El 15 de mayo, terminé la tercera parte de Ser y vivir hoy. Entonces propuse “un proyecto para el futuro, (para) una cuarta parte del blog Ser y vivir hoy. En unas ocasiones, serán artículos sobre la Espiritualidad estructurada y en otras, sobre problemática del pasado o del presente. Aprovecharé el gran acontecimiento de los 50 años del Vaticano II y…”
En este mes de junio reinicio el blog con la estructuración de la espiritualidad concretada en un proyecto de vida. Intento responder a quienes buscan los criterios que orienten la respuesta a los interrogantes más significativos de su vida. Para ello he procurado agrupar tales criterios en las categorías personales de mayor importancia. ¿Para quienes? No solamente para el cristiano sino para cualquier persona, creyente o de ideología atea, católica o de otra religión. Entre las posibles categorías y criterios, elegí los que considero más significativos. Y así, ante:
-EL MARCO HISTÓRICO: conocer el mundo en el que vivimos;
-LA INCÓGNITA DE QUIÉN SOY: la verdad sobre la persona;
-LOS VALORES: la interiorización y la manifestación en la conducta;
-LOS OBJETIVOS E IDEALES: la ilusión en lo que realizamos;
-LAS MOTIVACIONES: el entusiasmo y el amor en las tareas y relaciones;
-LOS COMPROMISOS: las respuestas de radicalidad;
-LAS DIFICULTADES Y OBSTÁCULOS: el valor y la fortaleza;
-LOS RECURSOS: la coherencia en el camino hacia la meta;
-TIPOLOGÍA Y ETAPAS: la fidelidad en el pasado y en el presente;
-EL BALANCE DE LA VIDA: humildad en la valoración de triunfos y fracasos.
La tercera fase de la vida de Alberto está marcada por la enfermedad, su apostolado en el Hospital, la creatividad que ejerció con su célebre Viacrucis, el final en la tierra y el comienzo de otra vida en el más allá de la muerte. Los criterios-clave están en armonía con el momento histórico: la cruz aceptada y agradecida, el viacrucis como respuesta al dolor humano, la búsqueda y encuentro con Dios, sin esperanza la fe queda mutilada, ascender por los numerosos peldaños, y, al final, Dios, cara a cara.
La segunda parte de la obra Peldaños hacia Dios (PHD), describe la espiritualidad de Alberto Navarro. Siguiendo la nueva vida del protagonista encontramos los criterios-clave sobre el Dios rechazado y amado, Jesús y María como los místicos insuperables, el pluralismo en los caminos hacia el Absoluto, los rasgos de la madurez cristiana, las interpretaciones sobre la Iglesia, la pérdida y recuperación de la fe, la fortaleza ante la incomprensión, la comunicación con Dios y la superación del orgullo gracias a la respuesta humilde ante el fracaso del teólogo primero de su diócesis.
Terminé la novela Peldaños hacia Dios (PHD) sobre la vida del pintor, cura y místico Alberto Navarro con su entrada en el cielo. Con esta obra he intentado traducir algunos de los temas doctrinales de mi blog Ser y vivir hoy en un relato histórico. Y con las posibilidades de un novelista principiante mezclé historia, ficción y drama, con problemática teológica y de espiritualidad cristiana. A lo largo de los 21 artículos han estado presentes algunos criterios de humanismo, de teología, y, sobre todo, de vida cristiana, las propias del ser y del vivir como seguidor de Cristo. Los criterios-clave que animan la primera parte de la novela Peldaños hacia Dios giran en torno a la historia del protagonista hasta su conversión. Los temas que sobresalen son: el odio y la paz personal, el influjo de Cristo, la necesidad de una personalidad completa, la armonía entre lo antiguo y lo nuevo, la justicia liberadora en comunión eclesial y la conversión ascendente. Para mejor información añado a la explicación de cada criterio, la trama histórica del capítulo correspondiente.
LA ÚLTIMA Y DEFINITIVA SORPRESA (15 Noviembre de 1989)
¿Qué sucedió con Alberto después de su fallecimiento en el Hospital? Pues que recibió por cuarta vez la visita de Jesús y María con quienes estableció un diálogo sobre su situación “después de muerto”. Ellos le comunicaron que muy pronto sería uno de los bienaventurados; iría al cielo pero no como algunos lo imaginan en la tierra sino que trataría a Dios de tú a tú; conseguiría la felicidad absoluta y tendría otras tareas gratificantes. El diálogo terminó bruscamente para comenzar, después de recitar una poesía, la sorpresa inimaginable, la última del pintor, cura y ahora, definitivamente místico.
Se agravó de tal manera la enfermedad de Alberto que recibió la Unción de los enfermos y se despidió de los amigos. Todo con gran devoción y dolor de los presentes. Para calmar el intenso sufrimiento del enfermo se impuso la sedación hasta que de modo inesperado falleció. En el entierro participó la mayoría de los sacerdotes diocesanos que escucharon la emocionada semblanza de Luis sobre la personalidad de Alberto, un buscador incansable de Dios a quien encontró en la cruz de su enfermedad. Finalmente y muy conmovido, el agnóstico doctor Álvarez leyó el mensaje de Alberto sobre la Resurrección.
El equipo médico diagnosticó al enfermo pocos meses de vida y Alberto comenzó a preparar su muerte y el encuentro definitivo con Dios. En su conversación con Luis manifestó que no tenía miedo al infierno pero sí al juicio y al purgatorio tal como él los interpretaba, como un proceso de purificación en el amor. Con el doctor Jorge Álvarez, católico de misa dominical pero que rechazaba toda existencia después de la muerte, comenzó un trato confiado que culminó en una amistosa polémica sobre el más allá de la muerte. Jorge expuso su posición agnóstica desde la razón y la historia. Como intelectual opinaba que el cielo quedaba reducido a una simple utopía. Por su parte, el teólogo Alberto prefirió comunicar sus experiencias y las razones que fundamentan el cielo y la esperanza cristiana. Por la debilidad del enfermo, el diálogo quedó cortado, se agudizaba la crisis. Pero en el médico agnóstico surgió la inquietud sobre la auténtica esperanza. Le impresionaron dos frases: el cristianismo es incomprensible sin la resurrección. Y, la fe sin esperanza es una fe mutilada.
Los técnicos alabaron el Viacrucis del pintor Navarro como una obra extraordinaria de arte, algo fuera de serie. Así lo creía Luis al escuchar las explicaciones de las últimas estaciones con otras tantas situaciones dramáticas y la correspondiente respuesta bíblica. Llegó la inauguración, todo un éxito para el autor. Al tener que presentarla, el artista y muy enfermo Alberto, resumió su vida como una búsqueda incansable de Dios en la pintura, la teología y la justicia social. Pero donde realmente encontró a Dios fue en la cruz aceptada y compartida con los otros enfermos.
Hospitalizado por la leucemia, el enfermo Alberto se alegró porque podía ejercer como sacerdote, buen pastor de los otros enfermos a los que visitaba y escuchaba. El gran teólogo convertido en un humilde pastor en un hospital. También pudo seguir pintando gracias al Viacrucis que su amigo Luis le encargó para su parroquia. Como enfoque de esta obra pictórica, eligió situaciones y preguntas dramáticas de los mismos enfermos procurando responder con la estación correspondiente. Alberto pintaba lo que vivía y con tal creatividad que despertó de todos. También Luis admiró la genialidad del pintor que, agotado, solamente le pudo explicar parte de su obra.
Gran sorpresa en julio de 1985: Alberto padecía cáncer de sangre. Urgía visitar a don Felipe que le expuso los criterios más radicales sobre la vocación del enfermo. El pintor enfermo continuó su vida de oración, de manera especial contemplando los 20 cuadros que componían la exposición de la sala llamada “Eucaristía y pintura”. Y con fortaleza y humildad, afrontó los sucesos del fatídico año 1987 que le ayudaron para descubrir el misterio de la cruz por el dolor, la calumnia, la humillación y el abandono de los amigos. Siempre animado, entró en el huerto de Getsemaní y puso en marcha su plan de pastoral con los enfermos. Y llegó a decir: “gracias, Señor por la leucemia. Ayúdame a vivir esta nueva vocación”. Sí, sucedió un milagro en la vida de Alberto.
Extraordinario el mensaje de la segunda visita de Jesús y María, pero el prudente Alberto guardó estricto silencio para evitar conflictos mayores. Y con normalidad transcurrió su vida hasta que el primer teólogo de la diócesis, el doctor Navarro, sufrió una gran derrota ante su alumno Javier en la Asamblea para celebrar los 20 años del posconcilio (1965-1985). Alberto fracasó ante el clero y en poco tiempo cayó en depresión. Fue entonces cuando recibió la tercera visita de Jesús y María quienes le reprocharon su orgullo y le exhortaron a la humildad para recuperar la paz. Consolado y atrevido, Alberto formuló dos preguntas más. A todo recibió respuesta. Y además, una recomendación sobre su salud corporal
Cuando parecía que Alberto se había olvidado de la primera manifestación y cuando menos lo esperaba, escuchó por segunda vez a Jesús que le habló. Más aún, el Hijo y la Madre animaron al teólogo a que les expusiera sus preguntas. Y entre los tres se entabló un diálogo “increíble” sobre cómo fue la vida en Nazaret desde la Encarnación hasta el comienzo de la vida pública. Claro está, que al terminar la visita comenzaron las preguntas en Alberto: ¿ha sido una revelación o una simple alucinación? ¿un acontecimiento sobrenatural o una reflexión teológica? En resumen: ¿soy un teólogo serio o un visionario más? Como no supo responder a sus preguntas y para evitar conflictos decidió no comunicar a nadie lo sucedido.
Sábado, 2 de junio
Urbano Sánchez García
Pedro Tarquis
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Asoc. Humanismo sin Credos
Juan Jáuregui Castelo
JC Rodríguez, A Eisman
Religión Digital
Orlando Carmona
Juan Fernandez Krohn