La experiencia pastoral confirma el testimonio de personas católicas que unen su fe a la práctica religiosa y al amor fraterno. Por su parte, la reflexión teológica estructura los rasgos fundamentales del católico coherente como persona, creyente, seguidor de Cristo y miembro de la comunidad eclesial. ¿Cómo representar la personalidad completa del católico coherente? Mediante una circunferencia dividida en 4 partes a modo de grandes manifestaciones en el área de los valores humanos, de la religiosidad, del seguimiento y de la comunión eclesial.
Ante los hombres: práctica de los valores y de las virtudes humanas
Como adulto, el católico practica como fundamento de toda su vocación:
-la verdad, la justicia, la libertad, el respeto, la responsabilidad, la ayuda al necesitado, el servicio, la generosidad. Y todo bajo el impulso del amor cristiano;
-la paz y la felicidad en el ambiente donde se desenvuelve mediante el diálolgo reconciliador, paciente y humilde;
-la corresponsabilidad para humanizar al mundo según sus posibilidades en el área cultural, social y política.
Ante Dios: vivencia de la fe y de la religiosidad
Como todo creyente, el católico:
-sitúa a Dios en el corazón de su existencia y le trata según el texto bíblico: «amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente....» (Mt 22, 37-40; cf. Dt 6,5; Lv 19,18). Y no se avergüenza de manifestar su fe y amor ante quien sea...porque le ama sobre todas las cosas;
-por amor cumple los mandamientos resumidos en la entrega total a Dios, el respeto a su nombre y el culto mediante la santificación de las fiestas;
-se relaciona con Dios en la oración como padre y amigo. Y en esta comunicación amistosa se da el diálogo íntimo y confiado de hijo con su Padre;
-practica el culto comunitario o individualmente: adora, alaba, agradece, repara y ofrece su vida a Dios. Por el Dios verdadero renuncia a toda idolatría;
-tiene presente a Dios no solamente en las necesidades sino en toda la vida: en sus relaciones, tareas y acontecimientos. Y con la oración se llena de la fortaleza divina para vivir y caminar hacia el encuentro con Dios en la vida eterna.
Ante Cristo: respuesta de seguimiento y de colaboración El miembro de la Iglesia católica, como todo bautizado:
-toma conciencia de ser “otro Cristo”, un hombre nuevo en su ser y en su vivir. Por lo tanto procura pensar, sentir y actuar como actuaría Jesús;
-interioriza el ejemplo de Cristo, siempre sincero, justo, libre, pacífico, amante de la vida y entregado a Dios y al prójimo;
-colabora en el Reino-Reinado de Dios según sus posibilidades mediante el cumplimiento de la voluntad de Dios. Y así manifiesta su condición de hijo en el Hijo y de hermano de la familia de Dios;
-acepta la conversión: el mensaje evangélico que pide morir al hombre viejo para configurarse de modo progresivo con el hombre nuevo en Cristo. Y, coherente, lucha contra las tentaciones, pide perdón y perdonas a quien le haya ofendido;
-lee, escucha y ama la Palabra de Dios para acomodar el mensaje general a la situación particular de su vida. Y como requisito: el estudio frecuente de la Biblia.
Ante la Iglesia: comunión y coherencia El cristiano como miembro corresponsable en el Pueblo de Dios:
-es consciente de pertenecer a la comunidad eclesial con unos derechos y unos compromisos que son aceptados con actitud de comunión coherente;
-admira a la Iglesia en todos sus miembros por lo que es, y la ama agradecido por los dones recibidos;
-testimonia su comunión cuando acepta convencido su organización, obedece al magisterio, cumple los mandamientos eclesiales, recibe los sacramentos y da a su espiritualidad un enfoque comunitario. Y así manifiesta que es coherente y practicante;
-participa en la Misa, corazón y cumbre de la vida de la Iglesia. Antes que una obligación o precepto, la asistencia a la Eucaristía dominical es un privilegio para poder santificar el nombre de Dios en el “día del Señor” y recordar la Resurrección de Cristo. También es una ocasión para adorar a Dios, reparar sus pecados, escuchar la Palabra, reafirmar la fe, ofrecer su vida, interiorizar el Misterio Pascual, orar por la Iglesia y el mundo, recibir la paz y el cuerpo de Cristo que le fortalece y vigoriza la esperanza
-ama a la Virgen María por su maternidad divina, la cooperación en la obra redentora, su constante intercesión ante Dios, y por el “SÍ” que dio en la Encarnación prolongado en su vida y culminado al pié de la cruz;
-colabora de modo corresponsable en la evangelización y cultiva la propia formación para ser un adulto en la fe capacitado para difundir sus convicciones religiosas y poder manifestar a otros el sentido de por qué vivir, sufrir y morir.
Jueves, 16 de febrero
Urbano Sánchez García
Francisco Baena Calvo
Jose Luis Cortés
Salvador García Bardón
Asoc. Humanismo sin Credos
Pedro Tarquis
Carmen Guaita
Josemari Lorenzo Amelibia
Desiderio Parrilla Martínez
Juan Fernandez Krohn
Vicente Haya