Los 48 artículos anteriores de este blog abordaron parte de la problemática que hoy plantean la verdad, la justicia, la libertad, la vida y la paz, dimensiones del reino de Dios. ¿Omitiré el tema del amor, núcleo esencial del proyecto de Jesús? De ninguna manera. Quedaría incompleto el blog Ser y vivir hoy si estuviera ausente una condición esencial para la realización del hombre en su doble perspectiva antropológica y cristiana. Ahora bien, dentro del amor no puede faltar la sexualidad como un área importante donde se realiza la donación mutua de las personas. Tampoco puedo ocultar que escribir desde el mensaje cristiano sobre el amor y el sexo resulta hoy día muy conflictivo por la confusión, apasionamiento y radicalidad que suscitan en la actualidad porque el mensaje cristiano tiene que hacer frente a la cultura dominada por el subjetivismo ético, la secularización radicalizada y la revolución sexual.
¿Rehuir el desafío? No. Con toda modestia expondré en siete artículos los criterios escalonados que me parecen fundamentales desde la antropología y el mensaje cristiano sobre qué pensar acerca del amor y de la sexualidad.
Como toda persona, el seguidor de Jesús cree que la paz es necesaria y posible para ser feliz. También es consciente del precio a pagar porque son muchos los obstáculos que encuentra, en especial el sufrimiento interno. Por lo tanto, la paz exige fuertes razones que impulsen su consecución. Para tal fin, la antropología ofrece múltiples recomendaciones y ayudas que la fe asume y enriquece con el mensaje de Cristo. Con todo lo anterior, disponemos de un puente humano-cristiano capaz de unir a las personas entre sí. ¿Faltaría algo más que añadir al mensaje cristiano para la paz? La respuesta es afirmativa porque se puede hablar de las virtudes sociales como medios para la paz, de las «obras de misericordia» creadoras de ambientes pacíficos, sobre todo cuando incluyen la reconciliación, el perdón y el amor a los enemigos. Para finalizar y sin pretender agotar el tema, propongo una plegaria a Jesucristo para ser colaboradores de su Reino que es de amor y de paz. Reconozco que sobre este tema, tanto la antropología como la espiritualidad cristiana ofrecen muchas más reflexiones y terapias para que las personas consigan la armonía y la serenidad, -la paz-, en su espíritu y en las relaciones interpersonales.
La paz entre las personas viene a ser como un puente sostenido por varios pilares. Algunos de ellos ya están mencionados en los artículos anteriores, como el dominio de sí, el respeto mutuo y la mutua aceptación, el diálogo y la comunión como expresión del amor. Pero a estos cinco pilares añadimos otros tantos, como la comprensión, el tacto en el modo de corregir sin herir, la humildad para reconocer los errores, el valor para perdonar y olvidar, el deseo de la paz, presente en la Oración simple atribuída a San Francisco de Asís. Y algún que otro criterio integra la convivencia pacífica y el puente “perfecto” que une al yo con el tú.
Desde muchas perspectivas la paz es el sueño dorado, la cima a escalar, el clima interpersonal que anhelamos, la meta de muchos sacrificios o la mejor vivencia cristiana. Para conseguir tal don, innumerables son las sugerencias y recomendaciones. Como más importantes, el conocimiento de sí mismo aceptado de modo coherente; la autoestima equilibrada; la integración sin dramatismos de los límites e hipotecas personales; la respuesta elevada a la categoría de actitud firme, paciente y fuerte an te las dificultades; la práctica de la autoliberación progresiva y las técnicas de relajación sin olvidar el aprendizaje, tan difícil, de saber sufrir.
Una respuesta: la fe cristiana fortalece la paz de las personas y disminuye las preocupaciones. Muchos creyentes lo confirman: gracias a su fe superaron la pérdida de seres queridos, afrontaron la enfermedad o la pérdida de bienes económicos. De hecho, los cristianos coherentes no solamente resuelven mejor sus problemas sino que les ilusiona comunicar la paz unida al amor al prójimo.
¿Cual es el proceso completo? Como persona, el cristiano asume la paz con sus exigencias, dificultades y motivaciones; como discípulo de Jesús, integra la paz en el dinamismo del reino de Dios, del seguimiento cristiano y de la vida espiritual. Además, como miembro de la Iglesia, vive la paz en la comunidad que le ofrece la reconciliación sacramental y el testimonio de tantas personas que testimoniaron y difundieron la paz.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona