La movilización de los votantes y la elección del Cardenal Rouco
05.03.08 @ 18:30:00. Archivado en Actualidad

Separar el poder terrenal del poder espiritual no es óbice para que lo terrenal esté ordenado a lo espiritual ni tampoco implican casualmente la total independencia de ambas esferas, de manera que lo que no esté permitido en una sea válido para la otra. No hay dos moralidades, ni por supuesto dos verdades: la verdad es una.
La relación entre el Estado y la Iglesia siempre ha sido difícil. Por un lado, el Estado ha mirado siempre el pastoreo de almas, con envidia, porque lo veía como una oportunidad de controlar las conciencias de los ciudadanos, no ha sido capaz de comprender la grandeza del cuerpo místico, siempre la ha visto como una mera estructura de poder. Por otro, la Iglesia siempre ha vivido con la tensión de superar la tentación de querer reducir el poder político a un mero brazo de lo espiritual como defensa de los continuos intentos de los Estados para controlarla.
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