Kulturkämpfe (y II)
03.02.08 @ 18:00:00. Archivado en Historia de la Iglesia

Frente a las medidas malvadas con las que Bismarck quiso acogotar a los católicos, éstos respondieron en dos frentes. Por un lado, pagaban las multas con las que condenaban a los ordenados, boicoteando a los párrocos del régimen y, cuando no quedaba más remedio, encargándose los laicos del servicio divino que podían ejercer. A la vez, presionaban no sólo en el parlamento prusiano, sino también en el Reichstag.
Pedro y Augusto Reichensperger se opusieron con tenacidad a estas medidas, formando lo que se denominó como la «fracción del Centro», ya que este era el lugar que ocupaban sus escaños en la cámara de los diputados.
El grupo prendió con tanta fuerza, por los ataques continuos a la Iglesia, que rápidamente se convirtió en el partido más fuerte del Reichstag.
Sus componentes eran:
- von Frankenstein, su Presidente.
- Ludwig Windthorst, su «jefe espiritual».
- Hermann Mallinkrodt.
- Los hermanos Reichensperger.
- Schorlemer-Alst.
- Heeringen.
- Huene.
- Galen.
- Hompesch.
- Hertlingo.
- Ernest Liebre.
- Ballestrem, presidente del Reichstag en el período comprendido entre 1.895 y 1.906.
Sin embargo «el Centro», no era un partido religioso, sino que lo único que quería era la defensa del derecho. Su programa, en síntesis era:
- Mantenimiento de la constitución federal del Reich.
- Protección de la libertad civil y religiosa contra las intromisiones legislativas.
- Protección de la economía de los débiles.
El partido del «Centro» tuvo mucho que ver en la introducción de una legislación civil planificada.
El partido del «Centro» era, pues, un partido independiente, incluso del Santo Padre, así, cuando León XIII pidió a Windthorst que votase a favor de una ley del Gobierno, éste se negó, pero le dijo al Papa que si entendía esta negativa como desobediencia, entonces disolvería el partido. Ulteriormente esta conducta sería aprobada por el Papa.
Bismarck, como no era un lelo, se dio cuenta que su política de la Kulturkampf había sido un error, así que las leyes fueron cayendo una tras otra, los bienes retenidos fueron devueltos a sus legítimos dueños y los jesuitas volvieron de donde habían sido expulsados (aunque muy posteriormente. La ley fue abrogada en 1.917).
Está claro que la historia no se repite, pero es cierto que hay ciertas constantes que se repiten a lo largo de los tiempos que nos permiten comparar, salvando las distancias, distintas épocas.
El tiempo que nos ha tocado vivir tiene ciertas similitudes con la «kulturkampf» de Bismarck. Los Obispos han apostado fuerte con el comunicado. Aunque no hayan hecho más que recordar la doctrina de la Iglesia, lo que siempre han defendido, la situación no es la misma que con los gobiernos de Felipe González y Aznar. Yo, que preveo una victoria del PSOE, quizás porque vivo en Andalucía –granero de votos del socialismo- y me hace ver las cosas de otra manera a como se ven en el resto de España, y además, cualquier alternativa política pasaría por sacar mayoría absoluta, cosa improbable, atisbo un endurecimiento de las relaciones Iglesia – Estado. Ojalá me equivoque. Además la alternativa tampoco es para echar cohetes. Porque lo hecho por este gobierno, no se modificará.
Sin embargo, estoy tranquilo. Igual que la Iglesia superó la crisis de la «kulturjampf», sobrevivirá a un nuevo gobierno beligerante contra ella, porque en definitiva, «las puertas del infierno, no prevalecerán».
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