El individuo no puede contentarse con la meta de la propia realización, indiferente ante el bienestar de su familia y ante la colaboración para conseguir un mundo más humano. Aparcamos la meta familia para centrarnos en la corresponsabilidad necesaria para conseguir entre todos un mundo mejor, más humano, por la presencia de los derechos del hombre.
Constatamos cómo en nuestro tiempo, esta comunidad universal padece la injusticia para la mayoría de sus habitantes, víctimas en un mundo tren alocado, bajo los efecto del maremoto, confundido como torre de Babel, y con muchos de sus dirigentes, hipócritas que defienden los derechos humanos pero practican la injusticia institucional.
Un mundo en esta situación pide a gritos convertirse en una comunidad humanizada, en un mundo mejor o por lo menos que no sea tan malo. Pero nadie duda que afrontamos un objetivo muy difícil, casi imposible de conseguir. No obstante se trata de una meta a la que se puede llegar con la colaboración de todos. Por lo tanto habrá que rechazar el egoísmo de la realización personal o del desarrollo de “mi” familia, pueblo, autonomía o nación.
¿Y qué podemos y debemos hacer cada uno de nosotros? Por lo menos tomar conciencia en qué consiste el mundo como una comunidad humanizada, regido por los derechos humanos para facilitar una vida digna a sus habitantes. Y a continuación, ponemos el “granito” de arena en la práctica de la justicia, la paz y de la ayuda mutua o corresponsabilidad. Es el objetivo de este artículo. Seamos optimistas. Sí, se puede mejorar el mundo.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn