Ser y vivir hoy

¿Cómo presentar unas relaciones creíbles entre el hombre y Dios?

31.01.12 | 07:53. Archivado en Iglesia

No basta con la estructuración de la opción religiosa como tal, urge también reconfigurar la imagen adecuada de cada uno de los elementos que integran la relación interpersonal, la del cristiano (yo humano) con Dios Padre (Tú divino) para obtener la credibilidad. Para unas relaciones creíbles, habría que pasar del Tú divino rechazado al Dios como Padre, Dios-amor; del yo humano exaltado y débil, al cristiano enriquecido en su realización personal; y de unas mediaciones radicalizadas a otras en sintonía cultural y en comunión eclesial. Urge reconfigurar para el Tercer Milenio unas relaciones creíbles del hombre con Dios que armonicen cultura y comunión eclesial, realización personal y plan salvífico, progreso humano y Reino de Dios, ”reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz. El Reino está ya presente en esta tierra misteriosamente; se consumará cuando venga el Señor” (GS 39).

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¿Qué categorías configuran el trato con Dios?

30.01.12 | 09:38. Archivado en Iglesia

Las categorías estructuradoras que ofrecemos son: la relación interpersonal, la opción fundamental cristiana como amistad y la coherencia como respuesta global a las propias raíces. Desde estas perspectivas se pueden contemplar las manifestaciones básicas de las relaciones del cristiano con Dios que han regido durante veinte siglos.

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¿Cómo serán las relaciones con Dios en el Tercer milenio?

29.01.12 | 07:51. Archivado en Iglesia

Si en el pasado, el ayer, predominaron las relaciones con Dios en el contexto de la religión-institución;
si en el presente, el hoy, tales relaciones están alteradas por una religiosidad en profunda crisis;
si para el futuro, el mañana, se proponen unas condiciones y sugerencias para actualizar el trato con Dios; si la imagen de Dios, del hombre y de la religión sufren el impacto del ayer y del hoy para el mañana;
si para un planteamiento completo de las relaciones con Dios hay que mantener los elementos válidos de la religión-institución aunque sean del ayer, acoger lo positivo de los nuevos movimientos religiosos y de las sectas aunque falsifiquen la fe cristiana, y atender a las críticas y a las sugerencias seleccionadas para el mañana aunque algunas sean utópicas...
Si todo es así, (más o menos), podemos preguntarnos:
1º ¿Cómo serán las relaciones con Dios en el Tercer milenio por parte del católico que desea vivir en comunión eclesial pero abierto a los valores de la religiosidad actual y a las sugerencias ofrecidas para el mañana?
2º ¿Cuáles serán las fases y las opciones a seguir desde la ausencia de Dios hasta la plena unión con Él?
3º ¿De qué manera armonizar el ayer, el hoy y el mañana de las relaciones con Dios?
A modo de resumen, o de «amplias» conclusiones, afrontamos las respuestas a los interrogantes propuestos en cuatro fases:
1ª la opción del yo humano por el Tú divino;
2ª la estructuración global de las relaciones interpersonales;
3ª la reconfiguración de los elementos de la relación hombre-Dios;
4ª la praxis: la respuesta personal y comunitaria.

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¿Desafía la fe en Dios al hombre actual?

28.01.12 | 08:13. Archivado en Iglesia

Sí y con varias respuestas: de aceptación, búsqueda, indiferencia o rechazo. Este blog dedicó más de cincuenta artículos al tema de Dios porque es el protagonista más importante. Unos artículos recogen las respuestas negativas ante de Dios del mundo actual: de rechazo, crítica, manipulación, o de interpretación en desacuerdo con la fe cristiana. Otros describen la aceptación del Tú absoluto por parte de fieles tanto cristianos como de otras religiones que están con Dios, “a favor de Dios”. Ante la imposibilidad de entrar en detalles, por lo menos es hora de hacer un balance para comprobar quienes rechazan a Dios y quiénes encuentran en Él, el sentido a sus vidas.

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¿Qué desafíos afronta la humanización del mundo?

27.01.12 | 07:57. Archivado en Iglesia

Que nuestro mundo humanizado sea hogar-familia para sus moradores, es el primero de los grandes desafíos que incluye una serie indefinida de criterios, leyes y respuestas por parte de los dirigentes políticos y de una gran mayoría de los ciudadanos. Afrontar un objetivo tan inmenso es una osadía. Únicamente pretendo exponer unos cuantos criterios expuestos en el blog Ser y vivir hoy, concretando el punto de partida, cómo se encuentra el mundo actual, la meta de llegada con el cumplimiento de los derechos humanos, y uno de los caminos a seguir con Jesús y el reino-reinado de Dios.

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¿Qué desafíos motivan la realización personal?

26.01.12 | 11:31. Archivado en Iglesia

Clave 8ª QUÉ RESPONDER A LOS DESAFÍOS DEL TERCER MILENIO
Afrontamos la última clave del blog Ser y vivir hoy con un doble objetivo: resumir a modo de conclusiones los criterios más significativos expuestos y proponer unas modestas respuestas a los desafíos seleccionados: realización de la persona, humanización del mundo, la opción del hombre ante el Tú divino en el marco de Cristo con su mensaje y la presencia en la Iglesia al cumplirse cincuenta años de la convocación del Vaticano II.
QUÉ DESAFÍOS MOTIVAN LA REALIZACIÓN PERSONAL
El hombre es el protagonista de nuestro mundo. Y la humanidad, humanizada, se mide por el porcentaje de personas que alcanzan su necesaria y debida realización. ¿De qué depende esta aspiración esencial, tan necesaria como justa? No es suficiente con que cada uno posea el mínimo de los derechos humanos. Es una exigencia, también imprescindible, el respeto a las diversas comunidades a las que pertenezcan los integrantes de la comunidad familiar, regional o nacional. ¿Algo más? Sí, que se vaya cumpliendo en cada individuo y en cada grupo étnico, el deseo de ser valorado, aceptado, respetado y amado por los que integran su entorno más cercano. Tema tan importante ha sido el objetivo de varias decenas de artículos de este blog Ser y vivir hoy. Con los criterios sobre el protagonista en el mundo actual, -punto de partida-, la meta, -la llegada- y el camino a seguir para que sea efectiva la justa realización personal, surge la pregunta: ¿cuántos serán los que pueden llegar a la cumbre?

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El beato Mosén Sol, ¿un santo, amigo íntimo de Dios?

25.01.12 | 11:20. Archivado en Iglesia

El 25 de enero, la Iglesia celebra la conversión de san Pablo y cierra el octavario por la unidad de las iglesias. El 25 de enero, la Hermandad de sacerdotes operarios diocesano recuerda con gozo un aniversario más de la marcha a la casa del Padre de su fundador el Beato Manuel Domingo y Sol, “uno de los sacerdotes que más han influido en el último siglo en la Iglesia española”, el “santo apóstol de las vocaciones” según le nombró Pablo VI en 1970. En honor del hasta ahora beato tortosino, escribo este bloc sobre el trato con Dios. La vida de don Manuel como la de tantos santos, canonizados o no, estaba sostenida por cuatro columnas: consagración, confianza, amistad e intimidad con Dios hasta la unión más perfecta.

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¿Un trato perfecto sin la praxis de un plan de vida?

24.01.12 | 08:29. Archivado en Iglesia

Cada religión suele resumir en un decálogo los principales preceptos a los que deben ajustar su vida los creyentes; cada institución presenta unas reglas de juego que los miembros guardarán; y cada persona suele regirse por su “decálogo” o conjunto de criterios y compromisos para tratar con el prójimo.
También el buen trato con Dios o trato con amor profundo, puede expresarse en una serie de criterios y compromisos que señalan el camino a seguir. Así evitamos los pensamientos genéricos que vuelan si no se concretan en compromisos. En concreto, el decálogo del trato perfecto con Dios admite estas manifestaciones o compromisos: en plan negativo, evitar la injusticia y la falsedad. En plan positivo, la fidelidad a la propia religión, el seguimiento de Jesús y María en su relación con Dios, la lectura de autores para la información y de personas referentes que motiven respuestas positivas. Y la praxis de una vida impregnada de ilusión, coherencia, entusiasmo y radicalidad y orientada a conseguir el amor profundo, corazón del trato perfecto con Dios y con el prójimo.

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¿Consiste el trato “perfecto” con Dios en el amor profundo?

23.01.12 | 07:55. Archivado en Iglesia

Si tenemos presente a todas las religiones, el trato “perfecto” que el hombre puede dar a Dios, el más completo, el de grado supremo y absoluto, es el que llega al cien por cien de lo que establecido en el culto. Es fácil comprender que llevarse bien con Dios de esta manera es una meta difícil muy de conseguir por las exigencias: además del amor profundo, la fidelidad a la propia religión, la coherencia en las prácticas religiosas, la actitud radical para imitar a Jesús y María, la amistad íntima con Dios que lograron muchos creyentes, el discernimiento para elegir el camino que enseñan los maestros espirituales y el entusiasmo para realizar el plan personal proyectado. Las exigencias del amor, aunque sean esenciales y prioritarias, necesitan la presencia de otros rasgos y de las manifestaciones del trato justo, sincero, libre y pacífico. Todos juntos forman el arco iris de la relación más completa del yo humano con el Tú divino. Ahora bien, el amor admite grados: el máximo, el normal y el mínimo, el superficial y el profundo. El trato perfecto apunta al amor máximo y profundo. Como ejemplo: cuanto experimenta y obra una madre por el hijo enfermo o drogadicto.

El amor como donación
El criterio más común del amor-amar consiste en la vinculación amorosa o puente afectivo que une al Yo con el Tú concretado en otra persona, grupo humano, ideología, tareas, animales o cosas. Así ama el padre-madre que vive para sus hijos; el ciudadano dispuesto a defender a su patria con su vida, la persona, solitaria o no, que goza con su animal de compañía...
Desde la psicología
Lo esencial del amor consiste en el impulso del sujeto a unirse con el objeto, del yo con el tú; en la inserción del otro en la persona del que ama. O bien, en la identificación del amante con el amado porque el yo ve lo del otro como suyo propio. Más aún, contempla al tú como una prolongación de la propia persona, posee la convicción de que la existencia personal se ve justificada por la existencia del amado; goza con la presencia y trato directo; experimenta gran celo por defender sus intereses y no soporta nada que pueda bloquear la felicidad o el bienestar de la persona amada. En ocasiones, el tú se convierte en auténtico objeto de la opción fundamental del yo.
Perspectiva ética
Por el amor, el hombre está lanzado hacia el prójimo como don de sí mismo. Dar y recibir son dos aspectos esenciales del vivir humano, dos rasgos esenciales del amar y del amor-don. ¿Cómo es la entrega? Desinteresada, aún con sacrificio, para conseguir la felicidad de la persona amada. Es un don universal y sin límites. El amor en su dimensión de praxis se mide por la capacidad de dar, de preocuparse, servir y entregarse a otra persona o colectividad; por la fidelidad en todo momento. La donación total conlleva obediencia a los deseos del amado en todo momento.

El amor cristiano o caridad teologal.
Sublime el amor humano pero superior la caridad, porque asume las auténticas manifestaciones afectivas a las que añade otros valores: la fe como fundamento, Dios como fuente, don y motivación, Cristo como testigo y maestro, la Palabra de Dios como autoridad y camino, el reino de Dios como plenitud temporal y escatológica, y la respuesta de cristianos coherentes como orientación y estímulo.
Para quienes buscan un testimonio convicente del amor, Cristo, Dios como uno de los hombres, es la respuesta. A cuantos desean una panorámica del amor radicalizado, que lean los mensajes bíblicos, especialmente los del Nuevo Testamento. Desde la esperanza y para una visión completa del amor en su etapa temporal y escatológica, encaja perfectamente el reino de Dios con toda sus perspectivas. Y los que necesitan una orientación y un estímulo, mucho les ayudará la coherencia de tantos seguidores de Jesús que vivieron o viven el amor cristiano hasta las últimas consecuencias.
Dios, fuente, don y motivación de la caridad
Por la fe encontramos el primer y gran valor del tesoro cristiano, Dios al que contemplamos como la fuente, el don y la motivación de la caridad del cristiano. La caridad cristiana es un «amor divino», por el que el hombre participa del Bien y de la Vida divina. Se trata, por tanto, de un Don y, por lo mismo, se atribuye al Espíritu Santo.
Desde su perspectiva, Jesús nos habla de Dios, del Abbá, como el Padre bueno que da la lluvia para todos, se muestra misericordioso con el hijo pródigo, está pronto para dar al Espíritu Santo a quien se lo pida. Y fundamenta el amor de Dios en una experiencia que todos comprenden: “pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mt 7, 7-12)

Jesús radicalizó la caridad, amor cristiano?
Para quienes buscan un testimonio convicente del amor, Cristo es la respuesta. Jesucristo, el Hijo de Dios, comunica al hombre la caridad; Cristo, el Ungido o Mesías, es el testigo del amor cristiano, y Jesús, Dios salvador, es el maestro que enseña con autoridad cómo amar de modo radicalizado a Dios y a los hermanos. Toda la vida de Cristo es un relato de radicalidad vivida como respuesta de amor a la voluntad del Padre. Amó apasionadamente a Dios al que experimentó como abbá y obedeció con fidelidad. Y nadie estuvo tan radicalmente unido a los hombres como Jesús, especialmente con los pobres y los oprimidos. Jesús se acercaba a los hombres para dar y darse con generosidad, desinteresadamente. Estaba siempre dispuesto a prestar ayuda al necesitado porque su conducta estuvo regida por este criterio: “el hijo del hombre no vino a ser servido, sino a servir” (Mt 20,28; Mc 10,45).
Su amor profundo es la respuesta de quien se sacrifica para hacer felices a los demás, ama a las personas desagradecidas, perdona al enemigo y practica otras exigencias tal y como pide la Palabra de Dios (Mt 5,35-48; Lc 6,27-38; 1Cor 13, 1-10). Jesús predico y practicó el amor profundo.
Cristo el maestro enseña cómo amar a Dios y al prójimo.
Las relaciones con Dios según el Antiguo Testamentto están enriquecidas por el dinamismo del Reino de Dios y por la ley suprema del amor que Cristo proclama. El rasgo principal en las relaciones con Dios radica en el primer precepto del amor presente en el Antiguo testamento y ratificado por Cristo: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22, 37-40; cf. Dt 6,5; Lv 19,18).
Cristo exigió la radicalidad a los discípulos: que vieran a Dios en el prójimo y que le trataran como lo haríamos con Dios mismo sin poner límites ni fronteras, fuera amigo o enemigo. El seguidor de Jesús tenía muy claro que son inseparables el amor a Dios Padre y el amor a los hombres nuestros hermanos; que tanto la donación a Dios como al prójimo no tienen límites y si existe alguna excepción es para el más pobre.

La Iglesia enseñó y testimonió el amor radicalizado según Jesús.
Así aparece en las Cartas y en los Hechos de los Apóstoles. A lo largo de la historia de la comunidad eclesial, la respuesta también es afirmativa en la vida familiar y profesional de innumerables cristianos “de a pié” o “santos anónimos”, y en la asociaciones de creyentes entregados a Dios y al servicio de los hermanos. Por supuesto que la radicalidad en el amor fue el factor que explica el sacrificio de los mártires y en la vida de sacerdotes, religiosos y religiosas.
El precepto supremo, el amor, fue presentado de manera estructurada y según el mensaje cristiano. Aconsejaba Pablo: imitad a Dios y vivir en el amor como Cristo “que nos amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma” (Ef 5,1-2); sobresalid en generosidad como Cristo de rico a pobre “a fin de que os enriquecierais con su pobreza” (2Cor 8,7-9); comprended el amor de Cristo “que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total plenitud de Dios” (Ef 3,18-19);
El amor fraterno. La praxis de la caridad fraterna será siempre una prueba de la fe en Dios y un medio imprescindible para caminar hacia la plenitud cristiana. Sobresale la radicalidad en el amor en la carta del Apóstol Santiago: la religión auténtica consiste en visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo (1,16). “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: tengo fe, si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” . (2,14-17).
Himno al amor en 1 Cor 13, 1-10. Es llamado por su contenido el Cantar de los cantares de la nueva alianza. Viene a ser como una exhortación válida para todo tiempo. Tal amor-agapé tiene como fuente a Dios, el primero en amar. En este texto se habla de la caridad que es de la misma naturaleza de Dios, presente igualmente en el Hijo que ama al Padre como es amado por él, y como él ama a los hombres por quienes se ha entregado. En la primera estrofa sobresale el criterio: sin este carisma hasta las mejores cosas se reducen a nada. A continuación, la grandiosidad de la caridad se despliega hasta en quince manifestaciones o cualidades del verdadero amor. Más aún, por naturaleza este amor permanece para siempre, sin cambiar jamás a diferencia de la fe y de la esperanza. Es un carisma superior a cualquier otro.

Del amor humano a la caridad estructurada
Como punto de partida la definición que ofrece el Catecismo de la Iglesia católica: “la caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios (CIC 1829). El Compendio (posterior al Catecismo unos 15 años) asume el núcleo de la definición anterior pero prescinde de la motivación “por Él mismo”. Afirma: “la caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios” (CCI 388).
De lo mucho que se habla sobre la Teología de la caridad, subrayamos que la caridad es vínculo de la perfección, forma de las virtudes (Col 3,14). Es el corazón de la vida cristiana que nutre y perfecciona la vida del cristiano, infunde a las otras virtudes una savia fecunda, las dinamiza y vitaliza. San Pablo habla de los cristianos «enraizados y fundados en la caridad» (Eph 3,17), fundamento y raíz en que se sustentan y nutren todas las virtudes cristianas. Es el distintivo y la vocación del cristiano: san Juan al transmitirnos el mensaje de Cristo, da fe de lo que vio y oyó (cfr. lo 21,24): «en esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis caridad» (13,35).

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¿Es posible la confianza, intimidad y unión permanente con Dios?

22.01.12 | 08:08. Archivado en Iglesia

Está fundamentado el amor profundo a Dios pues el precepto bíblico es contundente, pero, ¿también un trato de confianza e intimidad que llegue hasta la unión permanente y profunda del cristiano con Dios? Pareciera que es suficiente con la respuesta de amar a Dios con todo el corazón y con todas las fuerzas y que la confianza, intimidad y unión superan las aspiraciones y posibilidades de quien no se considera “digno” de una relación tan extraordinaria con su Altísimo y Señor. Sin embargo los salmos, el testimonio y exhortación de Cristo como el de muchos discípulos, animan a mantener con Dios Padre la relación profunda de amistad que se manifiesta en un trato confiado, íntimo y de permanente unión. Pero una meta tan alta exige mucho esfuerzo, muchas renuncias y gran coherencia a la hora de poner en práctica los recursos que pide Cristo al seguidor coherente. No olvidemos que la respuesta afirmativa del interrogante es propia de quien aspira llegar a la cumbre de la espiritualidad cristiana que los místicos, santos y cristianos anónimos, describieron y alcanzaron. Sí, el amor de Dios puede vivirse de varios modos: como precepto para todo fiel cristiano, como una relación amistosa ordinaria, o bien como la opción fundamental presente en toda una vida. A esta última alternativa, la meta suprema, llamamos unión profunda permanente con Dios de quien el cristiano confía plenamente porque vive con radicalidad el amor profundo. La máxima relación con Dios está compuesta por la intimidad como el núcleo, la confianza como expresión y la unión profunda y permanente como la cumbre

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¿Es posible un trato afectuoso con Dios? ¿Y la amistad?

21.01.12 | 08:42. Archivado en Iglesia

Muchos creyentes reducen su relación con Dios a su mente (creen en Dios), a la voluntad que lo quiere como el Bien (lo aman según la Biblia) o a las obras de obediencia (cumplen los preceptos religiosos). El trato que estos cristianos piadosos dan a Dios es sincero, respetuoso, responsable en sus compromisos y confiado en sus peticiones. Pero no es afectuoso ni de amistad. Porque ellos fueron educados en el temor de Dios y en la necesidad de cumplir sus mandamientos y los de la Iglesia. Es curioso el contraste: en la vida ordinaria de estas personas, el amar y el sentirse amado por sus familiares y el tener amigos, es un factor esencial para su felicidad. Pero en este círculo de afectuoso no entra Dios, les falta la comunicación cariñosa que respiran lo salmos y la ternura de Cristo al dirigirse a Dios como su Padre, abbá. Tales cristianos carecen de la experiencia de sentirse amados por Dios y de la respuesta amorosa dada al mismo como Señor y como amigo. En el fondo, creen que estas manifestaciones religiosas están reservadas a los santos.
Ante esta deficiencia espiritual, exponemos los elementos de una relación afectuosa: la experiencia de Dios, el sentimiento del amor y la posible amistad entre el hombre y Dios.

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¿Qué valores y deficiencias contienen las devociones religiosas?

19.01.12 | 17:34. Archivado en Iglesia

Además de la oración personal como la de cualquier creyente y además del trato con Dios mediante el culto litúrgico y sacramental, el católico dispone de otras modalidades personales o en grupos. Son las devociones en general y la piedad y religiosidad popular en particular. Les une como denominador común la posibilidad de tratar a Dios con mediaciones y mediadores. En ocasiones, el mediador-mediadores ocupan el lugar de Dios como pequeños dioses o absolutos. En otras ocasiones, la devoción está unida a motivaciones deficientes o a prácticas supersticiosas. Luego no todo es admisible en el trato del católico con Dios por mediaciones.

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¿Hipotecan o enriquecen la libertad, Dios, Cristo y la Iglesia?

17.01.12 | 17:20. Archivado en Iglesia

Es un hecho universal: la persona que obedece, sufre en mayor o meno grado el conflicto de su libertad con la autoridad que manda. Pero, ¿qué decir de la libertad de cualquier creyente? ¿Queda hipotecada o enriquecida, dotada de mayor calidad por su trato con Dios? ¿Y qué sucede con el cristiano vinculado a Jesucristo mediante los preceptos morales? ¿Aumenta el peligro para su libertad quien pertenece a la Iglesia porque tiene que relacionarse con Dios mediante personas que mandan y con normas jurídicas que en ocasiones provocan conflictos para su vida? A los interrogantes, habrá que responder teniendo presente cómo la defensa de su libertad apartó a muchos de la fe en Dios. A otros, las exigencias del Evangelio los alejaron del seguimiento de Cristo porque su libertad se vio recortada. Y son muchos los católicos que cuestionan la estructura eclesial, critican la doctrina del magisterio, rechazan alguna que otra normativa canónica y se apartan de la Iglesia por situaciones conflictivas no resueltas.

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¿También existen cristianos coherentes?

15.01.12 | 08:53. Archivado en Iglesia

Desanima contemplar a una mayoría de los bautizados que se alejan de la Iglesia. Pero anima la experiencia con grupos y personas aisladas que merecen el calificativo de católicos coherentes. Ante el panorama un tanto desolador expuesto en el artículo anterior cabe preguntarse: ¿es que no existen católicos auténticos que sean practicantes y coherentes? Desde mi experiencia pastoral respondo afirmativamente En los años de ministerio sacerdotal, tanto en España como en América, he tenido oportunidad de tratar con personas a las que califico de católicos convencidos y que convencen. En unas personas, destacaban sus valores y virtudes humanas; en otras predominaba la fe de la religiosidad popular. Cristo y la radicalidad del Evangelio constituyen los rasgos predominantes del tercer grupo. Y por último, traté a muchos católicos comprometidos en la evangelización. En todos, de una manera o de otra, la comunión coherente y la práctica religiosa.

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¿Es una utopía la coherencia cristiana en la posmodernidad?

11.01.12 | 10:41. Archivado en Iglesia

En mi humilde opinión, respaldada por la experiencia pastoral, el problema más grave que hoy tiene planteado la Iglesia es el siguiente: el 90% de los bautizados terminan viviendo como paganos, alejados no solamente de la práctica religiosa sino del mensaje de Jesús. Y muchos de ellos, hasta con pérdida de la fe. Y el problema se agrava porque ese 10% o 15% de creyentes y practicantes, en su mayoría han cumplido los sesenta años. Si ahora la coherencia cristiana resulta una utopía, en el futuro inmediato será utopía más del pasado.
El interrogante plantea uno de los desafíos más urgentes a quienes estamos comprometidos en la tarea pastoral en los comienzos del siglo XXI, en los tiempos de la posmodernidad. Frente a la gran masa de alejados de la fe cristiana, unos totalmente y otros parcialmente, el que practica en alguna que otra ocasión, están los del 10% o 15% con los que la Iglesia puede contar.
Antes de adoptar una respuesta pesimista, la de creer que el cristianismo es un imposible, una utopía que no sirve ni encaja con los valores y respuestas del hombre posmoderno, será conveniente reflexionar sobre las dificultades que el vivir según Jesús, es decir, la coherencia cristiana, presenta en nuestros días. Y abrir las puertas a la esperanza con la respuesta de los muchos cristianos coherentes que existen.

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¿Católico y sin la práctica religiosa?

09.01.12 | 13:40. Archivado en Iglesia

“Obras son amores y no buenas razones”, exhorta el refrán. El amor exige manifestaciones externas porque no es suficiente con decir que “yo te quiero”, es preciso demostrarlo con obras. Además, el trato fiel pide la obediencia a quien amamos. Recordemos cómo la Escritura advierte: la fe sin obras, es fe muerta. Si aplicamos la reflexión anterior a Dios, concluiremos: el amor y la fidelidad en el trato a Dios conllevan la práctica religiosa, tanto la personal como la comunitaria según la religión profesada. De hecho, las religiones exigen a sus miembros que junto a la aceptación de los misterios, participen en actos de culto religioso y procuren ajustar su vida a los preceptos morales y de espiritualidad.
Sin embargo, hoy día, crece el porcentaje de personas que afirman su condición de creyentes pero alejados de las prácticas religiosas. No llega al 20% de católicos que participan en la Misa dominical. Y un 80% de bautizados, de ordinario, viven alejados del culto católico. Muchos de ellos también sin expresiones de la misma religiosidad personal. Olvidan el mandamiento de la Ley de Dios, el de santificar las fiestas y el precepto de participar semanalmente en la misa.

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¿Qué de especial tiene el trato del católico con Dios?

07.01.12 | 19:36. Archivado en Iglesia

Además de las respuestas comunes de fidelidad como creyente y de cristiano como seguidor de Jesús, el miembro de la Iglesia católica, posee otras modalidades de relacionarse con Dios. De manera directa está el trato con Dios mediante los actos litúrgicos y de modo indirecto posee la intercesión de María y de los santos tal y como se realiza en la devoción y en la religiosidad popular.

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De Cristo Camino, ¿por qué tantos caminos para unirse con Dios?

05.01.12 | 11:35. Archivado en Iglesia

El cristianismo, tal y como aparece en el Nuevo Testamento, ha sido interpretado a lo largo de la historia de diferentes maneras por múltiples iglesias y sectas. Partiendo del mismo mensaje de Jesús, el Camino, las relaciones con Dios han sido estructuradas y vivenciadas con matices muy diferentes según el credo, moral, normativa canónica y liturgia adoptadas. Son las diferentes confesiones a las que denominamos cristianas porque el origen y centro de todas ellas es el mismo: la persona, la doctrina y la obra de Jesucristo. Pero son también religiones porque cada una de ellas presenta un camino integrado por diferentes verdades reveladas que el creyente acepta por fe; cada una ofrece una liturgia mediante la cual el bautizado se comunica con Dios en el culto comunitario establecido.
Al margen de polémicas sobre la excelencia de cada comunidad eclesial, planteamos los interrogantes: ¿cómo se explica que de Cristo, el Camino, surgieran tantos caminos para unirse con Dios? ¿Qué rasgos caracterizan a las diferentes maneras que tiene la Iglesia, la católica, la ortodoxa y la reformada o protestante, para poner en práctica el amor profundo a Dios, el “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” ”y con todas tus fuerzas”? (Mt 22, 37; Mc 12,28; Lc 10, 27).
Las diferentes realizaciones del cristianismo tienen a Cristo con su doctrina, como raíz y tronco. Pero como ramas del mismo árbol cristiano, surge el misticismo como rasgo muy característico de la iglesia ortodoxa; la importancia dada a la Palabra de Dios que es fundamental en las iglesias reformadas (protestantismo); y la vida sacramental y eclesial más completa en la Iglesia católica.

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  • Urbano Sánchez García Urbano Sánchez García

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