Un lugar en ninguna parte
Es muy frecuente el hecho de tener idealizada una película que viste hace mucho, que con el paso de los años te replantees por qué narices te gustaba, y que ahora te resulte imposible de digerir. Sonríes nostálgico y te avergüenzas del pavo que tenías encima en tus años mozos para que te calara semejante pastelón, o aquella sobredosis de acción con protagonistas hasta las cejas de esteroides y la expresividad de una estatua de cera.
Vi por primera vez Un lugar en ninguna parte, del gran artesano Sidney Lumet (Serpico, Asesinato en el Orient Express, El abogado del diablo) cuando no era más que un crío, y se convirtió en una de mis obras-fetiche, muchas de las cuales he ido repudiando por sensatez o vergüenza torera con la edad. Hacía años que me apetecía volver a verla, con la misma intensidad que temía encontrarme con la fría realidad y descubrir una cinta diferente a lo que recordaba; y al fin, el otro día cayó en mis manos.
Ahora puedo decir satisfecho que allí seguía el guión del que me enamoré –ganador de un Globo de Oro y nominado al Oscar, pero yo por aquel entonces era muy desconocedor de todo aquello-. Rechinaban vestuarios y cardados de pelo ochenteros, pero me volvió a atrapar la historia de una pareja de idealistas que cometieron un error de juventud en forma de bomba en un laboratorio, que pretendía destruir el origen del napalm que se utilizaba en Vietnam a modo de protesta. Sin embargo, todo se les complicó cuando se enteraron de que un conserje que no debía haber estado allí quedó ciego como secuela de sus irresponsables actos. El resultado de todo esto ha sido vivir desde entonces (más de una década) como proscritos, perseguidos por el FBI y cambiando de identidad y de residencia, de vida a fin de cuentas, cada pocos meses. Tienen dos hijos en común y no piensan pagar su deuda con la sociedad hasta que éstos no dejen de necesitarlos.
Ironías del brillante guión, precisamente son esos dos hijos los que más sufren las consecuencias de aquello de lo que ninguna culpa tienen; y es el mayor, de 17 años, encarnado por el malogrado (con sólo 23 años: cochina droga), y automáticamente mitificado, River Phoenix, (nominado al Oscar por esta interpretación) el que se convierte el eslabón débil de la cadena, y plantea el problema de no seguir huyendo y dejar de vivir una vida impuesta e irreal, lo que puede alejarle de su familia para siempre. Ha encontrado la estabilidad emocional (el personaje de Martha Plimpton se encarga de ello), pretende ir a la universidad y todo ello se hace incompatible con llamarse de una forma distinta cada seis meses en una ciudad también distinta.
El drama de esta familia de prófugos está muy hábilmente filmado, con sencillez y cercanía, sin exceso de cleenex, y con momentos para el recuerdo como el del encuentro de la madre con su padre “el cerdo capitalista” tras catorce años sin verse, o el estupendo final que me resisto a estropear desde aquí a quien no lo haya disfrutado, aunque adelanto que la escena va de la mano de la estupenda canción de James Taylor "Fire and rain", que está maravillosamente elegida, se repite en alguna otra secuencia memorable y se convierte en bandera de la interesante y emotiva obra.
Así que, como pueden leer, la he vuelto a ver después de tantos años y me he llevado una alegría. El tiempo la ha tratado bien, cosa de lo que no todo ni tampoco todos pueden presumir.
Director: Sidney Lumet. Título original: Running on empty. Fecha: 1988. Duración: 116 min. Intérpretes: Christine Lahti, Judd Hirsch, River Phoenix, Martha Plimpton, Jonas Abry, Ed Crowley, L.M. Kit Carson, Augusta Dabney, Steven Hill. Guión: Naomi Foner. Fotografía: Gerry Fisher. Música: Toni Mottola.
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fandecine:
La informatica te hace a veces esas putadas. Otra vez será. Un saludo y gracias por tu tenaz participación.
Hace mucho que vi esta peli, pero recuerdo que me gustó... (Había escrito un comentario más largo y más chulo pero se me ha jodido al mandarlo y eso da mucha rabia y ya no tengo ganas de volverlo a escribir)
No hay de que. He hecho la referencia porque me ha gustado mucho erl artículo. Es normal que no conocieras el espacio. Bienvenido cuando quieras. Un abrazo
Muchas gracias, Juan, por la referencia al artículo. No conocía el blog, soy un desastre, si no es por Dani no me entero. Enhorabuena y un abrazo
Recomendación del día: Nos os perdáis la interesante asociaión de ideas que hace el compañero Santi Vicente de algo tan aparentemente trivial como la muerte del Capitán América con la situación política mundial.
Enlace AQUÍ
José:
No seré yo el que defienda a los innombrables impresentables de la SGAE...
Un saludo y sigue sin ver la tele, que poco bueno ponen
Espero que no os siente mal(nunca se sabe). Que nadie se ofenda, pero lo mío con el pirateo es obsesivo, vocacional.
Ni veo la tele, vamos.
José:
Está muy entretenida. Te la recomiendo.
Saludos y animo con tu pelea con los de la SGAE...
¡Andá! Pues no la he visto...
Bueno, esperaré a que recompongan los sitios de bajarse pelis (los energúmenos de la SGAE han cerrado elitedivx, estrenosdivx, tododivx y alguno más)
¡Anda! Por ahí abajo ha salido un imitador de Paco Umbral, jejeje.
La peli esta muy bien, la recomiendo yo tambien.
salu2
Ya ves. "Muere joven y deja un BONITO cadáver", que decía aquel...
No entiendo a estos peliculeros que mitifican a los actores por matarse haciendo el burro tipo James Dean o el River Phoenix este.
Eso si, la peli está muy bien
Iván:
Lumet es uno de los grandes maltratados del cine.
Dicho queda lo de tu libro. Aprovecho para decir que me parece bastante interesante todos los entresijos que se deben tratar.
Un saludo, compañero
Hola Carrasco. Qué grande y qué poco reconocido es hoy Lumet.
Igual ya sabes que estoy de promo de mi libro. Aprovecho para que se sepa:
Ya está en la calle el libro ‘CARLOS PUMARES. UN GRITO EN LA NOCHE’.
http://blogs.periodistadigital.com/
cinedigital.php/2007/03/14/
ya_esta_en_la_calle_el_libro_carlos_puma
Gracias por el espacio.
Viernes, 17 de febrero
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Antonio García Fuentes
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio