Ser y vivir hoy

¿Qué dificultades surgen en la persona inmadura?

27.02.10 | 17:11. Archivado en Iglesia

Con esfuerzo y paciencia, la persona tiene que luchar contra las deficiencias de su personalidad, el descontrol de sus impulsos (¡los virus psicológicos!), y contra los influjo negativos del hombre actual, que encarna en mayor o menor grado. Dentro de la clave tercera, se impone el esfuerzo para superar los obstáculos que radican en el interior de la misma persona.

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Clave 3ª ¿Qué esfuerzo necesitamos para superar los obstáculos?

23.02.10 | 13:18. Archivado en Iglesia

El obstáculo (dificultad, impedimento, contrariedad, competidores, enemigos...), es una ley de vida y el esfuerzo una condición para el éxito. Quien desea alcanzar un objetivo importante necesita superar muchas dificultades y vencer cuantas contrariedades se opongan. De hecho, quienes lograron éxito confiesan que el esfuerzo con sus integrantes de amor-ilusión, sacrificio, constancia y paciencia, fue decisivo para alcanzar las metas que se propusieron. Así lo manifiestan los artistas con los ensayos, los deportistas con sus entrenamientos, los padres con el sacrificio para educar a los hijos, los gobernantes con la responsabilidad para servir a su pueblo, los ascetas con sus mortificaciones para dominar las pasiones y los cristianos con la aceptación de la cruz para ser fieles a su vocación. Ahora bien, ¿qué modalidades revisten los esfuerzos? ¿A qué obstáculos se enfrentan? ¿Qué interpretación admite desde la fe el binomio esfuerzo-obstáculo?

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¿Proviene la radicalidad de la aceptación? Clave segunda

18.02.10 | 16:09. Archivado en Iglesia

Si la interiorización conduce al entusiasmo, primera clave de la praxis, la aceptación es la condición para llegar a la radicalidad. Estamos ante la clave segunda de la persona que pasa de su “mística” (amor profundo) a la praxis, a las manifestaciones concretas que tal amor exige. El punto de partida es la aceptación como adhesión, positiva o negativa, del individuo a las exigencias del valor-amor profundo elegido. Y la meta de llegada es la actitud de máxima adhesión a los compromisos elegidos. A esta respuesta extraordinaria llamamos radicalidad porque la persona está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias; quiere responder con perfección, desea que su conducta sea de totalidad, de diez.

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¿Es necesaria la interiorización para el entusiasmo?

13.02.10 | 12:48. Archivado en Iglesia

Es un hecho: la persona consciente, la que interioriza en profundidad los valores, adquiere entusiasmo en su conducta. En efecto, la conducta humana está regida por el saber interiorizado, por el darse cuenta de lo que uno es, por la misión encomendada, los compromisos adquiridos que tiene, por las relaciones interpersonales, la situación que ocupa en la sociedad bien particular, nacional o mundial, y por las noticias que suceden en la historia y en la-cultura. Fruto de este proceso consciente de interiorización, es el mayor o menor entusiasmo para aceptar compromisos, superar obstáculos y utilizar coherentemente los medios oportunos. Presentamos la primera clave que permite el paso del ser al vivir y que facilita que la mística aterrice en la praxis. Se trata de la interiorización que es el motor de arranque, la toma de posición del yo frente al no yo, y que tiene como fruto el entusiasmo, una actitud decisiva en el vivir humano y cristiano.

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¿Cómo pasar del ser al vivir, de la mística a la praxis?

09.02.10 | 09:22. Archivado en Iglesia

2ª Parte: LA PRAXIS DEL VIVIR HUMANO Y CRISTIANO
Con el artículo 110 terminé la primera parte de mi blog Ser y vivir hoy. La temática estuvo centrada en los valores, en lo que podemos llamar “mística del ser humano y cristiano”. En adelante, los artículos de la segunda parte, girarán en torno a las claves del “vivir”, y más en concreto, a la praxis, el vivir, la praxis del vivir. Tengo proyectada una tercera parte en torno a las situaciones que afectan al “ser y vivir hoy”

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¿Existe un cielo en el más allá de la muerte?

04.02.10 | 13:19. Archivado en Iglesia

Hoy, 4 de febrero, finalizo la primera parte del blog ser y vivir hoy que ha estado dedicado a lo que podemos llamar “la mística” del cristiano. Y el tema elegido es un resumen sobre el más allá, sobre el cielo o vida eterna que pertenece al Credo cristiano. Es la meta que hoy, por cierto, está desvalorizada, ignorada y hasta rechazada. Pero quien reflexione sobre el mensaje cristiano, aceptará las razones para creer en el cielo pues se trata de uno de los misterios del Credo: “creo en la vida eterna”. ¿Encontraremos la felicidad en el cielo, plenitud de valores? ¿En qué consistirá la felicidad? ¿Qué haremos en el cielo? La fe cristiana da sus respuestas. ¿Por qué el cielo debe comenzar en la tierra? Porque el bautizado vive en la tierra lo que tendrá plenamente en el cielo. Por último, en la Iglesia disponemos de guías y testigos sobre el más acá y el más allá de la muerte.

Actitudes ante el cielo o más allá
Por lógica, el cielo no interesa a cuantos carecen de la fe cristiana como sucedió a San Pablo con los atenienses (Hch 17,32). Pero lo desconcertante es que muchas personas piadosas y practicantes se conforman con la práctica de la caridad, la piedad y la confianza en Dios. ¿Por qué esta indiferencia y hasta rechazo del cielo? Algunas causas: el secularismo, la crisis actual ante cualquier esperanza; la presentación de un cielo poco atractivo y poco creíble; la vinculación de “la otra vida” a la muerte, al infierno; la injusticia y el dolor; la interpretación individualista de la salvación; la deficiente formación, el desánimo ante las dificultades y la experiencia de quienes exclaman: ¡nadie regresó después de muerto! (62-64).

Razones para creer en el cielo Quien reflexione sobre el mensaje cristiano, aceptará las razones para creer en el cielo. Se trata de uno de los misterios del Credo: “creo en la vida eterna”. Fue Cristo resucitado quien abrió las puertas de la vida para después de la muerte. La esperanza en el cielo es una clave imprescindible para comprender las Bienaventuranzas. La fe no duda en afirmar: el que es como otro Cristo en la tierra, gozará de su compañía en el cielo; el bautizado se compromete a seguir al Maestro en la santidad de vida, en la propagación de la fe y muere con el Redentor al pecado pero resucitará con Cristo a la vida eterna prometida. El hombre se pregunta ante el túnel de la muerte ¿y qué hay después? La fe cristiana responde: ¡habrá una vida nueva que culminará con la resurrección! (65-67)

Felicidad en el más allá de la muerte
¿Encontraremos la felicidad en el cielo, plenitud de valores? Responde la Iglesia: “el cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha” (CEC 1024). ¿En qué consistirá la felicidad? ¿Qué haremos en el cielo? Una misma respuesta para las dos preguntas: la felicidad y la actividad consistirán en ver y en amar a Dios con un trato directo, íntimo y de profundo amor; en compartir la vida eterna con Cristo en amor, gratitud y comunicación. También en cultivar las nuevas relaciones con María, los ángeles y santos, y en preocuparse por los de la tierra (68-70).

No olvidemos que el cielo comienza en la tierra
¿Por qué el cielo debe comenzar en la tierra? Porque el bautizado vive en la tierra lo que tendrá plenamente en el cielo. Así, por ejemplo, a la comunión con Dios en la tierra, seguirá la visión de Dios cara a cara; a mayor amor sembrado, mayor será la cosecha del bienaventurado; a la fidelidad con riesgo de ofensa, la caridad absoluta; a la oración temporal, la comunicación para siempre; al seguimiento de Jesús, el premio que él prometió; al amor fraterno, el “venid benditos de mi Padre” (Mt 25,34-35); a la colaboración en el Reino, gozo con el Señor en la fase escatológica; a la comunión eclesial, la integración en la iglesia celeste. Ahora bien, para llegar al cielo, la “otra orilla”, necesitamos el puente de la esperanza que convierte al cristiano en el peregrino que confía en la promesa de Cristo para salvarse y poder gozar en el encuentro definitivo con Dios (72).

Guías y testigos para la vida temporal y la escatológicaEn la vida, los guías orientan y los testigos, motivan. De la misma manera actúan los guías y los testigos para vivir la vocación cristiana. Apoyados en Cristo, (testigo, maestro y único camino para la vida eterna), innumerables cristianos enseñaron no solamente cómo ir al cielo sino como vivir el cielo en la tierra. Fueron y son los maestros espirituales, auténticos guías que con su doctrina y testimonio señalaron los objetivos y las exigencias de la esperanza cristiana que culmina con la unión con Dios más allá de la muerte. Como maestro insuperable, San Juan de la Cruz: por su testimonio excepcional, Santa Teresa de Jesús; el Pontífice apóstol y testigo de la unión con Dios, Juan Pablo II. Y Benedicto XVI como maestro y guía insuperable para la esperanza cristiana (74-87)

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Sábado, 2 de junio

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  • Urbano Sánchez García Urbano Sánchez García

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