Tamayo también olvida
24.02.08 @ 20:41:17. Archivado en Educación

Escribe Tamayo que «la escuela es una prolongación de la parroquia, una sucursal de las instituciones eclesiásticas, que la clase de Religión es un acto catequético y que la función de la escuela es hacer cristianos, no ciudadanos cultos y responsables. ¿Cabe mayor confesionalización de un espacio público y mayor desnaturalización de una institución laica como es la escuela?». Esta crítica, falsa además, se debe a que al señor Tamayo le parece mal que sea la Iglesia la que elija a los profesores de religión católica y que les exija además que su vida esté acorde a lo que se enseña, por ejemplo, que no esté divorciado, que no sea un defensor del aborto, y que el Estado les pague el sueldo.
Los Obispos seleccionan a los profesores de Religión y el Estado paga. Operación rentable para la Iglesia, la llama Tamayo. Una injerencia en la libertad individual para Tamayo. Sin embargo olvida muchas cosas el de la Asociación Juan XXIII.
Lo primero que olvida Tamayo es la diferencia existente entre la Enseñanza Religiosa Escolar y la Catequesis, lo que les da una configuración propia a cada una. Así, la Ere, como recordaba Juan Pablo II en su Discurso a los profesores, la ERE presenta el mensaje y el acontecimiento cristiano en orden a un diálogo con la cultura unido a la maduración crítica del alumno.
La segunda cosa que olvida Tamayo es que la asignatura está dirigida a los alumnos, personas en formación, y a los mismos no se les puede mostrar un cristianismo descafeinado, de segunda, como él pretende. Eso sería atentar a la dignidad de las personas, por esa razón, no se debería tener de profesor de religión a una persona que defendiera el aborto. O por no ir a misa los domingos. Es simple cuestión de coherencia. Tan coherente como exigirle a un profesor de Física que enseñe las leyes de Maxwell y no la Física de Aristóteles.
Pregunta torticeramente la diferencia en materia religiosa en la actualidad respecto al régimen de Franco. Si él no ve ninguna es porque está admitiendo subrepticiamente que vivimos en un régimen dictatoria, cosa que me sorprende en una persona como Tamayo. Supongo que no lo dirá en serio. O sí.
En definitiva para Tamayo hay que revisar los acuerdos del Estado con las diferentes confesiones religiosas para que así no se cometan estas injerencias, lo que conllevaría en definitiva que los padres retirasen a sus hijos de la clase de religión. Y estos profesores se fuesen al paro, o que fuesen alimentados del presupuesto del PSOE, lo que veo bastante dudoso.
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