Alocución de D. Luis de Trelles a los adoradores en la Junta General
13.01.08 @ 13:00:54. Archivado en Adoración Nocturna

"De los escritos del Siervo de Dios Luis de Trelles
Cuando se recuerda la continua presencia real de Jesucristo en el Sagrario, bajo las especies sacramentales, y se cierra el templo y apagadas todas las luces, menos la lámpara, queda el Señor solo en el Tabernáculo, sin un adorador que durante la vigilia agradezca su permanencia entre nosotros a toda hora del día y de la noche, se apodera del ánimo una tristeza profunda, y a poco que en ello se fije la atención, se percibe el por qué de los acontecimientos que conmueven al mundo y a los cimientos más hondos de la sociedad y de la familia.
Dios creó al hombre por amor, y el hombre no ama a Dios; por amor se encarnó, vivió y murió, y el hombre no estima estos beneficios; por amor se encarna, por decirlo así, segunda vez en la Hostia Santa, y por amor reproduce allí Jesucristo de una manera mística su Pasión, ofreciéndose continuamente al eterno Padre, y el hombre no agradece tanta fineza.
Se comprendería que dejara al hombre abandonado a sus pasiones y lo entregase a sus deseos, desconociendo su destino sobrenatural respecto de su Creador, de la sociedad y de la familia. Así se produce el desorden moral llevándole al ateísmo práctico y la corrupción.
Grave es el daño pero gracias a la divina misericordia, fácil es el remedio, porque el reconocimiento del mal determina la reacción reparadora del bien.
Hoy tenemos en España, por la gracia del Señor, la obra magnífica de la Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento, que es posible que regenere al mundo.
La Adoración con sus puntos de vista sublimes, y los adoradores tibios, imperfectos, pequeños y pusilánimes. Nunca se pudo decir mejor que Dios eligió lo enfermo del mundo para rebajar a los soberbios y hacer las grandes obras.
Consideremos también la excelencia de nuestra vocación para guardarla y corresponder a ella debidamente: la adoración es un acto de homenaje y amor que nos anticipa la bienaventuranza, haciendo de los hombres pecadores, contritos; de los conversos, justos; de los justos, santos; de los santos, ángeles y de los hombres mortales, bienaventurados en germen.
En este noble ejercicio no debemos olvidar que alternamos con los ángeles y reemplazamos a los justos, recreando al amorosísimo corazón de Jesús con nuestro culto humilde y reverente.
En el Tabernáculo, nuestro Gran Rey llama a Sí a los humildes que trabajan y están cargados, para confortarlos y convalecerlos.
Pero por lo que a nosotros toca, importa meditar acerca de nuestra humilde y noble misión, por más que de ella seamos muy indignos. Disfrutamos la dicha de asistirle y de rendirle solos homenaje cuando otros reposan, puesto que “el Señor parece que duerme, pero su corazón vela”.
Qué consuelo para este puñado de indignos servidores del Dios escondido, si consiguiésemos ser escuchados, utilizando la vigilia en implorar por la Iglesia Santa y su visible Cabeza el Papa; por España, por el purgatorio entero, por el mundo pecador, por nuestros parientes, amigos y enemigos, por los moribundos, incrédulos y por aquéllos que Dios quiere que pidamos; por nuestra verdadera conversión que debe ser la primera de nuestras peticiones, porque la Ley de Dios y de perfección es la verdadera meta de este pequeño grupo de adoradores nocturnos del Gran Rey de los siglos, al que nos gloriamos de pertenecer.
“La Lámpara del Santuario” Tomo IX – Pág. 141. – Año 1878.
Fuente: Fundación D. Luis de Trelles
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