Es comprensible que todos los que no tienen fe rechacen la realidad de un más allá, el cielo. Sin embargo las razones son diferentes, tanto en el ateísmo como en la cultura secularista y posmoderna.
Entre los valores fundamentales del cristianismo está el del cielo o vida eterna o salvación del alma o vida con Dios en el más allá. Pero ¿a quién interesa el más allá de la muerte? Porque es de lamentar que muchos bautizados, no solamente los que perdieron la fe, sino también muchas personas piadosas y practicantes, se conforman con la práctica de la caridad, la piedad y la confianza en Dios. Y punto. Viven la espiritualidad del AT pero no la esperanza de resucitar con Cristo resucitado.
Los artículos anteriores trataron sobre la Iglesia como valor. En adelante, ocupará nuestra atención otro de los valores fundamentales del cristianismo: el cielo, la salvación o vida eterna con estos interrogantes ¿a quién interesa hoy el tema del cielo? ¿Por qué se rechaza y por qué se acepta la vida después de la muerte? ¿Qué haremos en el cielo? ¿Comienza el cielo en la tierra? Y algún que otro interrogante más.
Ante las alternativas y desafíos, la Iglesia debe dar una respuesta con la “nueva evangelización”. ¿Lo hace? ¿Es más de lo mismo de siempre? ¿A quién corresponde su realización? ¿Habremos de esperar de la jerarquía las consignas y el modus operandi? ¿No es cierto que la comunidad de bautizados comprende a los que quieren y pueden evangelizar, a la oveja fiel en el rebaño con un mínimo de porcentaje de bautizados, y a todos aquellos que están alejados de la práctica religiosa, de la Iglesia y de la misma fe, las 99 ovejas perdidas? Aquí el buen pastor, la Iglesia, afronta el reto de trabajar para actualizar la fe de los que permanecen en casa y trabajar para que todos, jerarquía y fieles, aunen sus tareas para evangelizar a todos los alejados y a todos los cercanos. Ahora más que nunca urge a los discípulos de Jesús actualizar su condición misionera.
Para responder a los desafíos y conflictos que afronta la Iglesia, surge con ilusión y entusiasmo la nueva evangelización, lanzada por Juan Pablo II en la XIX Asamblea del Celam y confirmada por Benedicto XVI en Aparecida, la V Conferencia del Celam: “Juan Pablo II os convocó para una nueva evangelización, y vosotros respondisteis a su llamado con la generosidad y el compromiso que os caracterizan. Yo os lo confirmo y, con palabras de esta Quinta Conferencia, os digo: sed discípulos fieles, para ser misioneros valientes y eficaces”. Pero después de 43 años del Vaticano II, es lógico que nos preguntamos ante la nueva evangelización: ¿a quién convence esta iniciativa? Para una respuesta adecuada será conveniente concretar bien su identidad, objetivos y destinatarios.
Junto a las alternativas expuestas en el artículo anterior, están los desafíos que interpelan a la comunidad eclesial. Enumeremos algunos de ellos: la elección del rostro para una “nueva iglesia”, el discernimiento ante las ideologías para aceptar sus valores positivos, las exaltaciones intraeclesiales para que unos y otros se acepten en clima de pluralidad, las críticas contra las estructuras eclesiales para cambiar aspectos por muy tradicionales que sean, las causas del alejamiento de tantos bautizados para revisar a fondo la evangelización, etc.
Para muchos, la Iglesia no es creíble, no les convence ni las estructuras ni la pastoral. ¿A qué será debido? Destaco entre los factores posibles la conflictividad reinante, la situación de cruces de caminos en que se encuentra la institución eclesial y muchos de sus miembros. Hoy día, se acentuó la duda de quien tiene que elegir entre dos alternativas opuestas y entra en conflicto porque tiene que aceptar una alternativa con riesgo y rechazar otra, también con riesgo. Y si la Iglesia no acepta su opción, la Iglesia no es creíble. Hoy día nos encontramos con una Iglesia en conflicto y conflictiva en sus miembros. Es lo que le sucede al católico desafiado por varias posibilidades. Por ejemplo: el conflicto que surge cuando ha de elegir entre una conducta regida por la autonomía o la heteronomía, (subjetivismo o legalismo, obediencia o libertad, norma o decisión de la conciencia), el uniformismo o el pluralismo, el Dios teocentrista o el dios del secularismo; la Iglesia de ayer o la de hoy; una iglesia institución o la iglesia carismática, el espíritu del Vaticano II o uno nuevo ratificado por un Vaticano III. Junto a los conflictos expondremos algunos criterios de la creatividad para una Iglesia creíble
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn