La defensa de la familia (I)
29.12.07 @ 23:01:27. Archivado en Moral, Sociedad, Iglesia

Tanto la defensa de la dignidad del ser humano, como la vocación a vivir con plenitud de hijo de Dios, expresan la preocupación de la dignidad de la familia y el matrimonio por parte de la Iglesia.
La misión de la Iglesia en el mundo incide decisivamente en la configuración de la familia, de tal forma que podemos hablar de un antes y un después en la concepción y organización de la familia desde la irrupción del cristianismo en el mundo.
En la antigua Grecia, el matrimonio se orientaba únicamente a la perpetuación de la especie, estando el vínculo de unión de los esposos reducido a su mínima expresión. La mujer estaba recluida en el gineceo mientras que la vida del hombre se realizaba en la plaza. Además, aunque existía la monogamia, esta se veía contrarrestada por la presencia de concubinas.
En Roma hubo cuatro tipos de matrimonios:
- las iusta nuptiae, entre ciudadanos romanos.
- el matrimonio entre peregrinos, ciudadanos no romanos que re se regían por las leyes de otras ciudades.
- el matrimonium inuistum, que se realizaba entre ciudadanos romanos y peregrinos, que no poseían el connubium.
- el concubinatus, de naturaleza inferior.
Las iusta nuptiae se realizaban de dos formas:
- cum manu; donde la potestad del pater familias era absoluta, tanto sobre los hijos como sobre la esposa, llegando incluso a tener el derecho sobre la vida y la muerte de los mismos.
- Sine manu: donde el vínculo entre los esposos era tan débil que los divorcios y repudios se sucedían sin solución de continuidad, de tal forma que pocos matrimonios llegaban hasta el fin de los días de los esposos.
Los matrimonios sine manu, que se daban entre la aristocracia, fueron un verdadero problema para la estabilidad familiar. Grandes personajes de la época se divorciaron varias veces. Por ejemplo, Sila se casó en quitas nupcias con una joven divorciada. Cicerón se divorció de Terencia, su esposa, para casarse con la potentada Publilia. Terencia, por otro lado, se casó un par de veces más.
El divorcio fue uno de los quebraderos de cabeza de Augusto: el emperador intentó regular los mismo mediante la promulgación de varias leyes (Lex Iulia de maritandis ordinibus, Lex Papia Poppaea y Lex Iulia de fundo dotali). El emperador permitió que la mujer repudiada pudiese reivindicar su dote y como poderoso caballero es don dinero, esto evitó que el marido repudiase a su esposa (Dotata regit uirum coniux; escribirá Horacio en Odas III, 24).
En Israel se vivía una contradicción, por llamarlo de alguna manera. Así, mientras la Sagrada Escritura enseñaba lo esencial del matrimonio, la práctica era otra: la tradición presentaba a la esposa como la esclava del marido, el matrimonio era un instrumento de reproducción, el repudio se admitía, el padre tenía derecho sobre la vida y la muerte de los hijos.
Todo esto cambió con la llegada del cristianismo. El concepto de matrimonio dio un giro copernicano, pasando el matrimonio a ser único, indisoluble, fiel y creador de un entorno familiar justo. Por ello la Iglesia asume el poder de regular los contenidos fundamentales del matrimonio desde su misión espiritual, quedando, por otro lado, el poder civil limitado a regular sus efectos patrimoniales o a introducir requisitos de orden público.
El Magisterio se ha pronunciado profusamente sobre el matrimonio, especialmente en la edad moderna. Sin ánimo de ser exhaustivos, los principales documentos son los siguientes:
Encíclica Arcanum divinae sapientae (10/2/1.880), del Papa León XIII, donde se justifica que el Magisterio pontificio se ocupe de la familia. Las ideas-fuerza de esta Encíclica son:
* La familia cuanto más impregnada de cristianismo, más plena será.
* La familia como «sociedad doméstica» donde el matrimonio es el único principio y fundamento de la misma. El matrimonio responde al designio creador de Dios y tiene dos propiedades esenciales: la unidad y la indisolubilidad.
* El matrimonio antes del cristianismo estaba corrupto y tras la irrupción de Cristo queda ennoblecido, ya que lo perfecciona como sacramento, símbolo de su entrega y unión a la Iglesia.
* La visión del matrimonio cristiano se enfrenta principalmente contra la mentalidad moderna en tres frentes: negación de la potestad de la Iglesia sobre el matrimonio; separar en el matrimonio el contrato del sacramento; y permitir el divorcio.
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