Iglesia conflictiva: ¿Qué decisión tomar en las alternativas opuestas?
01.06.09 @ 13:56:46. Archivado en Iglesia
Para muchos, la Iglesia no es creíble, no les convence ni las estructuras ni la pastoral. ¿A qué será debido? Destaco entre los factores posibles la conflictividad reinante, la situación de cruces de caminos en que se encuentra la institución eclesial y muchos de sus miembros. Hoy día, se acentuó la duda de quien tiene que elegir entre dos alternativas opuestas y entra en conflicto porque tiene que aceptar una alternativa con riesgo y rechazar otra, también con riesgo. Y si la Iglesia no acepta su opción, la Iglesia no es creíble. Hoy día nos encontramos con una Iglesia en conflicto y conflictiva en sus miembros. Es lo que le sucede al católico desafiado por varias posibilidades. Por ejemplo: el conflicto que surge cuando ha de elegir entre una conducta regida por la autonomía o la heteronomía, (subjetivismo o legalismo, obediencia o libertad, norma o decisión de la conciencia), el uniformismo o el pluralismo, el Dios teocentrista o el dios del secularismo; la Iglesia de ayer o la de hoy; una iglesia institución o la iglesia carismática, el espíritu del Vaticano II o uno nuevo ratificado por un Vaticano III. Junto a los conflictos expondremos algunos criterios de la creatividad para una Iglesia creíble
Autonomía o heteronomía, subjetivismo o legalismo
En 1991 la editorial Sígueme de Salamanca me publicó Moral conflictiva, obra que analiza cuatro criterios clave en la vida de la Iglesia: el conflicto, el riesgo, la comunión y la creatividad. ¿Con qué finalidad? Con la intención de encontrar la dialéctica de la creatividad abierta a respuestas nuevas, creadoras que superen el riesgo de la radicalización, que mantengan la comunión y ayuden a superar los conflictos actuales. ¿Qué conflictos? Múltiples, los que están presentes en el área personal, en la social, en la religiosa y en la eclesial.
En el área personal destaca como resumen, el conflicto entre la autonomía y la heteronomía. Es la alternativa de siempre pero hoy acentuada con el predominio de la opción que más favorece a la libertad de la persona. Sociológicamente supera la permisividad al deber, la conciencia a la ley, la situación al principio, el tono ético indicativo al imperativo, la subjetividad ética a la objetividad. Por una parte la autonomía recoge los deseos del hombre actual de obrar libremente, sin presiones externas que le puedan condicionar. Por otra parte está la heteronomía como resumen de la fuerza ética externa a la persona presentada en varias modalidades. Puede ser la autoridad que manda con la obligación de obedecer. Surge también el conflicto entre la conciencia y la ley que obliga desde fuera como norma objetiva. Esta alternativa tiene muchas repercusiones para la conducta del católico ante la autoridad del magisterio.
Uniformismo o pluralismo El conflicto surge cuando hay que elegir solamente una alternativa o cuando se puede optar una entre varias. Una aplicación se da en la salvación en un camino exclusivo o la posibilidad de elegir entre diversas religiones. Es muy difícil la creatividad para una Iglesia creíble si no se plantea el pluralismo, arma de doble filo pero imprescindible. La actitud pluralista puede ser una legítima expresión de la libertad religiosa y también una puerta para el ecumenismo irenista o el relativismo ético.
El Vaticano II expuso los criterios de comunión sobre el aceptable pluralismo religioso. Y puntualizó el camino a seguir en las relaciones de la Iglesia católica con otras comunidades eclesiales, muy especialmente con la iglesia ortodoxa y, en menor grado, con la iglesia anglicana. No se trata simplemente de aceptar que existen personas que se salvan fuera de la Iglesia católica, sino que hay tradiciones religiosas no cristianas que constituyen un camino de salvación para buena parte de la humanidad pues «debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual» (GS 22)..
Un Dios teocentrista o el dios del secularismo
Javier Garrido en su libro El conflicto con Dios hoy (Sal Terrae, Santander 2000), plantea temas que tienen como fondo a Dios como conflicto hoy día. Y concreta la autoridad de Dios ante la libertad y el amor del hombre; la ley de Dios en choque con la autonomía humana; el monoteísmo afectivo (primer mandamiento) que aparece como «rival» del amor humano; la culpabilidad enfermiza del pecado, obstáculo para la salvación; el mundo secular con sus reservas ante la omnipotencia de Dios, el problema del mal que cuestiona la existencia de un Dios bueno; y el tema de la persona como algo sagrado ante lo divino. En definitiva, conflictos, obstáculos para unas relaciones normales entre Dios y el hombre. Ante una imagen teocentrista se sitúa el secularismo con la interpretación “del Dios en lo alto”.El creyente acepta su existencia pero no la vinculación. El Dios teocentrista y el dios del secularismo está superado con la doctrina de Cristo sobre Dios Padre universal al que rezamos “hágase tu voluntad”.
La Iglesia de ayer o de hoy
Ruiz de la Peña en su obra Crisis y apología de la fe, Evangelio y nuevo milenio (Sal Terrae, Santander 1995), planteó entre otros temas el de la democracia en la Iglesia, el ejercicio de la autoridad, los derechos humanos (en la Iglesia), la función de los laicos, el papel de la mujer en la Iglesia y el celibato sacerdotal con sus razones a favor y en contra.
La Iglesia de antes y de ahora. Ruiz de la Peña describe a la Iglesia no como lo fue antes, detentadora del poder, animadora y controladora de la realidad intelectual, cultural y social, sino más bien como una comunidad orante, mística y confesante. Insistía el autor: ante la presión social de agnósticos e indiferentes sólo puede resistir la Iglesia de los arraigados en una experiencia religiosa sólida, en una vivencia auténtica de la gracia. Que sea la Iglesia una comunidad misional y comunidad fraterna. En ella, la radicalidad y universalidad del amor resulta ser, pues, el distintivo más genuino de esa comunidad. A todos urge tomar conciencia de que la Iglesia no es una organización sino un organismo que irradia una vitalidad propia, la del amor misericordioso.
Iglesia-institución o Iglesia carismática
Sigue la polémica entre una iglesia institución que «coarta» la libertad y una iglesia carismática donde la libertad goza de mayor amplitud. El tema clásico de la autonomía y heteronomía que tanto afecta a las relaciones con Dios cobra hoy especial actualidad con el radicalismo progresista. ¿Dónde está el desafío? Para Martín Velasco: «se trata de pasar de la institucionalización resumida en el modelo de Iglesia-sociedad perfecta, con un predominio absoluto de la jerarquía convertida en su centro, al modelo de fraternidad propuesto por el Nuevo Testamento, comunidad de hijos del Padre común, iguales en dignidad y en derechos; todos activos y corresponsables; todos dotados de diferentes carismas y destinados a diferentes ministerios; todos puestos al servicio del Reino, a través del servicio a los hermanos y al mundo» (Metamorfosis de los sagrado y futuro del cristianismo, Sal Terrae, Santander 1998, 39).
¿Qué reformas se requieren? El mismo teólogo Martín Velasco expone de este modo la alternativa entre iglesia-institución o iglesia carismática: no se trata de reformas superficiales, ni en la insistencia en exhortaciones voluntaristas o ingenuamente supranaturalistas dirigidas a los cristianos. Una crisis tan radical como la actual está exigiendo toda una recomposición del creer; toda una reconstrucción de la institución cristiana basada en el único criterio válido, la Escritura y la tradición cristiana, pero leídas a la luz de esos signos de los tiempos que nos permiten actualizarla al «aquí y al hoy» de nuestra historia.
¿Qué pasos habría que dar? Según el teólogo citado habrá que tener presente: 1º la recomposición de la experiencia de la fe y la consiguiente personalización de la vida cristiana; 2º la reconversión de la institución de la Iglesia en la línea de la constitución de una comunión de fraternidades y el logro de una forma de presencia en el mundo que evite, por una parte, los intentos de dominio de las distintas esferas de la vida social y cultural y, por otra, la privatización del cristianismo y la reducción de los cristianos a la insignificancia social y cultural.
Iglesia autista o Iglesia fragmentada Henri Tincq, periodista de Le Monde, centra su obra entorno a los Desafíos para el papa del tercer milenio (Sal Terrae, Santander 1998). Este autor rechaza el doble extremismo de una Iglesia fragmentada y diluida y el de una Iglesia autista y aislada. El presidente de la asociación francesa de informadores religiosos opta por el impulso creativo y renovador. Para nuestro cometido será suficiente con repetir los subtítulos de los capítulos.¿Volver a un ejercicio más modesto del papado? ¿Descentralizar el gobierno de la Iglesia? ¿Ordenar a hombres casados? ¿Abrir de par en par la puerta a las mujeres? ¿Acelerar la reunificación de los cristianos? ¿Resistir a los integrismos? ¿Responder a la búsqueda de sentido? ¿Responder a las sectas mediante la inculturación? La Iglesia está en conflicto porque muchos católicos convierten los interrogantes en afirmaciones con admiración mientras que a otros les molesta el planteamiento.
Ante éstos y ante otros desafíos se encuentra la nueva evangelización.
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Urbano Sánchez García
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