La Buena nueva ilumina y enriquece la dimensión antropológica de la justicia con Cristo como el gran referente, el testigo que más puede motivar, el maestro con mayor autoridad y el instaurador de una justicia con mayores horizontes.
Ante las injusticias, la justicia. Pero a la justicia, virtud raíz, hay que añadir otras tantas actitudes y respuestas complementarias. Para conseguir un mundo justo, humanizado, es una condición indispensable la práctica del respeto, la honradez, la responsabilidad, la solidaridad y la corresponsabilidad. Benedicto XVI por su parte, insiste también en la gratuidad y en la subsidiariedad, en su encíclica Caritas in veritate (2009).
En el mundo, aldea global, varios son los responsables de la injusticia institucionalizada: las ideologías que establecen los valores; las estructuras de pecado de toda clase pero especialmente las socio-económicas animadas por las ideologías; las instituciones que están al servicio de las estructuras socio-económicas; las multinacionales como brazo ejecutivo de las estructuras; los bancos centrales con su deficiente gestión hipotecaria y financiera; los dirigentes políticos con su omisión o acción injusta, y las personas o grupos humanos que se enriquecieron en el río revuelto de la inestabilidad económica.
A una persona se le puede imputar determinadas acciones injustas, pero la culpabilidad de otras injusticias es fruto en parte de la libertad individual y en parte de la presión que ejercen muchas estructuras presentes. Nos referimos a los poderes económicos, las ideologías políticas, la cultura en general, las leyes, costumbres e instituciones que generan la denominada “injusticia institucionalizada”. Muchos de los grupos de poder económico son los responsables de esta injusticia institucionalizada que se manifiesta en muchas situaciones, en la vida infrahumana, en el riesgo ecológico, y, últimamente en la crisis económica. Ante un tema de importancia excepcional me pemito añadir a mis afirmaciones, citas de algunos documentos sociales de la Iglesia. Por ejemplo, la Mater et magistra (MM) de Juan XXIII (1961), la CP Gaudium et spes (GS) del Vaticano II (1965), la Populorum progresio (PP) de Pablo VI (1967), la Octogesima adveniens (OA) del mismo Pablo VI (1971).Y recientemente, La caridad en la verdad (CeV) de Benedicto XVI (2009). Con otra autoridad y perspectiva están los documentos del CELAM (Medellín y Puebla), la Instrucción de la SC Libertad cristiana y liberación (LI) (1986).
El constante clamor por un mundo según justicia se mezcla con la realidad de los conflictos e injusticias. De las tensiones surgen los conflictos, que, mal resueltos, provocan las injusticias. A su vez, las injusticias intensifican la cadena confictiva entre personas, grupos y naciones. Aparece el mundo como una moneda desfigurada, con la cruz grande de la injusticia y la cara pequeña del respeto y la fraternidad. Todavía humilla a la humanidad las desigualdades y las ofensas, denominador común de toda injusticia. Se levanta el dedo amenazador: ¿quién es el culpable de tanta injusticia? Y surge la pregunta escéptica: ¿existirá alguna clave-camino que conduzca a la justicia “plena” que todos deseamos?
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn