¿La Misa de espalda a los fieles?, por Juan Manuel Rodríguez (y IV)
18.01.08 @ 18:00:00. Archivado en Actualidad, Reflexión, Amigos

De cara a Dios. Todos en la misma dirección.
Dios, y no otro, es centro de la oración litúrgica. Hacia Él se dirige la oración de los cristianos. Frente a esa concepción generalizada de que “antes, el sacerdote celebraba de espaldas al pueblo”, son muchos los liturgistas, como por ejemplo Jungmann, que han venido insistiendo en que “el tema de discusión no era el hecho de que el sacerdote diera la espalda al pueblo, sino, al contrario, que estuviera en la misma dirección que el pueblo”20. Todos en la misma dirección, de cara a Dios, “Conversi ad Dominum” en palabras de San Agustín.
Joseph Ratzinger lo expresó de manera sencilla y magistral: “La orientación de la oración común a sacerdotes y fieles -cuya forma simbólica era generalmente en dirección al este, es decir al sol que se eleva-, era concebida como una mirada hacia el Señor, hacia el verdadero sol. Hay en la liturgia una anticipación de su regreso; sacerdotes y fieles van a su encuentro. Esta orientación de la oración expresa el carácter geocéntrico de la liturgia; obedece a la monición ´Volvámonos hacia el Señor’ ”21. Y en otro texto, el cardenal, que subrayó el carácter de “éxodo” de la liturgia, añade: “Pueblo y sacerdote no se encierran en un círculo, no se miran unos a otros, sino que, como pueblo de Dios en camino, se ponen en marcha hacia el oriente, hacia el Cristo que avanza y sale a nuestro encuentro”22.
Klaus Gamber explicó que “En cuanto se coloca ante el altar, el sacerdote no reza en dirección a una pared, sino que todos los que están allí presentes lo hacen conjuntamente en dirección hacia el Señor, tanto más que hasta ahora lo que importaba no era formar una comunidad, sino rendir culto a Dios por intermedio del sacerdote, representante de los participantes y unido a ellos”23.
En este mismo sentido han incidido otros, como el Cardenal Christoph Schönborn, que ha añadido que toda liturgia es una celebración “obviam Sponso”, al encuentro del Novio, de manera que los fieles anticipan la Segunda Venida del Señor y se pueden comparar con las vírgenes de las que habla la parábola del Evangelio: “A medianoche se oyó gritar: ¡Que llega el novio, salid a recibirlo!” (Mt. 25,6). El Cardenal de Viena subraya que los signos y los gestos, por ejemplo, la orientación común de la plegaria litúrgica, son vitales para una “encarnación” de la fe24.
Frente a este pueblo unido al sacerdote en la búsqueda del Esposo, dirigiendo su plegaria conjuntamente y su mirada hacia el mismo lugar -el Oriente en el que se espera la Segunda Venida del Redentor-, la celebración “versus ad populum” nos presenta una comunidad cerrada sobre sí misma, en la que el sacerdote cobra un protagonismo y una centralidad inusual, y en la que el celebrante se presenta “frente al pueblo”, separado de éste por el altar. Se trata del principal problema que han visto los expertos en este tipo de celebración, que además no tiene parangón prácticamente en ningún culto. Ni con el judaísmo, ni con los musulmanes; pero tampoco con otras comunidades cristianas. Así, en todas las liturgias orientales, ortodoxas y católicas, se ha mantenido la oración común de sacerdote y fieles en la misma dirección. En las iglesias ortodoxas de Oriente, donde existen millones de cristianos, tanto para las de rito bizantino (griegas, rusas, búlgaras, serbias, etc) como en las llamadas de rito oriental antiguo (armenia, siriaca, copta). Pero también muchas confesiones protestantes, como los luteranos, han mantenido el mismo sentido de la oración litúrgica, incluso negando el carácter sacrificial de la Misa, y la propia Misa.
Los defensores de la celebración “cara al pueblo” argumentan que de este modo, y como expresión pedagógica, se subraya el carácter de banquete sagrado de la Misa, pero autoridades en la materia, como Reinhard MeBnher insisten en el “significado eminentemente escatológico” de la liturgia, y piensan que la “pérdida casi total de esa tradición litúrgica en la Iglesia romano-católica de hoy es un indicio de déficit escatológico”. Andreas Heinz explica que “si desapareciera por completo la orientación común de presidente y congregación hacia Cristo ya exaltado y que aún habrá de venir, eso supondría una pérdida espiritual tremendamente lamentable”25.
Por otra parte, existe el peligro de que, tratando de “acentuar” el sentido del banquete eucarístico, termine por eliminarse del pueblo fiel la comprensión de la Misa como sacrificio de Cristo y Sacrificio de la Iglesia. No en vano, A. Jungmann afirma que el principio básico de que el celebrante, mientras ora en el altar, tiene que volverse hacia Dios y en la misma dirección que el pueblo, es lo que expresa el significado de la Misa como oblación al Señor. Uwe Michael Lang, por su parte, es explícito:
“La experiencia pastoral de estas cuatro últimas décadas nos puede enseñar que la comprensión de la Misa como sacrificio ha disminuido considerablemente entre los fieles, si es que no se ha extinguido por completo. Al poner tanto énfasis en el ‘banquete’, complementado con la postura del celebrante cara al pueblo, se ha exagerado excesivamente y no se ha conseguido que la Eucaristía se conciba como ‘sacrificio visible’. Interpretar la Eucaristía como ‘banquete’, más que como ‘sacrificio’, es un dualismo inventado que desde la perspectiva de la tradición litúrgica resulta claramente absurdo. La Misa es al mismo tiempo y de modo inseparable recuerdo sacrificial en el que se perpetúa el sacrificio de la cruz y banquete sagrado de comunión con el Cuerpo y la Sangre del Señor”26.
Y ni siquiera en el caso de los defensores de esa necesidad de acentuación pedagógica del sentido del banquete sagrado (cabría preguntarse, al día de hoy, cuántos fieles aseguran que la Misa es una cena y ponen “cara de poker” si se les explica que es un sacrificio, y consecuentemente plantearse la necesidad de incidir de forma pedagógica en el sentido del sacrificio eucarístico en las formas litúrgicas), hay unanimidad en que la celebración “cara al pueblo” cumpla con las expectativas creadas.
Louis Bouyer, por ejemplo, quien, desde su particular visión, subrayó que era necesario “recuperar” el sentido de que la Misa es “una comida al mismo tiempo que un sacrificio”, comenta al hilo de la celebración “versus populum”: “Esto no podía ni puede realizarse más que si el pueblo está reunido de verdad alrededor de la mesa, y no simplemente de pie delante de ella mientras el celebrante permanece solo en el otro lado. Naturalmente ¡nada resulta más extraño en una comida!”27. Para Bouyer, esa pedagogía que “era necesaria” hoy no tiene razón de ser más que en casos excepcionales, y “un altar con el sacerdote solo por un lado y el pueblo por otro, en vez de unir a la comunidad centrada en el altar, aumenta la separación entre el clero y los laicos, convirtiéndose el altar en una barrera entre dos castas cristianas”28.
Benedicto XVI es consciente de las limitaciones que la celebración “versus populum” conlleva, y firme defensor de recuperar el sentido sagrado en profundidad, así como la dimensión escatológica de la liturgia cristiana, de su noción de “éxodo”, de camino en búsqueda del Señor, que es el centro de toda acción litúrgica. El Papa es además, como persona sabia, consciente de que la liturgia es algo que no puede inventarse de un día para otro, y que ésta es fruto de un crecimiento continuo, que para que sea fructífera y verdadera tiene que entroncar con la Tradición. La orientación común de fieles y sacerdote durante la Misa, como hemos tratado de explicar en este artículo, es un aspecto central de la liturgia católica (y no sólo católica) que debe ser recuperado. Frente al prevalente antropocentrismo de nuestra época, el “volverse hacia el Señor” puede resultar un eficacísimo correctivo a esa mentalidad. Joseph Ratzinger ya había anunciado la necesidad de hacer la “reforma de la reforma” litúrgica, para que el pueblo de Dios vuelva a salir al encuentro del Señor, y para que la grandeza de la liturgia se manifieste en plenitud. Quizás el gesto del pasado domingo en la Capilla Sixtina, todos hacia el Señor, fue un paso más en ese camino. Posiblemente ha llegado el momento de reflexionar con serenidad sobre estas cuestiones, lejos de apasionamientos, y dar la respuesta que el Santo Padre espera de su pueblo fiel. De volver los ojos a la tradición litúrgica de la Iglesia en lugar de tomar el camino de la ruptura con el pasado. Nosotros, con Andreas Jungmann, repetimos: “no hay que dejar que el viento se lleve las lecciones de la historia”.
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1 Prólogo del Card. Joseph Ratzinger (hoy Papa Benedicto XVI) al libro de Uwe Michael Lang “Volverse hacia el Señor”. Ed. Cristiandad. Madrid, 2007
2 N. del A.: debido a la posición del altar mayor en la Basílica de San Pedro, exento, no adherido a la pared.
3 Bouyer, Louis: “Arquitectura y Liturgia” Ed. Grafitte (col. Lex Orandi) Bilbao, 2000
4 Missale Romanum ex decreto Sacrosancti Oecomenici Concilii Vaticani II instauratum auctoritate Pauli
PP. VI promulgatum. Editio Typica, 1970.
5 Publicada el 26 de septiembre de 1964
6 Jungmann, A. “El nuevo altar”, en “Deer Seelsorger”, 1967.
7 Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum, “Responsa ad quaestiones de nova
Institutione Generalis Missalis Romani”, 2000.
8 Ratzinger, Joseph. “El Nuevo Pueblo de Dios: esquemas para una eclesiología”. Ed. Herder. Barcelona,
1972.
9 Lang, U.M.: “Volverse hacia el Señor”. Ed. Cristiandad. Madrid, 2007
10 Para ampliar conocimientos sobre la orientación en la plegaria y en la liturgia recomendamos los
estudios de Frank Joseph Dölger, citados por Uwe Michael Lang en la obra previamente apuntada.
11 Ib.
12 Bouyer, Louis: “Arquitectura y Liturgia” Ed. Grafitte (col. Lex Orandi) Bilbao, 2000
13 Wallraff, M. “La preghiera verso l’Oriente”: 468.
14 Georg Kretschmar, citado en Lang, U.M. “Volverse hacia el Señor”.
15 Ez. 11,23; 43, 1-2; 44, 1-2; y Zac. 14, 4
16 Tomás de Aquino: Summa II-II, q. 84 a.3 ad 3.
17 Gamber, Klaus. “¡Vueltos hacia el Señor!”. Ed. Renovación. Madrid, 1996.
18 Íbidem.
19 Íb. (p. 20)
20 Lang. U.M. “Volverse hacia el Señor”. Ed. Cristiandad. Madrid, 2007
21 Prólogo del Card. Ratzinger a la obra “¡Vueltos hacia el Señor!” de Klaus Gamber. Renovación.
Madrid, 1996.
22 Ratzinger, J: “El espíritu de la liturgia, una introducción”. Ed. Cristiandad. Madrid, 2001.
23 Gamber, Klaus: ult. Op. Cit. (p. 40).
24 C. Schönborn: “Leben für die Kirche. Die Fastenexerzitien des Papstes”. Herder. Friburgo, 1998. De
Lang. U. M. en ult. op.Cit.
25 Heinz. A: “Ars celebrandi”. Questions Liturgiques n. 83. (2002)
26 Lang. U. M.: “Volverse hacia el Señor”. Ed. Cristiandad. Madrid, 2007.
27 Bouyer, Louis: “Arquitectura y liturgia”. Ed.Grafitte (col. Lex orandi) Bilbao, 2000.
28 Íb. (p. 102)
Comentarios:
A ver si esta noche saco un ratillo y respondo a Pedro.
Un saludo y disculpad de nuevo por la demora.
Dicho esto, mi opinión personal es que en algunos aspectos yo si creo que en la forma extraordinaria se expresan muy claramente la sacralidad y el misterio de la liturgia. Los momentos de silencio de la Misa, las genuflexiones del sacerdote y sus reverencias al altar, el canto gregoriano… Sería ...
Respondiendo a José Manuel:
La Asociación Una Voce tiene un fin definido, que es la preservación de la forma extraordinaria del Rito Romano, que es un tesoro litúrgico de la Iglesia que estimamos que no debe perderse. No entra en comparaciones con el Novus Ordo, ni lo pretende, pues no es esa su función. Para situarnos un poco, Una Voce internacional es una unión de laicos que surgió en un momento histórico concreto, en el que a pesar de no estar prohibido el uso antiguo del Rito Romano, en la práctica se le ponían muchos inconvenientes, llegando a estar casi proscrito, para intentar derribar esas barreras. Si llegase un momento en el que cualquier católico tuviese la posibilidad de elegir libremente y sin problemas una u otra forma, Una Voce ya no tendría sentido. En Una Voce Sevilla no se le pregunta a sus miembros lo que opinan del Novus Ordo, y las motivaciones de...
Juan Manuel, gracias por la respuesta educada. Se agradece.
De todas formas, no me ha quedado del todo claro y perdon por la "insistencia": entonces, para la Asociacion "Una voce" ¿es mejor celebrar la santa eucaristía según el rito tridentino que según el permitido después del concilio Vaticano II? ¿Pensáis que se accede así mejor al misterio eucaristico?
Cuando presentamos las ofrendas todos nos orientamos al altar.
a que viene ahora cambiar para al final mirar todos al mismo lugar.
¿a donde miraban los dos de Emaús cuando al partir el pan se les abrieron los ojos?
Perdón por el to...
Y con esto enlazo con otra cuestión. Pedro dice que el mayor logro sería “que el cura celebre la misa de espaldas”. Primero, la asociación tiene unos fines definidos: preservar y promover la Misa en su forma extraordinaria, pues es un tesoro impagable, y como dijo recientemente el Cardenal Castrillón Hoyos sobre el Motu Proprio: “El Papa ha querido recuperar 1.200 años de cultura y religión, reunidos en el antiguo uso litúrgico, para proporcionarlo a las generaciones futuras”. Y ya está. Por otro lado, hemos repetido hasta la saciedad que la orientación no es “de espaldas”, y que la forma en que la Iglesia ha celebrado durante casi dos mil años, por mucho que algunos se empeñen, no puede tener nada de extraño. El final del artículo, creo, es claro: lo que expresa es que yo opino que estamos en la necesidad de enlazar más fuertemente con la tradición en cuestiones litúrgicas, y que existen razones pedagógicas para ello. Que no se pu...
3- En cuanto a la Misa “cara a Dios”, puede dar la impresión de que se quiere decir con ello que de otra forma es “de espaldas a Dios”, cuando en realidad, la expresión viene a la inversa, es decir, que la Misa no se dice “cara a los fieles” o “de espaldas a ellos”. Lo que se indica es que lejos de ser “de espaldas a los fieles” como se afirma, la orientación litúrgica es hacia el Señor “versus ad Dominum”, pues Éste y no aquellos, es el centro de la oración liturgia. Antiguamente, durante la Misa había un momento en el que todos se volvían hacia el Oriente, hacia donde nacía el Sol, lugar en el que estaba representado el Señor. Por eso se utilizaba la expresión “conversi ad Dominum”, volvámonos hacia el Señor. La liturgia es signo, y el simbolismo es muy importante, pues es visión exterior de la actitu...
2- A José Manuel aclararle que el “Novus Ordo” es precisamente el Nuevo Ordinario de la Misa, es decir, el que surgi...
Respondo en un mismo mensaje a varias cosas.
1- No existe ningún problema, ni así lo he planteado, con los altares exentos. Traje lo del altar exento para explicar que esa indicación de Roma es la que ha llevado a muchos a pensar que la celebración “versus ad populum” es la única válida tras la Reforma litúrgica, lo cual no es cierto. En cuanto al altar exento, opino que no sólo es perfectamente válido, sino que a mí personalmente me parece muy adecuado, por varias razones: la primera es que ofrece posibilidades que un altar adosado no es capaz de ofrecer, como en la incensación, que ya alguien ha mencionado antes, o también para el rito de consagración y la bendición del propio altar...
"Posiblemente ha llegado el momento de reflexionar con serenidad sobre estas cuestiones, lejos de apasionamientos, y dar la respuesta que el Santo Padre espera de su pueblo fiel. De volver los ojos a la tradición litúrgica de la Iglesia en lugar de tomar el camino de la ruptura con el pasado. Nosotros, con Andreas Jungmann, repetimos: “no hay que dejar que el viento se lleve las lecciones de la historia”.
Menos chorradas y más fe encarnada.
Sois una buena partida de cultos cristianos, capaces de obtener mil entradas a las escrituras, con la simple mención de una sola frase.
El ritual de la Eucaristía, o misa, es como el vino de Asunción, ni blanco, ni tinto, ni tiene color.
¡Qué picajosos sois, puñeteros!.
Lo importante del ritual, es la propia Eucaristía, el sacrificio incruento.
¿Qué importa la situación del oficiante?.
La fe no es historia, sino vida actual.
(Iba a escribir "capullos", pero no lo hago).
Cuando celebro la eucaristía con otros fieleses, por estar alrededor del altar, ¿no estamos hacia el Señor? ¿Ni el Papa? ¿eres tu el Señor para decirme que no te miro?
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