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Pagola reafirma su postura, por José Antonio Sayés (y III)

Permalink 28.01.08 @ 18:00:00. Archivado en Teología, Actualidad, Reflexión


III. LA RESURRECCIÓN

En el tema de la Resurrección Pagola mantiene también su antigua tesis: la Resurrección es un hecho real pero no histórico, afirma que la Resurrección es algo que le pasó a Jesús, pero sigue negando la referencia a su cuerpo real en la medida en que no quiere oír hablar de apariciones y afirma que todo partió de la convicción que tenían los discípulos de que Jesús seguía vivo. Tuvieron una experiencia de que Jesús seguía vivo y atribuyeron a Dios. Pero, dado que no ha respondido tampoco a mi argumentación, me veo obligado a repetirla.

Lo primero que llama la atención cuando se lee a Pagola, que tanto interés tiene por la fidelidad histórica, se ve que cambia totalmente el orden histórico de los acontecimientos relativos a la Resurrección. Los evangelios presentan en primer lugar el hallazgo del sepulcro vacío que provoca perplejidad y miedo en las mujeres; y después hablan de las apariciones, que les confirman en la Resurrección. Pagola, por el contrario, parte de las apariciones para hablar después del sepulcro vacío. ¿Por qué? Porque él entiende que todo se reduce a una “experiencia” de fe (así interpreta las apariciones) y lo del sepulcro es una realidad de la que en el fondo se puede prescindir.

Pagola mantiene que la Resurrección es real pero no histórica, es decir, no ha tenido lugar en la historia, porque es una realidad que la trasciende (418). Estamos de acuerdo en que no se trata de una Resurrección como la de Lázaro que retorna a la vida terrena y a la muerte. La Resurrección de Cristo es trascendente porque con su cuerpo glorioso ha vencido definitivamente a la muerte. Pero ha dejado huellas en la historia: sepulcro vacío y apariciones. Eso es lo que dicen los textos. El verbo que se emplea para hablar de que Jesús se apareció es ophthé, aorísto pasivo que se traduce por «se dejó ver». Se usa este verbo porque es el que usa la traducción de los LXX al hablar de las apariciones de Dios en el Antiguo Testamento. Pero se usan también otros verbos como faino y faneroo que significan aparición visible. Y así mismo verbos como éste en meso autón: se puso en medio de ellos (Lc 24, 36; Jn 20, 19-26).

Pero puesto que Pagola no quiere reconocer que la Resurrección de Cristo es al mismo tiempo trascendente e histórica, se ve obligado a explicar que lo que ocurrió fue que los apóstoles tuvieron una “experiencia” de fe de que Jesús vivía, recurriendo a su fe en la fidelidad de Dios (420). Y ellos atribuyeron esa “experiencia” a Dios. Sólo Dios les podía haber revelado algo tan grande e inesperado. Ellos conocían la doctrina de la Resurrección de los cuerpos que aparece en Dn 12, 1-2 y quizás habían oído hablar de los siete mártires torturados por Antíoco Epifanes (2 Mac 7, 9-23), lo cual les ayudó a interpretar su “experiencia” de Jesús como vivo y resucitado.

Detengámonos un poco a meditar sobre todo esto. ¿Qué “experiencia” de fe podían tener los apóstoles tras la muerte de Jesús, cuando murió como mueren todos los crucificados, como maldito de Dios? Pues dice la Escritura (Gal 3, 13) que el que muere en el madero es maldito de Dios. Y Jesús fue juzgado legítimamente por el Sanedrín y condenado como blasfemo. Ellos estaban escondidos para volver de nuevo a la pesca del Tiberíades. Cuando le dicen a Tomás que lo han visto, éste responde diciendo que, si no pone sus manos en las llagas, no cree (Jn 21, 25). Por ello dice el Nuevo Catecismo que afirmar que la fe en la Resurrección había surgido de la fe no tiene consistencia alguna (n. 644), pues los apóstoles no habrían vuelto a la fe sin el encuentro sensible con Jesús (n. 643) (criterio de explicación necesaria).

Un pequeño detalle: los discípulos de Emaús, como dicen algunos teólogos, reconocieron a Jesús sólo desde una “experiencia” de fe, pero el texto dice que, en medio de esa “experiencia”, Jesús se hizo invisible ante ellos (afantos egeneto), lo cual demuestra que junto a la experiencia de fe había una manifestación visible que ahora desaparece. Por tanto, había una aparición visible que no se puede confundir con la “experiencia” de fe. En todo caso, si se hubiera querido hablar de una “experiencia” de fe, los discípulos tenían un término en griego horama (visión interior sobre todo) que podrían haber utilizado para ello. Y sin embargo no lo emplean ni una sola vez. Además una Resurrección, aunque fuera la del Mesías en medio de la historia, era absolutamente inimaginable para los judíos. Los mártires macabeos esperaban la Resurrección, pero para el final de la historia. ¿Que al principio los de Emaús no le reconocieron? No olvidemos que el único que dispone de estas apariciones es Jesús, no le podía ver aquél que quería, como en el caso de Lázaro, sino aquél que Jesús quería. Él solo dispone de estas apariciones y se aparece a quien quiere, cuando quiere y como quiere. Si se me permite, podemos recordar las apariciones de Lourdes: sólo Bernardette ve a la Virgen, mientras que los que la acompañaban no la veían. No somos los hombres los que disponemos de las apariciones de Cristo.

El caso es que, puesto que Pagola defiende que todo se debe a una experiencia de fe, le sobra el hallazgo del sepulcro vacío. Es algo de lo que se puede prescindir, ya que no es lo decisivo.

Hablando Pagola sobre el sepulcro vacío dice: «no sabemos si (Jesús) terminó en una fosa común como tantos de los ajusticiados o si José de Arimatea pudo hacer algo para enterrarlo en un sepulcro de los alrededores» (431). Pero el hallazgo del sepulcro vacío no es lo decisivo. Lo decisivo no es su hallazgo sino la revelación que se hace sobre él: «Jesús de Nazaret, el crucificado, ha sido resucitado por Dios» (432). Lo que importa fue que los discípulos de Jesús lo experimentaron como vivo desde la fe.

Un pequeño detalle: si nos vamos al hallazgo del sepulcro vacío por parte de Pedro y Juan, que acuden corriendo al sepulcro tras el aviso de Magdalena que lo ha encontrado vacío, leeremos que llegó primero Juan y vio las vendas en el suelo y lo mismo le ocurrió a Pedro. Pero el texto en griego no habla de las vendas en el suelo, sino de las vendas que estaban keimena, es decir, echadas, yacentes, sin el relieve del cadáver, como explica el P. Iglesias en su Nuevo Testamento. Por eso dice Juan de si mismo que «vio y creyó» (Jn 20, 8), porque comprendió que, puesto que seguían atadas pero vacías, el cadáver no había sido robado. Para los discípulos, lo que les dio la fe fueron las apariciones; para Juan, la fe ya empezó con el sepulcro vacío, aunque confirmó después su fe por las apariciones. Nadie niega por tanto que la Resurrección de Cristo sea trascendente (no fue como la de Lázaro) pero no se puede negar tampoco que tuvo una dimensión histórica, en cuanto que dejó huellas en la historia, sin las que los apóstoles nunca habrían llegado a creer en ella.

CONCLUSIÓN

La conclusión que hacemos después de este breve trabajo es que Pagola ha defendido legítimamente la metodología histórico-crítica pero la ha usado de forma arbitraria. Ha llegado así a la división entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe, de modo que con ello defiende un cristianismo que no se apoya en la historia y se cierra así en una experiencia inmanentista. Por ello no comprendo que me trate de fundamentalista cuando yo siempre he usado los métodos histórico-críticos y tengo obras que llevan como títulos Dios y la razón, Teología fundamental, Razones para creer. Siempre he fundamentado la fe en la razón. Pero pienso que realmente al presentar un cristianismo sin historia cae en un fideísmo que no se justifica de ninguna manera por la razón. Y los fideístas siempre han sido los fundamentalistas.

Siempre he tratado también de fundamentar la fe de los sencillos, algo que Pagola defiende con interés. Pero no puedo dejar de recordar aquellas palabras de Cristo: «al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valiera que le colgaran al cuello una piedra de molino que mueven los asnos y lo hundieran en lo profundo del mar» (Mt 18, 6). «Que creen en mí», es decir, en su divinidad, pues pide para sí mismo la fe que pide para el Padre (Jn 14, 1). Por ello pienso que Pagola debiera preguntarse si de hecho salva bien la fe de los sencillos o la destruye, porque una fe en Cristo que no se basa en la historia es una fe que se hunde.


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Comentarios:
El Verbo se hizo carne y habitó (habita) entre nosotros. PAgola atestigua de las consecuencias que tiene estudiar el Verbo sin que se haga Carne en su vida. El hecho que impulsa a Pagola a escribir esas, digámoslos así, sandeces responde a dos hipótesis.
La primera, que tiene mucho tiempo libre y por eso lo tira a la basura escribiendo esas tonterías.
La segunda que no ha tenido en su vida una experiencia de Jesucristo. El que habla de Jesús sin referirse al Cristo, habla de oidas, jamás por experiencia propia. Aprovecho la prensente para pedir un mail de contacto del Sr. Sayés para darle las gracias, no por esto, sino por sus 40 libros y exponerle unas cuantas dudas para un par d elibros que le faltan ya que nadie habla de ello.
metales2006@hotmail.com
Enlace permanente Comentario por Pedro 26.02.11 @ 16:56

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