¿Antiguo o nuevo? ¿Conservador o progresista? Problemática para Alberto y Luis, estudiantes de teología en la Pontificia de Salamanca. En el colegio de san Carlos pronto surgió el conflicto entre seminaristas progresistas y conservadores. Alberto se impuso como líder que triunfa con su actitud de teólogo radicalizado en lo antiguo frente a Luis, progresista moderado. La misma mentalidad exaltada mantuvo durante el Vaticano II y después como intérprete conservador del Concilio ante los sacerdotes de Toledo. Como joven profesor acentuó su radicalismo que provocó el rechazo de los seminaristas del posconcilio. En la Pontificia de Salamanca, el doctor Navarro experimentó un rápido ascenso y una caída tan vertiginosa que a los dos años abandonó las clases y terminó como párroco-suplente en un suburbio de Bogotá.
En la Universidad, Alberto se manifiesta como gran pintor, católico practicante y extraordinario como alumno. Pero una arriesgada decisión desafía su coherencia: cura o casado, laico o sacerdote. Elige la vocación sacerdotal, renuncia a su novia y entra al seminario con su amigo Luis. Entre los alumnos, destacan dos personalidades complementarias: el “quijote” Alberto y el “sancho panza” Luis. Los educadores corrigen al que es líder pero radicalizado, Alberto, que necesita los valores del sensato Luis. El seminarista filósofo, el pintor Navarro, comienza a preguntarse sobre la vida oculta de Jesús y María. Y después de tres años, se abre un futuro misionero para tía Aurelia y un destino en Salamanca para estos amigos con personalidades tan opuestas.
¿Es Cristo el mejor ideal y líder para un joven? Entre los referentes para toda persona y más para un joven, destaca la figura de Cristo, auténtico líder e ideal para la vida. En una situación crucial, y gracias a los Ejercicios espirituales, Alberto se encuentra con Cristo que le atrae por su personalidad, le entusiasma por el mensaje revolucionario, le fascina por la radicalidad en el amor y le atrapa por su vida y muerte perdonando a los enemigos. En la amistad con Cristo encontró el joven Alberto la motivación decisiva para perdonar y la mejor orientación para su vida colaborando en el Reino de Dios. Y ante la llamada de Cristo no tuvo miedo a un “sí” coherente, pero como laico en la Iglesia.
La novela Peldaños hacia Dios (PhD) narra la situación de un joven, Alberto Navarro, dominado por el odio hacia los que asesinaron a sus padres. ¿Por qué perdonar y no odiar? Para poder perdonar fue decisiva la reflexión sobre las ventajas e inconvenientes de odiar. El primer capítulo narra cómo el protagonista (ahora, pintor; después cura y místico) pasa del odio a la reconciliación, primer peldaño en su vida de joven cristiano.
¿Es posible traducir los temas doctrinales de mi blog Ser y vivir hoy en un relato histórico? ¿Podré escribir una novela que tenga como fondo “algunos” de los criterios expuestos en los 260 artículos publicados? ¿Se puede mezclar historia, ficción y drama con teología y espiritualidad?¿Es mucho atrevimiento que un teólogo de 78 años escriba un blog-novela?
Acostumbrado a plantear y responder a los interrogantes del blog me dije: he terminado la tercera parte de mi plan sobre Ser y vivir hoy como persona, creyente, cristiano y católico. ¿Quedará todo en criterios doctrinales? ¿Por qué no atreverme con la historia? Mejor: ¿cómo armonizar parte de las preguntas y de las respuestas en un relato histórico, llámese novela, biografía, espiritualidad cristiana o ensayo teológico?
Y a las preguntas, siguió la respuesta con Peldaños hacia Dios, Pintor, cura y místico. Se trata de 20 artículos que mezclarán historia, ficción dramática, reflexiones de teología, de humanismo y de espiritualidad, tal y como aparecieron durante más de tres años en Religión digital.
Al comenzar este blog de Ser y Vivir hoy, (en octubre cumplirá cuatro años), me propuse exponer algunos interrogantes y respuestas sobre la persona, el creyente, el cristiano y el católico en el mundo actual. Así lo intenté a lo largo de los 260 artículos. Si acepté la responsabilidad del blog fue por el deseo de aprovechar la ocasión que me brindaba Religión digital para ofrecer mis reflexiones sobre lo fundamental cristiano.
Finalizo la tercera parte con este artículo que presenta las conclusiones en ocho temas elegidos, convertidos en otros tantos desafíos para el tercer milenio:
1º un mundo en paz, humanizado, que sea hogar-familia para sus moradores;
2º toda persona respetada y realizada;
3º Dios aceptado y no rechazado ni manipulado;
4º Cristo con el Reino de Dios, imprescindible para humanizar el mundo;
5º los cristianos como ilusionados y coherentes seguidores de Jesús;
6º la urgencia de atraer a los alejados de la Iglesia, bautizados paganizados;
7º los católicos, corresponsables en una Iglesia creíble;
8º las razones para creer, esperar y amar la vida eterna o cielo
En los años setenta, una persona muy piadosa me dijo que amaba mucho al Señor pero no creía en la otra vida, en el cielo.
No hace mucho tiempo, un enfermo grave, con angustia y escepticismo me preguntaba: “¿y después de la muerte, qué?
La semana pasada, al plantearte a un joven de 27 años sobre lo qué existía más allá de esta vida, me contestó: “nada, nada”.
Efectivamente, el cielo o vida eterna, parte del Credo, es un misterio cuestionado cuando no rechazado por muchos, fuera y dentro del cristianismo. Y no falta quien crea en el cielo pero no tiene razones para esperar y amar lo que le sucederá en la otra vida.
Varios artículos de este blog ofrecieron la respuesta completa y detallada al interrogante propuesto. Ahora, las razones más importantes: el cielo o vida eterna es un tema central en la obra y mensaje de Cristo; la esperanza responde al enigma de la muerte; la meta final consiste en ver a Dios cara a cara. Conviene añadir que el cielo comienza en la tierra y que la falta de fe explica el rechazo de este misterio tan esencial en la vida del cristiano.la vida eterna.
La pregunta planteada no tiene fácil respuesta porque en la situación controvertida por la que atraviesa la Iglesia, el católico vive en un mundo secularista y paganizado, tiene que armonizar la fidelidad a la propia conciencia, la obediencia a la normativa eclesial y la adhesión a los signos de los tiempos. El artículo responde de modo sencillo: el católico vive “el ser y el vivir” en comunión eclesial, en la medida en que sea consciente de la situación de la Iglesia, posea orgullo de su condición cristiana, sea sensible a la problemática eclesial y colabore en los desafíos y tareas de toda la comunidad eclesial.
Sí, en toda la historia y todavía con más razón en nuestro tiempo se dan cristianos que viven la “mística de la fe” hasta las últimas consecuencias. No solamente son los santos canonizados o canonizables. Otros muchos, sin llegar a tanto, dan un testimonio heroico de la vida cristiana. En un tercer puesto, los que viven la coherencia del Evangelio con altibajos y de manera ocasional pero a quienes se les puede denominar cristianos coherentes. ¿Y qué es lo que hacen o hicieron? Todos son los que cultivaron la “mística” del seguidor de Jesús, orgullosos de su identidad cristiana, los que supieron aceptar el camino del Evangelio con los recursos espirituales individuales y comunitarios-litúrgicos. A tales discípulos, Jesús les asistió con la fuerza del Espíritu y les capacitó para afrontar y superar las dificultades externas y personales. De esta manera, unos en la vida laical, otros en la religiosa o sacerdotal, todos testimoniaron la eficacia del evangelio con obras de fe y amor, capaces de convencer a creyentes e incrédulos.
La opción por Dios, la estructuración más inteligible y la reconfiguración creíble de las relaciones del hombre con el Tú divino, quedarían incompletas si falta la praxis de radicalidad por parte de cada cristiano y la audacia evangelizadora por parte de la comunidad eclesial. Por ello proponemos como respuestas: como Cristo, la radicalidad en el amor a Dios y al prójimo; como Pablo, la creatividad y la audacia en la evangelización. Y como miembro de la Iglesia del Tercer milenio, la confianza en Dios con el esfuerzo por testimoniar la radicalidad, el espíritu creador y la audacia en la evangelización.
Escuché en esta semana, en un foro de temas actuales, cómo un participante expresaba que él, sí, era creyente católico pero no practicante. Y añadió “como la mayoría de los españoles”. Lamentablemente la afirmación es cierta.
Constatamos un grave problema pastoral en España: los niños son bautizados, reciben la comunión y muchos hasta son confirmados. Pero de adultos, la gran mayoría, se alejan de la Iglesia aunque sean practicantes ocasionales. Se puede constatar cómo la gran mayoría de los que vienen a la Iglesia son personas “mayores”. Siempre existió este fenómeno religioso pero los porcentajes son alarmantes en las últimas décadas: cristianos de niños, adultos alejados de la Iglesia y practicantes pasados los 60 años. Este blog de Ser y vivir hoy constató el hecho y las causas en varios artículos. Ahora, a modo de resumen, algunos de los datos y criterios más significativos de una situación que preocupa al presente y mucho más al futuro de la Iglesia católica.
Difícil resumir la persona de Cristo. Y mucho más, ofrecer una interpretación completa sobre su personalidad. Pero sí podemos afirmar que fascinó a la historia con su doctrina revolucionaria de la caridad universal y con su proyecto del reino de Dios, la Buena Nueva con la que Jesús enriqueció la dignidad de la vida humana en la etapa temporal y en la escatolótica.
Para ver la importancia de Jesucristo con su doctrina del reino de Dios y la fundación de la Iglesia, bastaría con imaginar cómo hubiera sido la historia del mundo sin su presencia. La de millones de personas que han vivido consagradas a Dios y al prójimo por amor a Jesús; el número incontable de obras de arte y de literatura con motivación cristiana; la serie indefinida de instituciones eclesiales al servicio del prójimo; tanta sangre derramada por causa de la fe (como también en las guerras de religión); la cantidad inmensa de hechos históricos vinculados a favor o en contra de la difusión del cristianismo; la de vidas heroicas como testimonio del reino-reinado de Dios...
Sí, personalmente me parece muy difícil imaginar una historia del mundo, una cultura universal y unas relaciones interpersonales sin el influjo de la religión cristiana. Como también me parece inexplicable que se quiera estructurar Europa prescindiendo de una de sus raíces cristianas. Y la fuente de todo radica en una persona, Jesucristo, en un mensaje, la buena nueva del reino de Dios, y en una comunidad de seguidores de Jesús, la Iglesia.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona