El secularista radicalizado como tal no siente interés alguno por tener relaciones con Dios dado su rechazo religioso o la tranquila indiferencia en la que vive. Sin embargo, normalmente, el creyente en el siglo actual se comunica con Dios. En efecto, la oración es una práctica común en las religiones. Bien entendida, es el corazón y motor de la vida religiosa, imprescindible para que el hombre pueda comunicarse con el Ser Supremo. Conviene clarificar desde el principio que la oración es un privilegio que se convierte en ocasiones en un medio para pedir a Dios, darle gracias, expiar los pecados. etc. Y no faltan ocasiones en las cuales muchos fieles aprovechan la oración para sus intereses personales, utilizando a Dios como un simple instrumento. Pero ahora nos referimos al creyente que considera la oración como un privilegio al poder establecer una relación auténtica, directa e íntima con el Creador y Señor.
No hay duda, la oración es el primer recurso para madurar en la vida religiosa. Ahora bien, sobre la práctica más elemental de todo creyente, surge un interrogante preliminar: ¿qué necesita la comunicación con Dios como relación interpersonal? Ante todo, las motivaciones polarizadas en el amor. Es necesario también que el orante cumpla determinadas condiciones y supere las dificultades. La experiencia lo confirma: en ocasiones, orar bien, es un objetivo un tanto difícil y necesita una pedagogía que ayude a progresar en la comunicación con Dios. Es el tema para varios artículos.
Las ciencias humanas ofrecen sus criterios fundamentales para ser coherentes, es decir, para que exista armonía entre el vivir y el ser, entre la praxis y la mística, y así llegar a la madurez de la persona. Desde otra perspectiva, las religiones estructuran la fe, el culto y la moral con criterios necesarios para alcanzar la coherencia y la madurez religiosa. En el cristianismo preguntamos: ¿cómo llegar a la coherencia cristiana? Una respuesta: mediante la interiorización del ser cristiano, la unión con Cristo, el proceso de cristificación, la disciplina y la renuncia en la praxis diaria.
De diversas maneras y por diferentes razones. En la evangelización, la Iglesia tiene muy presente como Jesús la cultura de la vida en el proyecto global del reino de Dios. Sí, la Iglesia sigue a Cristo, personificación vital del reino de Dios, unificando las exigencias de los derechos humanos con el derecho a la vida. En su doctrina y pastoral integra la verdad, justicia, libertad, paz y amor, con la vida en unas respuestas concretas. En la Iglesia, todos sus miembros quedan interpelados por la vida y su entorno cultural. La encíclica Evangelium vitae (1995, EV) de Juan Pablo II, es también el gran directorio teológico-pastoral que expone las razones para insertar la cultura de la vida en el reino de Dios, los modos de testimoniar la promoción de la vida y las tareas convertidas en respuestas posibles que corresponden a cada miembro de la Iglesia: a la familia como la gran protagonistas, y a los médicos y personal sanitario como profesión en la pastoral de la salud.
En muchas personas del mundo, ese tren acelerado y aldea global en el que vivimos, existe la confusión a la hora de armonizar los criterios de su propia cultura, con los de otras ideologías que difunden los medios de comunicación social. Ampliamos ahora el abanico de ideologías, las más significativas para el ser y el vivir de la persona. Imposible detallarlas todas. Por ahora será suficiente con la selección que realiza el Juan Pablo II, el Papa “mediático” y filósofo..
En su magisterio, y en plan catequético, Juan Pablo II presentó el cielo o vida eterna como una relación viva y personal con la Santísima Trinidad. Con referencias al Catecismo de la Iglesia católica por él promulgado, hace constar que se trata de una comunión plena, definitiva de vida y de amor, de completa intimidad con el Padre. Y que los que han creído en Cristo y han permanecido fieles a su voluntad integrarán la comunidad de los ciudadanos del cielo que gozará una perfecta de felicidad.
Junto a la dimensión apostólica del Papa mediático está la otra faceta menos conocida como fueron sus deseos de una vida contemplativa y las expresiones sobre la unión con Dios. Y otros criterios que integran su misticismo tal y como aparece en su tesis doctoral El acto de fe en san Juan de la Cruz.
El autor de este Blog, sacerdote en Murcia, hace un paréntesis en la temática de estos días y se une con cuatro artículos ya publicados al homenaje que en esta semana se rinde en la UCAM (Murcia) a Juan Pablo II. Tres artículos integran el libro editado por la UCAM ¿Qué haremos en el cielo? Un cuarto plantea la respuesta de Juan Pablo II a las ideologías modernas. En el primero de los artículos, el n.80, planteo en la figura del Papa Wojtyla la doble dimensión de apóstol y de místico. Efectivamente, Juan Pablo II en su vida fue coherente con la unión con Dios de la que surgió una actividad apostólica extraordinaria. Es conocido el dinamismo apostólico del Papa mediático pero no tanto la inquietud del cristiano que se planteó vivir como contemplativo.
Las diferentes religiones ofrecen unos criterios que constituyen la mística particular y unas prácticas religiosas que sirven para manifestar el ideal religioso y para llegar a la plenitud en las relaciones con Dios mediante su dogma, moral y culto. Y todas las religiones enseñan a sus fieles los caminos para encontrar y relacionarse con Dios y los hombres. De un tema tan amplio, seleccionamos solamente las líneas maestras de algunas religiones no cristianas y de las iglesias que tiene como raíz común a Jesucristo.
La cuarta clave que presentamos para la praxis, para el vivir humano-cristiano, es la coherencia y no el pragmatismo en el uso de los medios. Y la primera área donde aplicamos tal coherencia es en la persona que vive amando y vive en libertad. Del inmenso tratado antropológico que fundamenta expone y responde el interrogante propuesto, cómo amar y ser libre, nos limitamos a lo imprescindible. El amor y la libertad son los valores supremos del hombre. Pero saber amar y saber utilizar la libertad requiere unos medios para que estas facultades colaboren eficazmente en la praxis de toda persona. ¿Cuáles de ellos elegimos?
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn