La bendita Virgen María (II)
03.12.07 @ 21:14:07. Archivado en Actualidad

Continuemos ahora con el testimonio de las catacumbas.
Según Wilpert (Die Malerein der Katakomben Roms, vol I, Freiburg im Breisgay: HErdersche Verlagshandlung, 1.903), «esas pinturas, mejor que cualquier documento escrito del periodo de las persecuciones, caracterizan la posición de María en la Iglesia de los primeros cuatro siglos y muestran que, en sustancia, ella era la misma persona que la que más tarde sería”.
«La Virgen y el profeta» es el tema de un fresco que se puede admirar en las catacumbas de Priscilla. Aunque la porción inferior está deteriorada, el grupo pictórico en esencia, puede considerarse completo. La Virgen, revestida de una estola y un velo corto, está sentada en actitud meditativa, con su cabeza inclinada ligeramente hacia delante y su hombro derecho. Con ambas manos sostiene en su regazo al niño Jesús en cueros, cuya cabeza está vuelta, como si alguien lo hubiera llamado. Sobre el lado izquierdo de la escena permanece de pié la figura de un profeta, con el rollo de las Escrituras en su mano izquierda y apuntando a la Virgen con el dedo índice de la mano derecha.
La figura del profeta ha sido analizada con amplitud por los expertos. Unos sostienen que es el profeta Balaam, «La veo, pero no ahora; La contemplo, pero no de cerca. Álzase de Jacob una estrella, surge de Israel un cetro, que aplasta los costados de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set» (Dt 24,17); otros consideran que lo más probable sea el profeta Isaías (Is 7,14): «El Señor mismo os dará por eso la señal: He aquí que la virgen grávida da a luz, y le llaman Emmanuel». Parece que esta interpretación sea la correcta. Aunque es cierto que Isaías no utiliza la simbología de la estrella, sí habla de la luz que resplandecerá con el nacimiento del Mesías, «Levántate y resplandece, pues ha llegado tu luz, y la gloria de Yahvé alborea sobre ti» (Is 60, 1).
Indudablemente ésta es la más antigua y más hermosa representación pictórica de la Virgen María que ha sobrevivido de la segunda centuria de la cristiandad.
Un retrato tardío de la Virgen en posición orante y con el niño en su (lap) fue descubierto en el Cementerio Mayor, en la vía Nomentana. Este retrato está fechado en el siglo IV.
La Anunciación se formó parte del arte de las catacumbas desde tiempos antiguos. Este fresco lo podemos encontrar en las catacumbas de Priscila (finales del siglo II) y en las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino (finales del siglo III).
Los autores de estos frescos nos han dejado expresados los sentimientos que los cristianos de Roma sentían hacia la Virgen María. Pero claro, ellos no entendían de metáforas. Nadie se deja crucificar por una metáfora por muy hermosa que sea.
Ahora bien, ¿qué decía de la Virgen María un testigo de la tradición apostólica como Hipólito de Roma?. En Contra Noetus 17, ofrece Hipólito una síntesis de la fe de la Iglesia:
Creamos, hermanos amados, de acuerdo con la tradición de los apóstoles, que la Palabra de Dios bajó del cielo y entró en la santa Virgen María.
En Eranistes, 1, leemos:
Dime, o bendita María, ¿a quién concebiste en tu útero virginal?.
En el Comentario a Daniel 4,11 leemos:
El Hijo es el primogénito de todas las cosas: el primogénito de Dios, así está claro que sería el Hijo de Dios y el segundo tras el Padre; primogénito antes de los ángeles, así estaría claro que es el Señor de los ángeles; primogénito de la Virgen, así sería evidente que el recrea en sí mismo a Adam, el primer formado; primogénito entre los muertos, siendo él mismo el primogénito de nuestra resurrección.
El título «primogénito de la Virgen» será comúnmente atribuido a Jesús en la era posterior, cuando sea invocado como uno de los fundamentos bíblicos y patrísticos de la doctrina de la maternidad espiritual de María sobre todos los hombres.
Hipólito, evidentemente, no tenía una fe adulta.
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