La madurez psicológica y ética del dinamismo humano radica en la libertad. Pero son muchas las interpretaciones y más las injusticias que se cometen en el nombre de la facultad humana que dice sí o no. Surgen las preguntas ¿dónde está lo esencia de la libertad? ¿Cuál es su finalidad? Libres, sí, pero ¿para qué? Adelantamos las respuestas: libertad al servicio de la autorealización personal y para servir al prójimo; libertad responsable para amar. Al concepto de libertad se añade la responsabilidad como condición, y el amor como finalidad. La libertad responsable para amar no sólo es una aspiración máxima de la vida, un derecho inviolable del hombre y la prerrogativa que más dignifica a la persona (cf. GS 9 y 17), también resume el dinamismo humano como la mejor plataforma para comprender la praxis del cristiano.
Ante las innumerables definiciones sobre la libertad, elijo la siguiente: es el don, a manera de facultad, que tiene el hombre para afirmar o negar, elegir o rechazar, obrar o no obrar. En definitiva, es la persona toda en cuanto puede decir SÍ o NO en una determinada situación o ante un determinado estímulo. Esta capacidad de autodeterminarse es el gran don que Cerrvantes ensalza: “la libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (El Quijote 2ª Cap LVIII). ¿Qué rasgos integran al hombre libre como persona y como miembro de una comunidad? ¿Cómo enriquece la fe la libertad del cristiano?
Como artículo final sobre los temas de la justicia, presento una interpretación personal de la última encíclica de Benedicto XVI,Caritas in veritate, La caridad en la verdad (2009) desde los parámetros del ”Ser y vivir hoy”, y dentro del tema de la Justicia social .. El SER como mística del cristiano, el VIVIR como su praxis coherente, y el HOY como la respuesta a diversos problemas de la actualidad. Entre los muchos criterios que expone este Documento social, selecciono y estructuro algunos, los que me han parecido más significativos. Reconozco la dificultad de resumir en un artículo la complejidad del pensamiento pontificio. Intentaré la mayor objetividad en la exposición de valores y respuestas que integran el ser y en el vivir humano y cristiano. Para el “hoy”, extenso y problemático, será suficiente con la enumeración de los temas siguiendo un trabajo del Instituto social León XIII.
Son muchos en la comunidad eclesial que viven de modo coherente la fe y la caridad manifestadas en obras de justicia, pero no faltan católicos practicantes que son fieles a las prácticas de piedad, muy sensibles para confesar sus pecados contra el sexto mandamiento, pero insensibles a la justicia y al compromiso socio-político formulado por los Papas. También es de lamentar que otros bautizados vivan en situación injusta, humana y cristiana. ¿Qué consignas ofrece Benedicto XVI en la Encíclica Caristas in veritate? ¿Podemos olvidar los mensajes-clave del Vaticano II sobre la justicia del cristiano?
Los misterios de la fe engrandecen las dimensiones antropológicas de la justicia. Y el católico tiene la justicia como un campo donde ejercitar su apostolado: él debe llenar con el espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que vive (AA 13; PP 81). En unión con otros hombres de buena voluntad, debe “promover cuanto hay de verdadero, de justo, de santo,de amable” (AA 13 y cita de Flp 4,8). También es consciente de que donde no existe la práctica de la justicia, el culto a Dios es un insulto y una ceguera.
No se comprende a Jesús, maestro de la justicia, si no se tiene en cuenta su testimonio como persona justa que motivó para que el discípulo obrara justamente con amor y en verdad. Desde la perspectiva humana, Jesús suscitó la admiración porque poseyó una personalidad excepcional y predicó una auténtica revolución con su proyecto del Reino de Dios que pide vivir según justicia. En su vida, destacó junto al amor y la fidelidad a Dios Padre, el testimonio de una conducta, honrada, coherente: justa. Jesús no solo predicó la justicia sino que su vida fue la de una persona respetuosa y responsable que murió víctima de la injusticia humana. Junto al amor, Jesús propugnó un cambio profundo, revolucionario, cuando defendió la dignidad, la justicia y la libertad de la persona frente al legalismo tradicional.
Sábado, 2 de junio
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