María Madre de la Eucaristía
09.12.07 @ 22:45:19. Archivado en Adoración Nocturna

"De los escritos del Siervo de Dios Luis de Trelles
María es Madre de Jesús y Jesús se ha hecho Eucaristía: luego María es la Madre del Divino Sacramento.
Es una maternidad especial, porque nos enseña la fe que el Cuerpo de Jesucristo fue formado por el Espíritu Santo de la preciosa sangre de su Madre Santísima; de lo que se deduce que en la Hostia sacrosanta está la carne y sangre de María: en el sagrario hay algo que es de su Madre inmaculada.
De estas nociones fundamentales del dogma cristiano se deducen las relaciones íntimas que tiene la Señora con el augusto Sacramento.
Este orden de consideraciones se presta a sacar consecuencias de amor y de respeto hacia la Madre Virgen, que el adorador debe sacar antes y después de recibir a su Dios humanado.
¡Cuantos auxilios podemos alcanzar por intercesión de la Madre amorosa, para disponernos convenientemente a este sublime acto y para agradecer, cual se merece, la venida del Hijo a nuestro corazón!
Para alabar dignamente a María, concentremos la atención en su relación misteriosa con el Cordero sin mancha que quita los pecados del mundo, y que viene a dársenos, después de haber muerto en la Cruz, en prenda de reconciliación y de gloria futura.
A poco que se reflexione, se vendrá en conocimiento de cuánto ha de facilitar la intercesión poderosa de la Señora la asimilación y unión de Dios con el hombre en este misterio de inefable misericordia.
Madre de Dios y Madre nuestra: yo me congratulo de tus grandezas, como el hijo pródigo, pobre y envilecido de una familia ilustre se complace en invocar a un pariente que ha llegado a la cumbre de la grandeza, como para cubrir con los méritos del pariente la propia indignidad.
En este mes en que te celebra la Iglesia, oh Señora y Madre de los pecadores, por único e incomparable favor, quiero pedirte que alcances del Padre Eterno, que es tu Padre, del Hijo de Dios, que es tu Hijo, y del Espíritu Santo, que es tu Esposo, la gracia de no ofenderles más.
Seguir cantando vuestro “Magníficat” a modo de acción de gracias que ha de prolongarse durante toda la eternidad y enviarnos una última mirada con vuestra última sonrisa, fruto de vuestra divina serenidad, sobre nuestra última comunión.
“La Lámpara del Santuario” Tomo III – Pág. 286 – Año 1872.
Fuente: Fundación D. Luis de Trelles
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