Es un hecho universal: los seres humanos tienen como objetivo alcanzar toda o parte de la felicidad; quieren ser felices. Y la expresión más concreta de la felicidad se manifiesta en la realización personal. Ahora bien ¿es admisible toda realización personal? ¿cuándo podemos calificar de egoísta o de auténtica la tarea de la autorealización? La respuesta depende del enfoque. Puede darse una realización de tipo “narcisista” y por lo tanto dominada por el egoísmo, y puede darse la realización aceptable del “hombre para los demás”
Es un hecho universal: los seres humanos tienen como objetivo alcanzar toda o parte de la felicidad; quieren ser felices. Y la expresión más concreta de la felicidad se manifiesta en la realización personal. Ahora bien, ¿es admisible toda realización personal? ¿cuándo podemos calificar de egoísta o de auténtica la tarea de la autorealización? La respuesta depende del enfoque. Puede darse una realización de tipo “narcisista” y por lo tanto dominada por el egoísmo, y puede darse la realización aceptable del “hombre para los demás”
Después de los muchos artículos sobre los valores expondré la última sección de la primera parte de Ser y vivir hoy con los interrogantes sobre metas y motivaciones. Desde una perspectiva o desde otra, nos fijamos en las metas. Cada persona pretende su realización personal; si es miembro de una comunidad, aspira a una vida digna para los demás; como cristiano coherente deseará colaborar con Cristo en la instauración del reino de Dios en comunión con la Iglesia. En cuanto a las motivaciones me parecen más decisivas el amor, el ideal de vida, la opción fundamental, la fe en Dios y la esperanza para vivir en el más allá. La unión con Dios es para muchos la gran motivación y la meta suprema.
Después de los muchos artículos sobre los valores expondré la última sección de la primera parte de Ser y vivir hoy con los interrogantes sobre metas y motivaciones. Desde una perspectiva o desde otra, nos fijamos en las metas. Cada persona pretende su realización personal; si es miembro de una comunidad, aspira a una vida digna para los demás; como cristiano coherente deseará colaborar con Cristo en la instauración del reino de Dios en comunión con la Iglesia. En cuanto a las motivaciones me parecen más decisivas el amor, el ideal de vida, la opción fundamental, la fe en Dios y la esperanza para vivir en el más allá. La unión con Dios es para muchos la gran motivación y la meta suprema.
Benedicto XVI ratifica la doctrina escatológica: después del juicio y de la purificación, el bienaventurado se encontrará con Dios, llegará a la meta final, a la vida eterna. Pero antes, en la tierra, tendrá que clarificar bien dónde está Dios con su reino y aceptar que la gran esperanza del hombre sólo puede ser Dios que nos ama. ¿Y qué sucede? Que muchos, en la tierra, no desean la vida eterna por ser un obstáculo aburrido, insoportable. Urge entender bien que la vida eterna o cielo es plenitud y que consiste en un sumergirse en Dios. Desde la perspectiva de la esperanza teologal y con su estilo peculiar, Benedicto XVI actualizó la doctrina de los místicos Juan y Teresa así como la de su antecesor Juan Pablo II.
Quien atraviesa con Cristo el valle de la muerte sufrirá el proceso previo a la salvación que consiste en el juicio y en el proceso de purificación. La Encíclica que comentamos, la Spe Salvi de Benedicto XVI, sí afronta el tema del juicio con bastante extensión y claridad. Y también trata el tema del purgatorio, pero con un enfoque especial dentro del encuentro purificador con el Juez Salvador. Por supuesto: queda claro tanto la existencia del purgatorio como la necesidad de la ayuda a los difuntos.
Para la Spe Salvi, el final de esta vida es como el valle de la muerte atravesado por tantos cristianos coherentes que siguieron los pasos de Cristo pastor e invocaron a la Virgen María, estrella del mar (6). Ellos, fortalecidos por la oración, son luces de esperanza como un San Agustín, que gracias a su esperanza se dedicó a la gente sencilla; el mártir Pablo Le-Bao-Thin († 1857) que transformó el sufrimiento mediante la fuerza de la esperanza; el Cardenal Nguyen Van Thuan fortalecido por la comunicación con Dios durante los trece años en la cárcel. Y también como santa Josefina Bakhita que también es modelo de lo que significa encontrar realmente a Dios, el verdadero Amo y Señor.
El protagonista peregrino necesita un medio, ¡un puente!, que le facilite el paso de la tierra a la otra orilla, a la vida eterna. En la encíclica Spe salvi aparece bien claro que es Cristo-camino. El Salvador ofrece a toda persona una esperanza fiable y todo un mensaje salvífico para peregrinar durante su estancia en la tierra, un mensaje que se resume en el amor, en el ofrecimiento y en la aceptación del sufrimiento. He aquí resumido el pensamiento del Papa, a veces con textos explícitos o, simplemente, con referencias.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn