Iglesia fortificada: Pero ¿existen católicos auténticos?
20.05.09 @ 14:02:10. Archivado en Iglesia
Por una parte, una mayoría de los bautizados se alejan de la Iglesia, y por otra parte son pocos los católicos coherentes. Ante esta situación un tanto negativa cabe preguntarse: ¿es que no existen católicos auténticos que sean practicantes y coherentes? Desde mi experiencia pastoral respondo afirmativamente . En los años de ministerio sacerdotal, tanto en España como en América, he tenido oportunidad de tratar con personas a las que califico de católicos convencidos y que convencen. En unas personas, destacaban sus valores y virtudes humanas; en otras predominaba la fe de la religiosidad popular. Cristo y la radicalidad del Evangelio constituían los rasgos predominantes del tercer grupo. Y por último, traté a muchos católicos comprometidos en el apostolado. En todos, de una manera o de otra, la comunión coherente y la práctica religiosa.
LOS VALIENTES ME EVANGELIZARON
Es un tópico pero confieso que se ha realizado en mí: muchas personas me evangelizaron con su testimonio. Ahora recuerdo a:
-las madres que con su coraje, amor, sacrificio y responsabilidad atendieron a su casa, al hijo drogadicto y al esposo enfermo sin dejar su trabajo profesional y la presencia en la Iglesia. ¡Tenían tiempo para todo y encontraban en Dios la fuerza para salir adelante y superar las dificultades! Así se explica la adoración por la madre en algunas culturas: el machista maltrata a la esposa pero “adora” a la madre;
-tantos esposos y padres que unieron a su profesión y apostolado las tareas del hogar, velaron por la felicidad de su esposa a la que permitieron que trabajara en su profesión y actuara con libertad.
EL CAMINO DE LOS SENCILLOS PARA LLEGAR A DIOS
En un segundo grupo tengo presente a personas de poca cultura y escasa formación religiosa pero con mucha fe que, desde la piedad popular, testimoniaban el amor profundo a Dios y su fidelidad a la Iglesia. Todavía me impresiona el recuerdo de
-algunos índígenas peruanos con su confianza en Dios, la devoción a los santos, el respeto al sacerdote y la práctica coherente de sus tradiciones religiosas;
-las plegarias y promesas de tantos mexicanos que se acercan al santuario de la Virgen de Guadalupe poniendo toda su confianza en Dios y en su madre. A ellos les exponían sus muchos problemas y de ellos esperaban la respuesta a su petición, respaldada con sacrificios heroicos;
-la devoción al Corazón de Jesús, en España, en personas de profunda religiosidad expresada en el servicio constante a su familia, con su rosario y misa cada día;
-también en España, tantas personas devotas que palpan la presencia de Dios; lo sienten como la gran compañía que les da fuerza en el sufrimiento. Hablan con Él, y al Amigo le cuentan todo como al ser más querido y más presente.”¿Qué sería de mi vida sin Dios?” “Si no fuera por la otra vida con Dios, ésta no merece la pena”.
-de tantas personas, dentro y fuera de los conventos, que sin saberlo llegaron a la intimidad con Dios, a una profunda comunión interpersonal. Y reflejan la la unión que san Juan de la Cruz narra en La llama de amor viva y en el Cántico espiritual.
LOS AUDACES SEGÚN EL EVANGELIO
Seguir a Jesús con radicalidad es la dimensión más difícil del católico que se conforma con la piedad y el apostolado olvidando la lucha contra el egoísmo y los pecados capitales. Pero no faltan en mi experiencia pastoral la admiración por quienes me “avergonzaron” por:
la vida de pobreza con o sin voto pero dispuestos a llevar a Cristo pobre a su vida y a compartir la suerte de los más desfavorecidos;
-la decisión de caminar por la ascética a la mística manifestada en la oración y en la caridad con los necesitados enfermos, ancianos y personas que viven solas;
-la generosidad como esposos a la hora de planificar el número de hijos (8,10 y hasta 12) en un mundo pragmático donde tres hijos son considerados como familia numerosa. Estos esposos son los que no se rinden ante el dinero ni se dejan llevan de la comodidad; son los que confían en Dios y en los valores de una familia numerosa;
-la enfermedad pacientemente aceptada por los familiares que cuidan y que ofrecen su cruz por la Iglesia y el mundo entero;
-los cónyuges que sufren la opresión de su pareja y la ingratitud de los hijos. Por fidelidad al sacramento no dan el paso al divorcio o a la separación;
-la entrega total al prójimo necesitado prueban con obras su amor a Dios: unos con el servicio a los más pobres, otros con el amor a los que actualmente les hacen sufrir; y otros aceptando con paz y gratitud la cruz que les identifica más con Cristo y con los dolientes de todo el mundo;
-la fe y esperanza del creyente que ante el anuncio del fallecimiento de un ser querido responden: “feliz mil veces él, ya no sufre, ahora está con el Señor”;
LOS QUE RECIBEN Y DAN PARA UNA IGLESIA CREÍBLE
Es el grupo con el que más contactos he tenido en diversos apostolados. Católicos coherentes, unos vinculados a sus parroquias, otros a determinados movimientos de espiritualidad y apostolado. Todos, colaborando en la Iglesia por la construcción del Reino de Dios que es de verdad, justicia, libertad, paz, vida, amor y gracia. Con mucha satisfacción tengo presente a tantos:
-padres y madres que hablan a sus hijos adultos de la fe y les motivan para que retornen a la Iglesia. Pero la mayoría de ellos sufren porque sus hijos se han alejado de la práctica religiosa o se han casado solamente por lo civil o están divorciados o no quieren bautizar a sus hijos. Estos abuelos son los apóstoles silenciosos del hogar;
-seglares entusiasmados y orgullosos por su condición de miembros “activos” de la Iglesia. Son los que emplean tiempo, oración y dinero para que otros puedan reencontrar la fe en sus vidas, el amor en sus familias y el compromiso cristiano en la sociedad;
-grupos de jóvenes que manifiestan su fe a otros jóvenes y que se sacrifican por estar junto al Papa en los encuentros especiales;
-personas anónimas, las del pueblo, las que colaboran en silencio en las actividades de la parroquia o en una ONG, o simplemente por su cuenta pero siempre con la ilusión de dar a otros parte de lo que han recibido
¿Conclusión? Es mucho lo que debo agradecer al Señor por todos los cristianos que me evangelizaron y a los que presté mi ayuda. Y mi gozo porque la Iglesia desamparada también es consolada y fortificada por muchos de sus miembros a los que califico de católicos auténticos.
Comentarios:
Ya que conoce Sud América ¿considera cristianos auténticos a los que trabajan por los pobres en el entorno de la llamada Teología de la liberación? ¿Considera modelo de cristianos auténticos solo a los sinceros fieles mexicanos que van a la Virgen de Guadalupe a buscar solución a sus problemas terrenales? Por los grupos que cita me temo que dan una visión de la Iglesia muy escorada a lo tradicional y tiene en poco a los muchos que luchan con el evangelio en el corazón por hacer un mundo más justo...
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Urbano Sánchez García
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