Ser y vivir hoy

DIGNIDAD DE LA PERSONA

07.09.18 | 09:39. Archivado en Iglesia

DIGNIDAD DE LA PERSONA

EL PROTAGONISTA EN SU MUNDO

¿Quién es el culpable de la crisis de valores, de la injusticia social y de una dignidad humana pisoteada en tantos países de la aldea global? ¿En qué consiste la dignidad del varón o mujer, es decir, en el hombre?
La respuesta clarifica la dignidad de la persona, analiza las carencias y valores del mundo actual, profundiza en los factores que influyen en la conducta de quien es víctima y actor de la múltiple crisis. Y como la crisis no es solamente económica sino también ética y religiosa, habrá que tener presente la respuesta humana y cristiana que necesitamos.

1ª ¿Quién soy yo como persona?

Necesitamos conocer y tomar conciencia de nuestra dignidad con sus virtudes, posibilidades y defectos-límites. Al protagonista de la historia, al hombre de ayer y de hoy, siempre le interesó una respuesta sobre su identidad: ¿quién es este protagonista? ¿Qué rasgos fundamentales definen al ser humano? Múltiples son las respuestas, pero si las unimos podemos obtener los rasgos esenciales, los humanos y los cristianos.

Desde la antropología
Tanto el filósofo en general, como el psicólogo, el de las ciencias de la comunicación o de las religiones como el moralista, ofrecen su opinión.
Para el personalismo (Emmanuel Mounier): el hombre es un ser espiritual constituido como tal por una manera de subsistencia y de independencia en su ser.
Según un filósofo del siglo V (Boecio), el núcleo de la persona, con su cuerpo y alma puede definirse como una “sustancia individual de naturaleza racional”.
Desde la psicología: el ser racional consiste en tener conciencia de sí. El hombre es autoconciencia, sabe que sabe.
Para la ética, toda persona es libre y aparece como superior en su ser, con respecto al ser de todos los sensibles es responsable de sus actos.
La moral subraya: el hombre tiene una conciencia que le compromete consigo mismo, con sus semejantes y con el Absoluto.
La sociología contempla al individuo racional asumiendo sus actos con todas las consecuencias ante sí y ante los otros miembros de la comunidad social.
Las ciencias de la comunicación ven a toda persona como un ser para el encuentro. El hombre, por definición, es el ser que busca un tú con quien relacionarse.
En el existencialismo. El hombre se siente como un ser arrojado a la existencia, no puede evitar estar-en-el-mundo y con los demás.
Desde la trascendencia. La persona deja el egocentrismo para instalarse en el altruismo. Siempre aparece el abandono de lo material por algo que lo trasciende. Es la única criatura en el mundo que se formula los interrogantes: ¿por qué vivir, sufrir y morir? ¿Qué hay detrás de la muerte? ¿Puedo y debo tener alguna relación con el Tú divino en esta vida y “en la otra”?
En las religiones. El impulso de trascendencia y el sentimiento religioso capacitan a la persona humana para mantener relaciones con un Absoluto, concretadas en cada religión como Dios Creador, Señor y Padre a quien amar, obedecer y rendir culto.

La fe también ofrece varias respuestas
Según el Vaticano II en la C.P. Gaudium et Spes .
Desde la fe y el seguimiento de Cristo, las perspectivas anteriores quedan enriquecidas por la doctrina conciliar cuando expone:
-al hombre como imagen de Dios (12);
-la realidad del pecado con la división íntima que produce (13);
-la constitución del ser humano como síntesis del universo material (14);
-la naturaleza intelectual de la persona humana que se perfecciona por medio de la sabiduría (15);
-la conciencia como el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios (16);
-la grandeza del hombre por su libertad pero herida por el pecado y necesitada de la gracia de Dios (17);
-el misterio de la muerte unido al hombre creado por Dios para un destino feliz situado más allá de la vida temporal (18);
-y Cristo, el Hombre nuevo, la fuente y corona de las verdades anteriores (22).
De los diversos Documentos, deduzco esta respuesta que propongo: la fe es la respuesta del hombre a Dios que por Cristo le invita a colaborar en su Reinado de salvación y en la edificación de un mundo más humano.

Una visión resumida y complexiva del hombre
Las definiciones anteriores pueden resumirse distinguiendo los aspectos antropológicos de los propios de la religiosidad y de la fe.
Desde la antropología
El hombre es un ser espiritual, de naturaleza racional, con autoconciencia, sabe que sabe; es libre y responsable de sus actos, posee una conciencia que le compromete consigo mismo, con sus semejantes y con el Absoluto; asume sus actos con todas las consecuencias ante sí y ante los otros miembros de la comunidad social. Por naturaleza el ser humano se ve lanzado al encuentro buscando un tú con quien relacionarse. Cierto que se siente como un ser arrojado a la existencia pero es la única criatura en el mundo que se formula los interrogantes: ¿por qué vivir, sufrir y morir? ¿Qué hay detrás de la muerte? ¿Puedo y debo tener alguna relación con el Tú divino en esta vida y “en la otra”?
Desde la religiosidad y la fe
Toda persona está capacitada para mantener relaciones con un Absoluto, concretadas en cada religión como Dios Creador, Señor y Padre a quien amar, obedecer y rendir culto. Desde la fe y el seguimiento de Cristo, las perspectivas anteriores quedan enriquecidas por la doctrina Conciliar (Gaudium et Spes (13-22). Efectivamente, el hombre es la síntesis del universo material, perfeccionado por medio de la sabiduría; imagen de Dios, sí, pero bajo la realidad del pecado con la división íntima que produce. Posee la conciencia como el núcleo más secreto que le capacita para comunicarse con Dios. Posee, por lo tanto, una especial grandeza pero su libertad está herida por el pecado y necesitada de la gracia de Dios. Ante el misterio de la muerte, por la fe y la esperanza, se siente unido a Dios su Creador y consolado por el destino feliz situado más allá de la vida temporal. La misma fe le une a Cristo, el Hombre nuevo, la fuente y corona de las verdades anteriores. Y es Cristo el que invita al reino, reinado de Dios Padre que humaniza y salva; que une la dimensión temporal con la plenitud a conseguir después de la muerte.


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