Seguimos igual
18.03.08 @ 13:20:26. Archivado en Semana Santa, Actualidad

Escribe San Agustín en su libro «De mendacio» que «la mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar». El Catecismo añade que «El Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: «Vuestro padre es el diablo […]porque no hay verdad en él, cuando dice la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44)» (CIC 2.482).
Me pide el Barón Rampante (), que no mienta. Me hace el siguiente comentario:
Jamás me he metido con las personas que viven la Semana Santa y las cofradías. Es más, he participado de ellas como penitente en más de una ocasión. Además, he recalcado el importante papel de las cofradías. Así que no mientas, por favor
Sorprendente.
Cualquiera que lea mi blog verá que lo único indicado es que el Barón no comprende la Semana Santa, no que haya insultado a las cofradías. Por ende, como no he escrito lo que él dice que sí y como redacta en subjuntivo me queda la duda de saber si expresa un deseo, preocupándose porque no caiga en pecado mortal - gracias -, o bien indica un apelación, acusándome con el dedo de ser un mentiroso.
Si estuviésemos en el segundo caso, entonces el Barón no estaría haciendo otra cosa sino abusar del típico argumento izquierdista (desconozco si lo es; es más me la trae al pairo), la falacia del muñeco de paja, adobada con un sofisma patético, que apela a la lealtad: ¡Si yo he salido de penitente!. Pero como no le he acusado de insultar al mundo de las cofradías, es más pienso que su artículo tiene algo de razón, creo entonces que el Barón se preocupa de mi estado de gracia. Reitero de nuevo mi gratitud hacia él.
El artículo de ayer resultaba equívoco desde el inicio hasta el fin, a pesar de ser un comentario a las palabras de un Obispo y utilice al mismo como argumento de autoridad.
El error se encuentra en el planteamiento, precisamente por el falso dilema que introduce la esquela. Me explico. La película La Pasión de Gibson narra un hecho concreto la Pasión y Muerte de Cristo, entre otras cosas lo que el autor ha querido representar; sin embargo, no se puede deducir que la visión mostrada por el director estaba coja porque precisamente al final aparece el Resucitado. Este mal ejemplo es el hilo conductor de todo el artículo, hilo que lleva al equívoco de contraponer la Pasión con la Resurrección.
Escribir que la Semana Santa «cada vez más se convierte en un espectáculo de luces, silencios y procesiones», sin decir causa, motivo y porqué, es un exceso, igual que reducir la fe a un sentimiento. Eso es eludir la carga de la prueba: probat qui dicet non qui negat. ¿Por qué se está convirtiendo precisamente en eso que se afirma?. Y no vale tomar por sustancial lo que no deja de ser más que accidental.
Tampoco es correcto deducir precipitadamente y confundir el acto de cargar con un Cristo o con una Virgen, sobre los hombros o sobre el cuello, con la fe. Evidentemente la fe no es eso, pero ¿es que alguien ha dicho que lo sea?.
Pero si equívoco fue el primero, pasmoso fue el segundo artículo. Como comprenderá el Barón es poco elegante utilizar argumentos ad populum para defender una causa, adobado con algo de patetismo, apelando a las pasiones de la multitud.
Si tomé como ejemplo la Semana Santa de Sevilla es por varias razones, la primera y fundamental porque me da la gana, la segunda porque es paradigmática, tanto que sus modelos y formas se copian y exportan al resto de ciudades – ésto es fácilmente comprobable. Hay multitud de Cristos realizados en Sevilla en Iberoamérica, provenientes de los grandes talleres barrocos-. Pero deducir a partir de aquí el menosprecio a la forma de celebrar en otras localidades es deducir demasiado.
Si en algo se diferencia la Semana Santa de Sevilla del resto, es en la configuración que la ciudad ha hecho de la misma. A pesar de los avatares, podríamos decir que es consustancial a la propia ciudad.
No se si en Murcia, Hellín o Alcalá de los Gazules se enterarán de algo o no, pero sinceramente, creo que respecto a lo suyo seguimos en el mismo estado que hace pocos días.
La Semana Santa es la meditación de los Misterios de la Pasión y Muerte de Cristo. Así nació y ese fue su elemento fundador. No se puede contraponer la Resurrección porque la creencia en Jesucristo, primicia de los que resucitarán, es la base y el fundamento del cristianismo: sin Resurrección no habría Semana Santa.
Igual que el objeto de las monjas de clausura no es el mismo que el de los jesuitas, igual que los que trabajan en Cáritas diocesana no tienen el mismo carácter que los cartujos, las cofradías tienen como objeto lo arriba indicado. José Bermejo y Carballo, en su libro Glorias Religiosas de Sevilla (1.882), decía:
San Agustín dijo: que la consideración de la Pasión del Señor era de más mérito que visitar la Tierra Santa. S. Gregorio el Grande asegura: que es señal de predestinación; y S. Alberto Magno en su tratado de la Misa afirma: que la simple memoria o meditación de la Pasión, era de mayor mérito que ayunar a pan y agua por espacio de un año todos los viernes; que tomar todas las semanas una disciplina de sangre, y que rezar diariamente los ciento cincuenta salmos del salterio de David.
Las cofradías, pues, tuvieron por objeto promover tan santa como útil devoción […]. Con este fin fueron instituidas esas utilísimas confraternidades, dedicadas a la contemplación de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y para que su memoria se renovase con más eficacia en los corazones cristianos en los días que la Iglesia con especialidad la recuerda, dispusieron un culto público, cual es, llevar procesionalmente y con la mayor devoción la imagen de nuestro Divino Salvador en algunos de los pasos de su Pasión cruenta; por cuyo medio, teniendo presente los fieles el beneficio de la redención, agradecidos al amor que el Señor nos mostrara cuando por nuestra salud se sometió gustoso á muerte de Cruz, se imitase á ese divino modelo, y con las reformas de las costumbres dieran pruebas de verdaderos discípulos de tan gran Maestro. ¡Institución santa! ¡Pensamiento inspirado por el Cielo, y el más útil y conveniente de cuantos los hombres pudieran imaginar!
No se puede contraponer la Resurrección con la Pasión, porque no existe tal contradicción. No se puede sacar de donde no hay. Es más, y volviendo a Sevilla como ejemplo, muchas de las cofradías que hacían estación penitencial, el Domingo de Resurrección sacaban a la calle la imagen de un Cristo Resucitado. La Resurrección nunca ha faltado de la Semana Santa. Pero eso no quita que sea lo que se busque con las procesiones.
Por otro lado, el intentar ponerme a mal con nuestra madre la Iglesia, no creo que sea algo realmente bello, más viniendo de una persona que abomina tanto de inquisidores. No es propio de un Barón. Ni de lo escrito por mí se deduce lo que pone. Non sequitur se llama.
A pesar de todo lo escrito, reconozco que la Semana Santa está en peligro, pero este peligro no viene de ahora ni es imputable al laicismo. En la web del Consejo de Cofradías de Sevilla, podrá encontrar este artículo del profesor Sánchez Herrero:
11) La religiosidad popular, 1980 en adelante.
Un nuevo hecho tiene lugar en la España de los años 80, al margen de las reformas conciliares y sinodales y, en gran medida, fruto de la política del momento, un hecho inquietante, en cierta medida, que denominamos el despertar y aprovechamiento de la religiosidad popular. Ya el mismo Concilio Vaticano II en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, números 30 al 47, admite la incorporación de los elementos populares e indígenas a la liturgia. Estos elementos van a ser defendidos desde otras instancias, desde la política izquierdista hispana, que se apoyan en el pensamiento del italiano Antonio Gramsci (1891-1937).
Gramsci realizó un análisis del catolicismo, el más crítico, agudo y penetrante de todos cuantos se han hecho desde la perspectiva del ateísmo político y filosófico. Se preocupa en sus obras de los elementos populares e indígenas, sean o no religiosos, pero como integrantes de una cultura político-filosófico-religiosa, en una unidad dialéctica y en orden a edificar "una civilización total'. Esta defensa de los elementos populares y folklóricos gusta al pueblo. El pensamiento de Gramsci ha sido adoptado en España por una nueva élite de izquierdas, progresista, atea o agnóstica.
En 1982 el PSOE ganaba las elecciones generales y comenzaba a gobernar España. Sus dirigentes comprendieron que el cristianismo estaba tan arraigado entre los españoles, que no podían enfrentarse de nuevo con él, cara a cara, pues volveríamos a la situación de 1931. Era necesario, pues, dar un rodeo, minar, manipular la religión cristiana y sus instituciones, llevarla, reconducirla a sus intereses y, así, sería todo más fácil.
Con el triunfo del PSOE coincide la vuelta en España hacia la religiosidad popular. El PSOE se ha convertido en su gran defensor, no en cuanto religiosidad, sino en cuanto popular, convirtiendo la religión o la religiosidad en una cultura popular, propia del pueblo, no de la Iglesia, y menos de la Jerarquía Eclesiástica. Con ello pretende obtener puntos de ventaja sobre la misma Iglesia, o al menos sobre la Jerarquía Eclesiástica ante el pueblo amante de lo suyo y de sus tradiciones, pues la Iglesia postconciliar luchó contra las manifestaciones populares mientras que el PSOE las defiende.
A remolque del pueblo y de los defensores de lo popular y de lo religioso-popular, la Jerarquía Eclesiástica, al darse cuenta de que esa religiosidad popular se les escapa y podía ser utilizada contra la Iglesia Católica, comenzó a girar hacia ella lentamente.
En Andalucía están muy claros los pasos de vuelta de la Jerarquía Eclesiástica hacia la religión popular, lo que va a quedar manifiesto en tres documentos que marcan otros tantos momentos en este acercamiento:• Documento sobre "El Catolicismo popular en el Sur de España", de la Navidad de 1975. Está claro que el tema ha llegado a la preocupación de los obispos, pero no les asusta. Todo se resolverá promoviendo el estudio acerca de la naturaleza y elementos de la religiosidad popular, proponiendo algunas observaciones que puedan ayudar a formar un concepto aproximado de su significación (línea intelectual), y aportando, en lo posible, algunas líneas prácticas pastorales para su renovación y desarrollo evangélico, que vendrán, también, en la línea de lo intelectual, esencial: catequesis, catecumenado, catequesis popular de la Eucaristía, formación para la oración, suspicacia ante ciertas devociones, compromiso social, etc.
• "Carta pastoral de los obispos de las provincias eclesiásticas de Granada y Sevilla, del 20 de febrero de 1985, El Catolicismo popular. Nuevas consideraciones pastorales". Los obispos comienzan a coger miedo y a preocuparse más del tema. Se dan cuenta del auge de la religiosidad popular, de su fomento por parte de las autoridades civiles (no olvidemos que el PSOE gobierna desde 1982), del interés científico por la religiosidad popular y reaccionan. Es una respuesta más positiva que la de 1975. Los obispos se interesan positivamente por la religiosidad popular, tratan de desvelar las posibles desviaciones: la posible ideologización y las manipulaciones del catolicismo popular, las interpretaciones culturales y su peligro reduccionista, y, aceptando ya la religiosidad popular tal cual, dan un elenco de orientaciones e iniciativas prácticas de tipo pastoral.
• Finalmente, en noviembre de 1988 fue promulgada la carta Pastoral de los Obispos del Sur de España "Las Hermandades y Cofradías", en la que los obispos claramente se manifiestan a favor de las hermandades y cofradías, piden su renovación, aclaran su dimensión cultural y, curiosamente, piden al clero que atienda mejor a las cofradías.
Fíjese en el último punto: “piden al clero que atienda mejor a las cofradías”. Curioso.
Siga con salud:
IGE
P.S. Siendo loables todas las celebraciones de la Semana Santa que se realizan en España e Hispanoamérica, ha puesto una imagen de la Esperanza Macarena pasando por su Arco, de «recogía». Pues eso
Comentarios:
Macareno: el primer artículo tenía algo parecido a la verdad. Del dicho al hecho hay mucho trecho.
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