Quedó incompleto el artículo de anteayer. Hoy finalizo el tema cuando termina el año y la primera parte de mi blog Ser y vivir hoy con el tema de la intimidad. Es mi humilde homenaje a Dios, hoy rechazado, criticado y manipulado, pero también sinceramente amado hasta la intimidad por muchos creyentes sinceros y coherentes.
Terminamos la 1ª parte del Blog con el tema más importante: la intimidad con Dios como la meta suprema para el creyente. ¿Razón? Porque el amor de Dios puede vivirse de varios modos: como precepto para todo fiel cristiano, como una relación amistosa ordinaria, o bien como la opción fundamental presente en toda una vida. A esta última alternativa, la meta suprema, llamamos unión íntima con Dios (o intimidad) que consiste en amarle con los manifestaciones de entusiasmo, coherencia radicalización y totalidad de manera que tal unión impregne todas las relaciones y tareas de la persona.
Junto a la dignidad de la persona está como gran valor la comunidad pero humanizada. Es decir: el grupo social, político o religioso merece el calificativo de comunidad con valor real en la medida en que los derechos humanos estén presentes en las estructuras y en las relaciones, interpersonales e internacionales. A esa situación llamamos “navidad” pero interpretada como el nacimiento de un mundo mejor, de una comunidad universal humanizada. Ahora bien, para que se produzca tal “navidad” es preciso que durante el “adviento” del tiempo presente, todos tomemos conciencia de las exigencias de los derechos y deberes humanos; asumamos el compromiso de dar pasos convincentes hacia la meta que consiste en una vida digna y practiquemos la solidaridad y el amor interpersonal.
La situación actual del mundo es de muchas esperanzas, de mucho “adviento”, por las necesidades que padece. El creyente tiene razón para preguntarse sobre la real Navidad en el mundo actual. Y el mismo creyente cristiano puede dar la respuesta concreta y la más posible si tiene presente al prójimo, da gracias a Dios y procura mejorar en los valores que faltan en el mundo
Vivimos en un mundo en “adviento” porque está:-sin paz, como un tren alocado por la crisis, cambio o transformación acelerada y profunda que afecta a los criterios, estructuras, las instituciones y personas;
-sin rumbo, como una torre de babel por la confusión ideológica debido a la mezcla de ideas diferentes y opuestas que bombardean a la aldea global;
-sin ética, como un sunamis por la revolución en las costumbres en los valores de la libertad y de la conciencia exaltadas y que se manifiestan en el subjetivismo y relativismo;
-sin justicia, como un fariseo que defiende derechos y practica la injusticia, pues un alarmante porcentaje de la población mundial vive en la pobreza extrema, víctima de quienes tienen el poder y el dinero;.
-sin amor, como un hijo pródigo, un hombre endiosado que se aleja de la práctica religiosa y del Dios Amor.
Ante la situación actual el creyente cristiano colabora para la Navidad en el mundo con su amor al prójimo y…
-experimenta deseos de amar más a los más cercanos
-piensa que muchos pasarán una Navidad de lágrimas, miseria, soledad
-su vida es “navidad” -presencia de Dios- ante los que en él confían o esperan
-reencuentra el secreto de la felicidad: amar y merecer ser amado
-propone ser instrumento de paz y alegría ante los demás...como en Navidad
-se olvida de su felicidad y consuela a quienes pasarán días de tristeza
-busca primero la felicidad de los que le rodean antes que su propio bienestar
-continúa la Navidad de Jesús con “su” navidad de entrega a los demás
-alegra la vida de los deprimidos, de los ancianos, enfermos...
-consigue que estas fiestas no sean un ofensa contra Dios y los pobres
Da gracias a Dios y…
-desea que la paz de Dios inunde al mundo...y a su corazón
-celebra entusiasmado la visita de Cristo, Dios que nos salva
-reza con fe, esperanza y amistad a Cristo Salvador
-habla de Dios y de su amor a los hombres
-despierta la fe de los indiferentes con su esperanza y alegría cristiana
Avanza en su conversión y…
-reflexiona sobre la esperanza de la venida de Cristo y su amor en Belén
-interioriza el amor de Dios que comparte la suerte de los pobres
-admira la humillación de Belén para superar su orgullo
-lucha contra su agresividad e indiferencia con el testimonio de María y José
-no confunde la alegría navideña con el placer de consumir
-fortalece el propósito de ser “adviento-navidad”con su donación al prójimo
-protege con la esperanza cristiana el materialismo consumista
-prefiere dar su presencia y amor antes que cosas y felicitaciones rutinarias
-se esfuerza para que al final del Adviento y de la Navidad pueda decir:
“ahora soy mejor cristiano porque celebré y puse en práctica
la Buena Nueva de Cristo el Salvador;
“en “algo” he contribuido para que en el mundo haya un poco más de justicia, paz, verdad y amor..
No falta quien se declare enemigo de Dios pero la Buena Nueva de Jesús nos presenta al Creador y Señor como Padre que ama a todos, buenos o malos, justos o injustos. También Jesús ratifica el “amarás a Dios con todo el corazón y con todas las fuerzas”. Existe el amor mutuo pero, ¿podemos deducir amistad entre Dios y el hombre? La fe cristiana responde afirmativamente por el fundamento de la gracia bautismal y por el testimonio de tantos “amigos de Dios” a lo largo de la historia.
No es una ilusión sino una meta y una motivación sublime para el seguidor de Jesús comunicarse con Dios como Padre y Amigo. ¿Algo más? Todavía existe otra meta y otra motivación superior: la unión íntima con Dios que experimentaron los místicos.
EN EL ARTÍCULO CIEN La influencia de Dios en la conducta humana es constatada por la historia de las religiones. En el mundo ateo y de la indiferencia religiosa, hay que afirmar que tanto ayer como, hoy son incontables los que viven consagrados a Dios y, cuando la fe es perseguida como sucede actualmente en varias naciones, dan su vida por fidelidad a la fe cristiana. Ayer como hoy, la motivación religiosa permanece en la vida humana aunque no siempre sea auténtica por el interés, el miedo o el fanatismo religioso.
En los creyentes sinceros, Dios y la fe son factores influyentes en su vivir humano y lo manifiestan con variedad de expresiones. Los bautizados coherentes encuentran en Cristo, (primer modelo por su amor apasionado a Dios Padre), la suprema motivación para vivir y morir por Dios.
Al margen de la fe, muchos indiferentes, agnósticos, secularistas y ateos, admiran a Cristo y lo aceptan como motivación para una conducta ética justa, sincera, libre y pacífica. Pero nada más, porque ellos no necesitan motivaciones religiosas como sería el seguimiento de Jesús para difundir el reino de Dios.Sin embargo, hoy como ayer, para el cristiano convencido, seguir a Jesús ha sido la gran motivación que con mayor o menor intensidad ha presidido toda una vida. La historia constata cómo el amor a Jesucristo, siguiendo sus pasos, influyó en la vida de tantos bautizados que por Cristo se entregaron a Dios y a los hermanos. Un testimonio palpable ofrece Francisco de Asís cuyo ideal era vivir como Jesús. Y en los convertidos, en San Pablo y en tantos otros, Cristo fue la opción fundamental que configuró una vida entregada a la difusión del reino de Dios. A todo cristiano coherente interesa saber con claridad el por qué (fundamentos), el qué (identidad) y el cómo de las manifestaciones del seguir a Jesucristo.
Dios y la religión son las motivaciones más significativas para los creyentes pero no siempre son auténticas. El miedo, el interés y la manipulación corrompen las relaciones con Dios. Es el amor a Dios la fuente que garantiza la autenticidad del impulso religioso. Y es Cristo quien testimonia con su doctrina y su vida las dimensiones de la motivación religiosa auténtica.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
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