Enrique de Castro, el «cura rojo»
07.11.07 @ 18:00:00. Archivado en Actualidad, Reflexión

Contrasta la vida de nuestros recientes beatos con la de estos tipos que nos quieren traer el cielo a la tierra. Uno de ellos es Enrique de Castro, no el famoso Enrique Castro «Quini» sino el cura de Entrevías, el cual debe sufrir muchísimo. No sabemos si le han aparecido ya los estigmas de Carlos Marx, aunque poco le debe faltar.
Licenciado en Teología y Filosofía, es vivo ejemplo de que el pasar por una facultad no da ni un átomo de inteligencia, así lo muestra la entrevista hilarante de la que se hace eco hoy Religión Digital. Si no fuese un tema tan ominoso, sería de película de humor, vamos que no lo superaría ni el Gordo y el Flaco.
Hace el cura rojo un repaso sobre distintos temas que tanto ocupan y preocupan a los progres de sacristía, otra especie dentro de la fauna progre. En la entrevista demuestra o bien un desconocimiento total de la historia o bien que tienen una jeta que se la pisa, porque para decir que la derecha lleva gobernando desde el siglo IV hay que reconocerle un cinismo atroz. Ese argumento nos llevaría a conclusiones tan absurdas como, por ejemplo, pensar que Alfonso X era de derechas (el rey era sabio, no profeta), o deducir, llegando hasta el paroxismo es verdad, que Pol Pot, Mao y demás conmilitones eran de derechas.
Otras lindezas que nos deja el cura bermejo es que Jesús no enseñó ninguna moral. NO se entiende entonces que el sacerdote progre hable de fraternidad, de compartir, o cualquiera de esos conceptos morales que los progres utilizan vaciándolos de contenido. Si en el Evangelio no hay un código moral (excepto que Jesús dice que Él no viene a derogar la Ley), no hay nada prohibido, entonces de Castro no se puede quejar de lo que está haciendo Rouco, o de lo que según él, hacen los obispos. El mismo razonamiento que aplica para el preservativo, es aplicable a los asesinos, e incluso a los que según él son los malos malísimos, la jerarquía eclesiástica, ya que al fin y al cabo todos siguen el Evangelio.
En el fondo, en este personaje encontramos el mismo totalitarismo de siempre, mezclado con un ego tan fuerte que lo hace erigirse, cual Rey Sol, en el representante del pueblo, o de lo que él entiende es el pueblo. Así dice que el latín es para las élites, sin embargo puedo dar constancia que a las misas en latín no va ninguna de esas supuestas élites, sino el pueblo sencillo. Aunque esta demostración empírica no es suficiente para el sacerdote bermellón: es el típico hegeliano que confunde su pensamiento con la realidad.
Por eso, bajo ese espíritu mezquino de liberación que, según él, nos va a traer su otra Iglesia, no se esconde más que un tipo al que no le gusta la libertad, no le gusta Cristo y que es capaz de decir que el terrorismo no es más que « la respuesta del que no puede más».
De ahí la importancia de la beatificación de nuestros mártires, porque ellos sin poder más, perdonaron a sus enemigos. Ellos si son Iglesia. El cura rojo no llega ni a histrión.
Comentarios:
Qué profundo es su pensamiento¡ ¡ Qué magnánimo con aquellos que no actúan o piensan como él ¡ Es que a nuestros progres se les rasca un pelín y sale el intolerante que llevan dentro.
Enlace permanente Comentario por jovi 07.11.07 @ 20:07
Cada uno puede tener sus simpatias politicas, pero si está dentro de una institución tiene que respetar las reglas del juego (dentro del amplisimo abanico de opciones existentes: desde Casaldáliga, hasta Cañizares, capa magna incluida) de lo contrario, pues a casita que se está muy bien.
Desde luego, los que son como él habría que hacerlo de inmediato.
Hay muchos sacerdotes que han vivido con los marginados sin renegar de las verdades de la Iglesia y de su jerarquía.
Enlace permanente Comentario por Dámaso 07.11.07 @ 21:02
Enrique tendía que hacer una composición de lugar y recapacitar pros, contras, etc., cierto que en la Iglesia caben muchas opciones desde Casaldáliga hasta Cañizares (capa magna incluida).
Pero ciertas opciones...
Vosotros los "muy religiosos" no sois la sal de la tierra.
Ellos por Gracia del Espiritu Santo SI
Causa cierto estupor y confusión leer de un adorador nocturno juicios tan temerarios como los que Ud. realiza acerca de la persona del Sr. De Castro: "No le gusta Cristo", escribe Ud.
Yo puedo entender que no le caiga a Ud. simpático el Sr. De Castro, pero nunca entenderé a aquellos que, como Ud., se permiten diseccionar conciencias.
¿Cómo se puede decir que se ama a Dios a quien no se ve y no ama, un poquito, al hermano, imago Dei, a quien ves?.
Animo a Ud. a que prosiga su labor de copiar pastorales y olvide el rencor que anima sus escritos. Sea Ud. feliz, buen hombre y sonría.
Desde luego, los que son como él habría que hacerlo de inmediato.
Hay muchos sacerdotes que han vivido con los marginados sin renegar de las verdades de la Iglesia y de su jerarquía.
¿Le has visto en persona, en su barrio?
¿Le has oído hablar... ?
Excomunión fulminante.
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