La libertad en la encrucijada
20.12.07 @ 17:49:05. Archivado en Moral, Política, Reflexión, Libros

Samuel Gregg, miembro del Lord Acton Insitute y profesor visitante en el Instituto Pontificio Juan Pablo II para el Matrimonio y la Familia (englobado en la Universidad Pontifica Lateranense), entre otros cargos, nos deja un magnífico libro especialmente recomendado para estos tiempos de zozobra.
Se trata de «La libertad en la encrucijada», publicado por Ciudadela Libros. El volumen trata, como su propio nombre indica, sobre la libertad. El autor confronta básicamente los dos conceptos de libertad, una basada en la teoría liberal de John Stuart Mill
la libertad consiste en hacer lo que uno desea 1
y otra basada en las tesis de Lord Acton:
.Al decir libertad quiero expresar la seguridad de que todo hombre será protegido, al hacer lo que cree que es su deber, contra la influencia de la autoridad o de las mayorías, costumbres y opiniones. El Estado es competente para asignar obligaciones y trazar la línea de separación entre el bien y el mal sólo en su ámbito inmediato. Más allá de los límites de las cosas necesarias para su bienestar, solamente puede otorgar ayuda indirecta para la batalla de la vida, promoviendo aquellas influencias que son útiles para la tentación: la religión y la formación 2
Siendo ambos liberales, si se me permite utilizar esta palabra para describirlos, sus conceptos y reflexiones sobre la libertad son totalmente divergentes. Así, mientras el liberalismo de Acton toma como base a Santo Tomás de Aquino –
la política del fraile napolitano se adelantaba en siglos al hombre de Estado inglés 3
dirá Lord Acton- el de Mill está basada en Hume. De esta manera, dirá Mill:
La libertad sólo puede ser restringida en la vida social, pero en lo que concierne al individuo es absoluta. Sobre sí misma, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano 4.
Gregg no sólo critica el concepto de libertad de Mill, sino el de sus seguidores, Hayek, Isaiah Berlin y Rawls, para ello utiliza a Tocqueville y Burke, dos de los grandes del movimiento liberal-conservador.
Junto al concepto de libertad analiza Gregg el de verdad. La actitud moderna hacia la verdad se resume en la pregunta de Pilatos, «¿qué es la verdad?». Este escepticismo, según Tocqueville, podrá
facilitar el declive de los ciudadanos.5
Un escéptico duda de que el hombre pueda elegir en base a su pulsión instintiva, ya que para él, es razonable dudar de cualquier pretensión de conocer la verdad, luego todas las opciones morales son indiferentes. La única racionalidad que entiende está en relación con la funcionalidad y la eficiencia, por ende, la única forma de racionalidad será la posibilidad técnica de actuar, de manera que la posibilidad como tal, se convertirá en una base legítima para actuar.
El escepticismo afirma que los hombres no se engañan si imaginan que lo pueden saber todo, sin embargo, ahí se encuentra su punto débil: si hay que dudar de todo, hay que empezar a dudar de las premisas del propio escepticismo. Además el concepto de razón instrumental que poseen los escépticos está en contradicción con su afirmación de que todos los puntos de vistas son meramente un asunto de opinión arbitraria. En definitiva, el escepticismo es insuficiente para marcar pautas de acción.
Estudia también Gregg la relación entre la ley y la libertad, el Estado y la actuación de la sociedad civil en las sociedades democráticas. Termina con una reflexión sobre el liberalismo católico (liberalismo basado en Santo Tomás, libertad para el bien) y su relación con el mundo moderno y la intolerancia laicista.
El tema dedicado a la sociedad civil en el Estado Democrático es realmente interesante. Tocqueville sintió frente a la igualdad progresiva un «terror religioso»:
A los demócratas siempre les gusta la igualdad, pero hay épocas en que esta pasión por ella conduce al delirio…No sirve de nada señalar que la libertad se les cae de las manos mientras miran hacia otro lado; o están ciegos o no pueden ver nada excepto aquello que más codician en el mundo eterno.6
En Democracia, existe una tensión entre la soberanía popular y la libertad individual. Una propuesta para solucionar este problema sería la democracia representativa; pero Tocqueville dudaba que el espíritu del gobierno representativo pudiera mantenerse:
Realmente quien guía es el pueblo, y aunque el tipo de gobierno sea el representativo, es obvio que las opiniones, prejuicios, intereses e incluso las pasiones, de las personas no encontrarán obstáculos duraderos que les impidan hacerse sentir en la dirección diaria de la sociedad 7.
La opinión pública se puede convertir en criterio moral para el ciudadano. Como señala Gregg, «lo que propone la mayoría es a menudo menos importante que lo que lo apoya», luego «esto puede llevar a una abdicación peligrosa del juicio individual. Los individuos pueden empezar a perder confianza en su propia capacidad de emitir juicios, especialmente si su razón les llevas a conclusiones diferentes de las del consenso democrático. En este punto, empezamos a ver cómo la democracia puede comenzar a debilitar integral».
La voluntad del hombre no se destruye, pero sí se puede torcer, ablandar y guiar. Pocas veces están obligados a actuar, pero sí que están constantemente siendo refrenados 8
Tocqueville llama a esta situación «despotismo blando» y surge cuando el Estado busca el apoyo condicional a partir de medidas populistas. Este despotismo destruiría la buena voluntad de los ciudadanos para realizar acciones libres. Las consecuencias de este despotismo son desastrosas. Tocqueville se lamentará de ello:
¿Qué me importa después de todo que exista una autoridad siempre ocupada de que disfrute tranquilamente de mis placeres, y que se ocupe de despejar los peligros en mi camino sin darme siquiera la oportunidad de pensar en ello, si esa autoridad, al mismo tiempo que aparta de mi camino las menores espinas, es dueña absoluta de mi libertad y la existencia hasta tal punto que es preciso que todo languidezca a su alrededor cuando ella languidece, que todo duerma cuando ella duerme, que todo perezca si ella muere? 9.
En España sabemos mucho de este «despotismo blando». No queda más remedio que resistir a través de asociaciones libre que ayudarían a restaurar los vínculos sociales «dañados por la exigencia democrática de sumisión a la mayoría».
Libro interesante el de Samuel Gregga, para leer y reflexionar en estas fechas estivales.
1.- John Stuart Mill, On Liberty, considerations on Representative Government, Oxford Universtity Press, 1.946, p.118. (Ed. española: Sobre la libertad, Edaf, Madrid, 2005).
2.- John Dalberg-Acton, «The History of Freedom in Antiquity», en Selecte Writings of Lord Acton, vol.1, Essays in the history of Liberty, ed. J.R. Fears, Liberty Classics, Indianapolis, 1.986, p.7. (Ed. española: Ensayos sobre la libertad y el poder, Unión Editorial, Madrid, 1.999)
3.- Jhon Dalberg-Acton, «The History of Freedom in christianity», en Essays in the History of Liberty, op.cit., p.34.
4.- John Stuart Mill, On Liberty, considerations on Representative Government, Oxford Universtity Press, 1.946, p.9. (Ed. española: Sobre la libertad, Edaf, Madrid, 2005).
5.- Alexis de Tocqueville, Democracy in America, op.cit. pp. 444, 464 y 548.
6.- Alexis de Tocqueville, Democracy in America, op.cit., p.505.
7.- Ibid., p.173.
8.- Ibíd., p. 694.
9.- Ibíd., p.93.
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