Por Daniel Vicente
Darío nunca fue impuntual.
Hasta ese momento.
Quería que todos sus compañeros estuvieran sentados en sus puestos y lo consiguió.
El portero fue el más fácil de todos, ya que no se lo esperaba, y cuando lo vio caer desplomado se sorprendió al no sentir ninguna clase de remordimiento, y eso que alguna que otra vez habían comentado éste o aquél resultado de la liga como protocolario saludo. El Madrid no da una, decía uno. Y que lo digas contestaba el otro. Era su record de palabras en una conversación.
Al llegar al ascensor sintió un placer incomparable. Siempre había odiado los incómodos silencios y las charlas intrascendentes que tanto le sacaban de sus casillas, por lo que al empujar los dos cuerpos más allá de la puerta sonrió con alegría.
Mientras oía la musiquita insípida, revisó el equipo a la vez que hacía cuentas. También aprovechó para echar un vistazo a la foto de Flavia y los chicos, a las que les deseó lo mejor mientras besaba la imagen.
Al abrirse la compuerta salió con decisión.
Se encontró con todo tipo de rostros:
asustados, sorprendidos, incrédulos y hasta enfadados, y no dudó en ir abatiéndolos.
Muchos fueron los que lograron huir, y Darío se alegró por varios de ellos. A los que tenía en su lista negra los persiguió hasta que no le quedó duda alguna de que no se moverían jamás.
Cruzó un pasillo donde se topó con dos chicos y una chica que a buen seguro habrían lamentado, de sobrevivir, el no haber estado encerrados en el baño en ese instante, y tras cruzar varias estancias llegó por fin al despacho del director.
Le sorprendió que todavía estuviera allí, sentado mientras hablaba alegremente por el teléfono e ignoraba el piloto rojo que le avisaba lo que estaba ocurriendo en el edificio.
Darío no quiso esperar mucho, no tenía ganas de ensañarse, y fue tan preciso que seguramente su víctima ni lo habría notado.
Ya finalizado el trabajo, volvió a la puerta principal, interesado por la imagen desolada de la oficina, con un sinfín de papeles tirados por doquier, mientras algún cuerpo asomaba detrás de una mesa o en la misma silla donde hace pocos minutos tecleaba aburrido.
Al salir a la calle respiró aire profundamente, y cuando los policías lo acribillaron no hizo el gesto de devolver los disparos en ningún momento.
Al fin y al cabo ellos no tenían la culpa.
Los comentarios para este post están cerrados.
Dani:
Y lo has expresado perfectamente, en mi modesta opinión.
Santiago:
Esta vez discrepo. Precisamente que la gente se hace cargo y se pone en situación es la gracia, también para mi gusto, del relato. En lo que sí estamos de acuerdo es en lo de que evidentemente, estamos hablando de ficción simple y llanamente.
Un saludo para ambos.
Resulta lo más fácil del mundo el comentar que 'cómo se le puede ocurrir a alguien cometer una masacre de éstas'. Ahora bien pocos piensan en lo que se puede atormentar y amargar a una persona para que caiga en una desesperación tan grande. Pero vamos que no hay que ponerse trascendentes que todo esto es pura ficción, como la vida misma.
Cierto es que el relato es un poco morboso, con un tema bastante desagradable.
He intentando escribirlo sin entrar en demasiados detalles, poniéndome de parte de todos aquellos que terminan fuera de sus casillas en un trabajo que supone un tormento diario y que echan a volar la imaginación.
Un saludo.
no, no seré yo quien os acuse de violentos, ya me imagino que el autor no haría eso tampoco, son las ganas que le entran a uno a veces... aunque de hecho, sí hay gente capaz y que lo hace, por desgracia...
No han tenido bastante con tres. Mientras dure el tirón...
Miedo, miedito, miedo.
Pinchar AQUÍ.
ruso:
Juarjuarjuarjuar. La de Melendi ha sido de las mejores que te he leido. Sigues siendo un crack.
Dani:
Gracias a tí por compartirte un poco con nosotros.
Quería darle las gracias a Juan por cederme un hueco en su espacio, como siempre que me animo a mandarle algo.
Y también agradecerle su cable a la hora de elegir el título, mi 'talón de aquiles'.
Un saludo a todos desde ultramar.
Di que si mahamadu, llegue incluso a comprarme un juego de bandas criminales solo por el placer de asesinar a Melendi.
fandecine:
Evidentemente, estamos hablando en alegoria, leñe. No nos vayan a acusar después de violentos.
mahamadu:
Muy agudo lo de los videojuegos...
Halaaaaaaaaaa. Muy bueno, jejeje. Anda que no me acuerdo yo de mis jefes... Para eso se inventaron los juegos de ordenador violentos, para desahogarse con lo que está feo hacer de verdad :P
Le pongo perfectamente a Michael Douglas la jeta del tio este. Muy bien pillada la frase, ya lo creo.
buena la frase, yo también me he acordado de esa peli leyéndolo... no está nada mal, aunque desde luego no me identifico (verdad que hay gente que te enerva por doquier, pero amos que no estoy yo por la labor de una matanza indiscriminada...)
Ahí os dejo otra generosa colaboración de Dani. Espero que, identificados o no, os guste. Un saludo.
Echadle un vistazo a Una verdad rentable...
Frase del día:
"Toma lecciones de tiro, mamón".
Michael Douglas en Un día de furia.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio