga la rebuznancia, esta película de horroroso nombre.
En compañía de los amigos fui al cine, todos bastante interesados en un filme muy bien vendido por, cómo no, J. J. Abrams, responsable de series de renombre como Alias y Perdidos, productor y titiritero para este caso del director Matt Reeves.
Siempre me ha fascinado el escenario helado en el cine, por el ambiente irreal y mágico, y por lo extremo que debe de ser llevar una vida que se acerque a la normalidad. Y, además, están los hermosos paisajes. Pero claro, si a lo complicado de las condiciones naturales de Barrow, la ciudad de Alaska más septentrional que existe, le añadimos el ataque de vampiros salvajes e inteligentes que, aprovechando los treinta días que dura allí la noche en pleno invierno, vienen a comerse a todo bicho viviente, pues la cosa ya traspasa las barreras de lo “incómodo”.
Al estilo de Pequeña miss Sunshine el año pasado, esta modesta realización de Jason Reitman (director de Gracias por fumar) se ha colado de puntillas y sin demasiadas expectativas, –pero se ha colado a fin de cuentas– como candidata al Oscar a la mejor película del año. Y no sólo opta al premio gordo de Hollywood, sino que luce también flamantes nominaciones a Mejor guión original, Mejor director y Mejor actriz: casi nada.
No tuvo tampoco este año demasiado de especial la ceremonia de los Goya. Con un Corbacho voluntarioso y mucha, muchísima sobriedad, no pasará a la historia una gala ausente una vez más de glamour y los pesos pesados de nuestro cine, deseando con mucha razón salir pitando hacia otros países para que su trabajo cuaje en prestigio en algunos casos o dinero en otros. El único de renombre que apareció por allí fue Alejandro Amenábar, que entregó el Goya a la mejor película del año para... ¡tachán!, La soledad, una modesta y dicen que lúcida -no he tenido la oportunidad de verla- apuesta del igualmente modesto realizador Jaime Rosales, que se llevó también el premio al mejor director; y todo sin hacer ruido...
Harto de escarbar entre la basura que ofrece la cartelera, me voy a permitir el lujo de hablar de una buena película. Expiación: más allá de la pasión –el “genio” que le ha añadido en español al título el sobrenombre telenovelesco se ha cubierto de gloria– supone, tras su triunfo en los Globos de Oro, la apuesta del cine británico para conquistar el territorio americano de los Oscars. La historia, muy sencillita, por cierto, es la adaptación de la novela de Ian McEwan, y cuenta en la Inglaterra de los años treinta la dramática historia de amor (¿quién dice que las mejores son las de final feliz?) entre Cecilia –la esquelética Keira Knightley, que sólo parece buena actriz a las órdenes de este director–, una joven de clase alta, y Robbie, el hijo del ama de llaves.
Sábado, 2 de junio
José Lozano Galera
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
Julio César Izquierdo
José Pómez
Julián Moreno Mestre
Manuel María Ventura
Juan Granados
Patricio Peñalver