Iglesia reformanda ¿Qué actitud adoptar para una Iglesia creíble?
28.05.09 @ 13:06:19. Archivado en Iglesia
En España, una encuesta colocaba a la Iglesia en el penúltimo lugar como institución creíble. Lamentable realidad: muchos católicos no creen en la Iglesia. Tanto la actitud radicalizada conservadora como la progresista no ven creíble la actual Iglesia católica: los conservadores opinan que la Iglesia «se pasa» en su respuesta global, y los progresistas critican a las estructuras eclesiales porque «no llegan» a las necesidades de la evangelización para el cristiano de hoy día. ¿Existe alguna actitud que sea alternativa y no esté radicalizada por lo antiguo o por lo nuevo? Sí, la actitud que propugna la creatividad para una Iglesia creíble en su doctrina, en su estructura y en su actuación.
La creatividad, clave para superar la tensión entre lo antiguo y lo nuevo
La creatividad en el dinamismo de la Iglesia surge por la tensión entre las nuevas propuestas e iniciativas que hoy se presentan y las estructuas antiguas que todavía rigen, entre las nuevas situaciones y las antiguas respuestas. Con diversas nomenclaturas, aparece el binomio conflictivo entre lo antiguo y lo moderno que hunde sus raíces en una problemática más profunda: ¿qué es lo permanente-absoluto del ser y del dinamismo de la Iglesia y qué es lo cambiable-relativo? La respuesta es diferente según sea la actitud conservadora o progresista.
Factores que agudizan la tensión entre antiguo y nuevo.
Lo nuevo-moderno es como un río impetuoso que pide un cambio universal, rompe con lo establecido y descalifica verdades, costumbres e instituciones que fueron consideradas como válidas en el pasado. Y hay que reconocerlo: el río-historia-cambio ha generado nuevas situaciones, una «nueva cultura» y un «hombre nuevo» con las denominaciones del hombre de la ciudad secular, el postmoderno o ultramoderno.
Un nuevo rostro
Hoy día se ha forjado un rostro diferente, nuevo, del mundo que pasó rápidamente de la modernidad industrial a la posmoderniad de las nuevas técnicas. No lo ocultemos: la opción por lo nuevo-moderno es el denominador común que aparece en las diversas maneras de interpretar las relaciones entre el hombre y Dios que afectan al dinamismo de la Iglesia. ¿Quedarse en lo antiguo? ¿Lanzarse sin más a lo nuevo? ¿Será mejor una actitud creadora? Optamos por la creatividad.
Rasgos de la creatividad La creatividad se caracteriza por la presencia de algo nuevo, la invención del hombre en cualquiera de las áreas de la actividad humana y por la producción total de una cosa. Crea quien engendra, da existencia, forja, trasmite ideas originales, imagina, funda, inventa, organiza, plasma, produce...
Viene a ser la creatividad como la capacidad del genio humano para introducir por primera vez una idea, una estructura o una forma de vida. Recibe con todo derecho el calificativo de creadora la capacidad actualizada del ser humano de producir transformaciones notables en su existencia personal o comunitaria.
La creatividad es el motor del progreso. Y uno de sus frutos es el impulso hacia adelante que da al pensamiento, al arte o a la ciencia. También en las relaciones con Dios según el cuadro diferente de la historia. Es el objetivo «creador» de muchos movimientos de la religiosidad alternativa al presentar modos diferentes del pasado de relacionarse con Dios o con el Absoluto.
El núcleo más íntimo de la creatividad radica en el paso de lo antiguo, de lo que ya se poseía, a lo nuevo que responde mejor a la situación presente. En el campo religioso existen criterios y mediaciones que fueron plenamente aceptados en el ayer pero que hoy quedan desfasados. Es lo que opinan muchos secularistas y católicos en la posmodernidad sobre el dogma, la moral, la liturgia y la pastoral de la Iglesia católica. Antes de afrontar los desafíos concretos y los posibles cambios afrontemos el «espíritu» de la creatividad: la síntesis innovadora.
La síntesis innovadora como actitud para una Iglesia creíble
La síntesis, tal como la entendemos, arranca de la fidelidad a la propia identidad, (coherencia con la comunión eclesial en nuestro caso), pero con el deseo de ensancharla y sin el riesgo de cualquier tipo de radicalización. Es una actividad que, ante dos alternativas en tensión, logra que no se rechacen, sino que se integren, como partes complementarias, en un todo superior en contenido y posterior en tiempo.
Al hablar de síntesis evitamos un concepto falsificado como es el de la yuxtaposición de conceptos o el sincretismo ideológico de conceptos contradictorios. Tampoco la síntesis es la actitud irenista de quien dice «sí» a todos para no comprometerse con nadie. Se ha de superar también la síntesis como resumen bien intencionado de los aspectos comunes de actitudes radicalmente opuestas.
El equilibrio puro no existe en la síntesis innovadora porque responde a una actitud aséptica. No. Porque además de síntesis se añade «innovadora» para expresar una opción clara por lo nuevo, por la creatividad. La síntesis no mutila ni contemporiza, sino que ofrece una idea-puente que abre horizontes hacia una tercera alternativa.
El proceso de la síntesis innovadora Comprende varias fases:
-la presentación del conflicto religioso como alternativa entre la mediación antigua y la nueva. Este conflicto está presente, por ejemplo, en los desafíos señalados en la obra de Henri Tincq, Desafíos para el papa del tercer milenio;
-el análisis de las vivencias radicalizadas manteniendo la comunión con la propia identidad;
-el discernimiento entre el núcleo permanente, y su formulación cultural. Un ejemplo práctico lo tenemos en los criterios sobre la Nueva evangelización;
-la justificación del riesgo asumido con la suficiente lucidez para encontrar los criterios de convergencia o armonía. Siempre estará la dinámica de quien defiende un sano pluralismo y sabe dialogar respetuosamente con la verdad ajena.
Con todo lo anterior se podrá pasar de la comunión a la creatividad, a la respuesta de centro hacia adelante que no rompe con la comunión. La creatividad suele recibir el rechazo del “hoy” y el aplauso del “mañana”. Gracias a este equilibrio que anima a la síntesis innovadora se pueden integrar las alternativas en tensión en un todo superior. El concepto armonizador es un puente que engloba antiguo y nuevo pero opta por la novedad, da un paso hacia adelante y se sitúa en el centro del péndulo.
¿Qué actitud adoptar para una Iglesia “creíble”? En los próximos artículos tenemos ocasión de dar algunas de las respuestas. Tema difícil y arriesgado.
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Urbano Sánchez García
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