San León Magno
10.11.07 @ 20:32:29. Archivado en Historia de la Iglesia

Diácono, Sacerdote, Obispo, ¡Papa!, grande, santo.
La Toscana lo vio nacer. Papa Grande, luchó siempre por la Cruz, al tridente herético: maniqueísmo, pelagianismo y priscilianismo. Expulsó al huno Atila, guardando a la Ciudad Eterna de su barbarie. Ulteriormente también salvó Roma de ser incendiada, y sobre todo la vida de sus ciudadanos, por el vándalo Genserico.
En el año 461 nació para la Vida.
Obedeciendo al Señor, vomitó a los tibios de su boca:
Y, para que las páginas de esta carta no se alargaran demasiado, he escrito en otra carta lo que está en consonancia con la fe católica, de manera que, aunque esas verdades ya han sido proclamadas por la Sede Apostólica, fuesen suficientes para comprenderlas y revelasen las insidias de los herejes e incluso estas otras que se han añadido.
Tu espíritu sacerdotal y apostólico debe castigar este mal para hacer justicia de la falta cometida, que mancha perniciosamente la pureza de la Iglesia de Constantinopla en la que se encuentran algunos clérigos que están de acuerdo con el modo de pensar de los herejes y que además les ayudan con sus afirmaciones, aún dentro del mismo seno de los católicos. Mi hermano Anatolio se muestra demasiado lento en la expulsión de los herejes, cuando tan benignamente les perdona. Dignaos por vuestra fe, incluso en proporcionar este remedio a la Iglesia, de modo que esos tales no sólo sean rechazados del Orden de los clérigos, sino también como habitantes de la ciudad. Ep. 156 6.
¡Oh, San León, ruega por nosotros!. Hoy se mancilla la Sagrada Eucaristía, sacramento del que vive la Iglesia y al que están ordenados el resto de sacramentos. Hoy se discute toda afirmación del Santo Padre, y los sucesores de los apóstoles callan, consienten, por miedo, por el que dirán: no quieren la Cruz.
Convocó el Concilio de Calcedonia (451). Y San León habló, a través de su epístola dogmática:
Pues, no sabiendo Eutiques qué debía pensar acerca de la Encarnación del Verbo de Dios y no queriendo, para merecer luz sobre su comprensión, trabajar en el amplio campo de las Santas Escrituras, al menos debería haber aceptado con oído atento, aquella común y unánime confesión mediante la cual la universalidad de los fieles hace su profesión de fe: que creen en Dios Padre todopoderoso, y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que nació del Espíritu Santo y de María Vírgen. Con estas tres afirmaciones se destruyen las maquinaciones de casi todos los herejes.
Pues al creer en Dios, Todopoderoso y Padre, queda patente que el Hijo es coeterno con el mismo Dios, no diferenciándose en nada del Padre, porque es Dios de Dios, Todopoderoso de Todopoderoso; nació coeterno del Eterno; no es posterior en el tiempo ni inferior en poder, ni desigual en gloria, ni divisible en su esencia. El mismo Hijo, Unigénito del eterno Padre, siendo eterno, nació del Espíritu Santo y de María Virgen. Este nacimiento temporal no menoscabó en nada a aquel nacimiento divino y eterno, ni nada le añadió, sino que este Hijo se consagró totalmente a la restauración del hombre que había sido engañado, para vencer a la muerte y destruir por su propio poder al diablo, que tenía el imperio de la muerte. (…)Más aún, fue concebido del Espíritu Santo dentro del útero de una madre virgen, la cuál le dio a luz de la misma manera que lo concibió, salvada su virginidad.
(…) Pues el Espíritu Santo dio la fecundidad a la Virgen, pero la realidad de su cuerpo fue tomada de otro cuerpo. Y construyendo la Sabiduría su propia casa, el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, es decir, en esa carne que asumió del hombre y que animó con un espíritu de vida racional. Ep. 28, 2. Tomus ad Flavianum
El Concilio confesó.
Esta es la fe católica. Petrus per Leonem locutus est (Pedro habló por boca de León).
San León, intercede por nosotros para que aceptemos «con oído atento», el magisterio del Santo Padre.
San León Magno, ora pro nobis!.
Comentarios:
He pensado que echas sobre mi intercesión un peso quizá demasiado grande. Comprendo que vivir en ese depravado siglo XXI debe ser para ti insufrible. ¿Qué tal si intercedo para que te trasladen al V? Eso me sería más fácil de conseguir que los enormes cambios que de mí imploras. Prepárate, pues, mi devoto admirador, que un día de éstos la divina providencia obrará contigo el previsto cambio de siglo. Como ves, aquí en la gloria, también usamos la cabeza.
Por cierto, si de arriba no disponen como yo propongo, espabila que el XXI no es el V. Un poco de matemáticas y 100 gramos de sentido común, mi torpe devotito.
¡A espabilar, hombre!
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