Ser y vivir hoy

El drama de San Pablo según la psicología

03.11.18 | 12:25. Archivado en Iglesia

El Apóstol de las gentes, en la carta a los Romanos, expone en tono dramático su problema personal que anteriormente escribiera el poeta Ovidio: veo lo mejor, lo apruebo y siglo lo peor. Pero Pablo lo expresa de esta manera: “No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto.(Rom 7.15-19).
La Psicología explica, en parte, el problema de San Pablo (que es religioso con repercusión humana) con el tema de los instintos (conocidos también como impulsos o tendencias) que responden a necesidades humanas, pero que, descontrolados, impulsan a lo contrario de lo que se quiere, a lo que no se debe. Se puede dar otra explicación según la temática del blog, hacia la meta con plenitud: los impulsos –instintos- tienden hacia la meta, la plenitud de la persona, pero, el mismo impulso no dominado conduce a la inmadurez. Ahora bien, si es controlado por la razón y por la virtud correspondiente la persona logra un grado de madurez, se acerca a la meta con plenitud.

El drama de San Pablo, problema de toda persona (Rom 7,15-21)
"No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto”(16) Pablo parece estar en control de su vida pero aún encuentra que se mueve en direcciones inesperadas y no deseadas, debe haber otra fuerza en función detrás del escenario – otro actor, moviendo palancas detrás del telón – invisible pero fuerte. Pablo identifica este otro actor como el pecado. “El pecado se describe como algo que se ha instalado en Pablo. No se trata de un invitado honorado, ni de un inquilino que paga, sino de un ‘intruso,’ que no está ahí legítimamente, y es muy difícil de echar”
Continúa: “Y yo sé que en mí (es á saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo 18. Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago 19. Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el mal que mora en mí 20. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios” (v. 22).
Ya no obro yo, sino el mal (Rom 7,18-20) Versículos 18-20 repiten lo que Pablo dijo en versículos 14-17.
Otra ley que se rebela contra le ley de mi Espíritu (Rom 7,21-23) 21Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí. 22.Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: 23Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros.“Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí” (v. 21). Cuando Pablo habla de la “ley,” está hablando de un principio general, es decir, “hallo este principio general que…” Mientras Pablo quiere hacer bien, encuentra el mal escondido, listo para atracar sus más nobles deseos.
“Antes en esta epístola, Pablo hizo declaraciones sobre la ley del Tora que parecían negativas. El problema, sin embargo, no era la ley sino la debilidad humana revelada al ponerse junto el estándar perfecto de la ley. Ahora, Pablo deja claro que su hombre interior deleita en la ley de Dios (v. 22). Sus palabras hacen pensar de Salmo 19, donde el salmista habla de la ley de Dios como “perfecta, que vuelve el alma” (Salmo 19:7) y “deseables son más que el oro” y “dulces más que miel” (Salmo 19:10). Sus palabras también hacen pensar en Salmo 119:1, donde el salmista dice, “Bienaventurados los perfectos de camino; Los que andan en la ley de Jehová.” En el fondo de su ser, Pablo deleita en la bondad esencial de la ley de Dios – pero v. 23 revela otra cara de la historia.
“Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros” (v. 23). Pablo está consciente de la guerra que ocurre en su interior. La parte de él que ama la ley de Dios está en guerra con la parte que resulta ser “cautivo á la ley del pecado.” Esto se relaciona con v. 15, donde Pablo habló de hacer lo que no quería. El hecho de que la guerra continúe, sin embargo, significa que Pablo no ha sido vencido. Continúa con la lucha – y, en su “hombre interior,” continúa “deleitando en la ley de Dios” (v. 22).
¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro (Rom 7,24-25).
“¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?” (v. 24). “Éste no es un llanto de desesperación, sino más un llanto de frustración; no de desesperación, porque Pablo está seguro de que la plena liberación vendrá (cf. 5:9-10; 6:8; 11:26), sino de frustración – la frustración de querer caminar en novedad de vida (6:4) mientras sigue siendo un hombre de carne y hueso, la frustración de querer servir en novedad del espíritu (7:6) a través de este cuerpo de muerte” ).

Los impulsos, fuerza para el bien y para el mal
Siempre, antes y después de San Pablo, la naturaleza capacita al hombre con impulsos para su desarrollo y así lograr la plenitud-madurez. Y en la misma naturaleza surgen impulsos negativos, contrarios a la meta, a la plenitud. El drama es universal pues en toda persona surge a la vez impulsos positivos y negativos que acosas a la libertad para que opte por uno y abandone el otro.
¿Qué hacer para que el impulse positivo camine hacia la meta o plenitud? Es necesario que en la persona acosada, interpelada, actúe la razón y la voluntad con la respuesta contraria, la positiva, para lograr la madurez-plenitud.
Y así surge el dinamismo completo con estos elementos: la necesidad que interpela, el impulso que responde, la mente que discierne sobre lo que debe hacer y la voluntad que actúa la respuesta positiva para la madurez-plenitud. Pero puede sucede que viendo la mente lo que se debe hacer, la voluntad actúe- opte. el impulso contrario, a la meta, a la inmadurez
La persona se enfrenta a obstáculos pero posee ayudas externas y compromisos espirituales. Ahí radica la lucha o si se quiere el drama que San Pablo vivió desde su concupiscencia, temperamento, conversión, fe y gracia del Señor

Los cinco impulsos y los 7 pecados capitales
S
in detallar la inmensa temática de los instintos o impulsos, sí podemos adelantar un esquema de estas tendencias en toda persona, con las correspondientes tendencias negativas que son los clásicos pecados capitales, temática imprescindible en la ascética cristiana.

1-El impulso-instinto para la alimentación-nutrición
Este instinto-impulso responde a la necesidad de comer, beber y descansar, exigencia necesgaria para la meta de poder subsistir. Pero en su satisfacción no siempre se guarda la moderación. Muchas personas se exceden en la comida, bebida o descanso necesarios; sucumben ante el obstáculo o realización negativa: la-gula que impide la plenitud de la persona. Para adquirir la plenitud en este impulso se requiere como fuerza positiva, la sobriedad.

2-El impulso-instinto de reproducción.
Para el desarrollo de la especie humana, la naturaleza posee el instinto de reproducción acompañado del placer sexual que se realiza en el matrimonio. Esta meta –el desarrollo- tiene exigencias que afronta la virtud de la castidad para la llegar a la meta con plenitud en esta dimensión fundamental. La lujuria es el pecado capital que, como los otros pecados, puede degradar toda la persona humana y cristianamente.
3—El impulso -instinto de conservación
La naturaleza capacita al hombre para que conserve la salud y evite la enfermedad. ¿Cómo? Mediante el impulso de conservación para gozar lo que viene bien al cuerpo y para evitar cualquier sufrimiento. Ahora bien, conseguir esta meta necesita dominar un gran obstáculo, la sed desordenada de gozar y el rechazo del sufrimiento necesario.El impulso negativo se llama pereza. También necesita de otras virtudes como la prudencia,-responsabilidad y diligencia para alcanzar la plenitud aceptando las necesidades y rechazando lo que se oponga a la sobriedad.

4.El impulso de expansión, superación y de poder
Todo ser humano desea su realización personal,(expansión- y el afianzamiento) de su yo ante las tareas y personas. ¿Quién le impulsa a ser más y mejor? El amor propio, gran impulso que bien ordenado conduce a la meta y con la plenitud según posibilidades. Pero este amor propio descontrolado abre las puertas a dos pecados capitales, la soberbia y la -ira que necesitan la moderación de la humildad y de la paciencia
5- El impulso social que desarrolla la dimensión comunitaria
El hombre como animal social necesita desarrollar la dimensión comunitaria y la amistad. Objetivo que puede conseguir gracias al impulso social que empuja al hombre a conseguir la dimensión comunitaria y a poder amar y ser amado. La madurez social es la meta y el gran obstáculo es el egoísmo que se manifiesta de modo más intenso en dos pecados capitales: la avaricia y 7-la envidia. De la misma persona surge como gran medio la praxis del amor de benevolencia.


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