¿La Misa de espalda a los fieles?, por Juan Manuel Rodríguez (III)
18.01.08 @ 12:00:00. Archivado en Actualidad, Reflexión, Amigos

“El Oriente”: la dirección de la oración cristiana
Desde tiempos remotísimos“en la mayor parte de las grandes religiones, tanto la postura que se adopta durante la plegaria, como el equipamiento de los recintos sagrados están definidos por una ‘dirección’ sacra”9. En efecto, y aunque no nos detengamos en ello porque no es propiamente tema de este artículo, se puede corroborar este rasgo común a religiones y civilizaciones de todo tiempo y lugar. El hombre se ha dirigido desde siempre para orar hacia un espacio, un lugar, en el que se simbolizaba el más allá. Lo trascendente. Volverse hacia Oriente durante la oración era costumbre en el culto al sol, que dominó el mundo antiguo desde el Mediterráneo hasta la India. Hacia Oriente rezaban los griegos y los romanos10; “orientados” hacia la Meca oran los musulmanes; y los judíos y las primeras comunidades cristianas (por supuesto, toda la Iglesia hasta tiempos muy recientes) no han sido extraños a este rasgo común. Los judíos de la Diáspora oraban dirigiéndose hacia Jerusalén, en concreto hacia la shekináh, el lugar del Templo llamado el “Sancta Sanctorum” (Santo de los Santos), lugar más manifiesto de la presencia de Dios, y aún después de la destrucción del templo, siguió siendo costumbre en la Sinagoga volverse hacia Jerusalén en la oración: “Así expresaban los deportados judíos su esperanza escatológica en la aparición del Mesías, la reconstrucción del Templo y la reunión del pueblo de Dios disperso en la Diáspora”.11 De este modo, la orientación de la plegaria estaba inseparablemente unida a las expectativas mesiánicas de Israel12. Martín Wallraf, sostiene que hasta el siglo II, orar mirando a Oriente era tan común en el Judaísmo como orar mirando a Jerusalén13. No puede causar extrañeza pues, que los primeros cristianos, surgidos precisamente en ese ambiente del judaísmo, realizaran prácticas similares. Hay autores14 que han descubierto la inevitable conexión entre ambos hechos (entre éste y la oración “ad orientem”), de modo que las primeras comunidades cristianas de la Iglesia local de Jerusalén tenían como costumbre orar en dirección al Monte de los Olivos, donde, con el mismo sentido escatológico esperaban la Segunda venida del Señor, interpretando profecías del Antiguo Testamento15. Hacia Oriente rezaba San Pablo, según el apócrifo “Hechos de Pablo”, compuesto por un presbítero de Asia Menor, hacia el año 180 d.C.: “Entonces Pablo volvió su rostro hacia Oriente, elevó sus manos al cielo y estuvo en oración durante un buen rato”.
Santo Tomás de Aquino explica el fin escatológico de la oración del cristiano hacia el Oriente:
“Orar en dirección a Oriente es adecuado, en primer lugar porque la rotación de los cielos, que manifiesta la majestad divina, empieza por el Este. En segundo lugar, porque el Paraíso estaba situado al Este, según la versión del texto del Génesis por los LXX, y nosotros ansiamos volver al Paraíso. Y en tercer lugar, a causa del propio Cristo, que es la luz del mundo, es llamado el Oriente, que sube por los cielos de los cielos hacia el Este, y cuya segunda venida se espera, según el evangelista Mateo, viniendo de Oriente: Igual que el relámpago sale del levante y brilla hasta el poniente, así ocurrirá con la venida del Hijo del Hombre”16
Por supuesto, también en la misma concepción de carácter escatológico se orientaron físicamente las iglesias cristianas hacia el Este desde su origen y durante siglos. El Este, que además de ser un punto cardinal, era también una dirección espiritual. Por el Este salía el sol, y allí, en el Oriente, se simbolizaba al Cristo Glorioso en su segunda venida, fuertemente aguardada y esperanza de los cristianos de todos los tiempos. Cuando, por imposibilidad física, dejó de usarse la costumbre de construir los templos “orientados” y toda la comunidad reunida ya no giraba hacia donde salía el sol en la oración litúrgica, quedó el ábside, decorado con pinturas que “tenían ante todo un carácter cultual, pues evocaban la presencia del Señor, sentado en su trono, dominando la asamblea”17 como “Oriente” espiritual, si bien no físico, al que dirigir la oración; como imagen de esa ventana de la Jerusalén celeste que estaba representada en el Templo. Junto a Dios representado en toda su gloria, siempre se situaba la cruz, también centro y Oriente del cristiano, pues “la Cruz, signo de nuestra salvación, se consideraba sobre todo sigo de victoria, el singo del Hijo del Hombre, regresando al fin de los tiempos”18. El Oriente es como una puerta hacia el Cielo que esperamos todos los cristianos. Ese mismo Oriente, y con el mismo sentido escatológico, lo representan los retablos góticos o barrocos, tras sus artísticos altares y a ese mismo Oriente ha dirigido el sacerdote, junto al pueblo y en la misma dirección, su oración y el Sacrificio, durante siglos.
Así, mirando al Oriente se situaron la práctica totalidad de los altares de todos los tiempos del cristianismo, y en esa dirección se celebraba la Misa, sacrificio, oración, acción de gracias.., todos dirigidos en el mismo sentido hacia el Padre Eterno. Lo ha expresado Mons. Klaus Gamber, fundador del instituto Litúrgico de Ratisbona y de quien el entonces Cardenal Ratzinger dijo que era “el único sabio, frente a un ejército de pseudoliturgistas, que habla desde el corazón de la Iglesia”: “Como, según la concepción tradicional, la representación en el ábside del Hijo de Dios en Gloria y la Cruz sobre o encima del altar son elementos esenciales de la decoración del Santuario, jamás se puso en duda que la mirada del sacerdote celebrante debía dirigirse durante la ofrenda del sacrificio, hacia el Oriente, hacia la Cruz y la representación de Cristo transfigurado, y no hacia los fieles que asistían a la celebración, como es el caso en la celebración “versus populum”19.
¿De verdad alguien puede pensar que Benedicto XVI actúa tan superficialmente como muchos han querido ver? ¿De verdad que el Santo Padre puede ser tan plano como para pretender simplemente “dar la espalda a los fieles”? ¿Alguien puede pensar que sea casual la elección de la Capilla Sixtina y que tras el enorme crucifijo, apareciese precisamente la escena del Juicio Final? ¿Simples “formas caducas”, como algunos han dicho, o redescubrir y recuperar un sentido de la oración litúrgica perdido en los últimos años?
Comentarios:
La eucaristía que celebró diariamente ¿le falta un sentido?
Al fin y al cabo creo que la pregunta que hay que hacerse es: ¿celebró el Papa la santa Misa según el rito que le pareció más conveniente en ese día? Y la respuesta es sí. ¿Para qué seguir discutiendo?
"preservar y fomentar la tradición litúrgica de la Santa Iglesia católica, Apostólica y Romana,cuya manifestación más excelsa es la celebración del Santo Sacrificio de la Misa según el Rito romano codificado por el Papa San Pío V en el año del Señor de 1570; así como todos aquellos actos litúrgicos en los que se expresa la mencionada Tradición"
No todas las imágenes de la web, pero la mayoría si.
Entonces el Papa Benedicto XVI, en la plaza de San Pedro, eucaristías de sus viajes, Jornadas con la Juventud, etc ¿celebra de espaldas a Dios y el domingo, el día del bautismo del Señor, en algunos momentos lo hizo de cara a Dios?
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