Carta Pastoral con motivo de la beatificación de los mártires del siglo XX, por D. Juan del Río
24.10.07 @ 18:49:20. Archivado en Actualidad, Cardenal

Hago llegar la Carta Pastoral de D. Juan del Río respecto a la beatificación de los mártires del siglo XX.
"CARTA PASTORAL A LOS FIELES DE NUESTRA DIÓCESIS CON MOTIVO DE LA BEATIFICACIÓN EN ROMA DE 498 MÁRTIRES DEL
SIGLO XX EN ESPAÑA
“¡Oh dichosa Iglesia nuestra, a quien de tal forma ilumina el brillo
de la bondad divina, reluciente en nuestros tiempos
por la gloriosa sangre de los mártires!”
(S. Cipriano, ep. 10,V,2)
A todos los queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles seglares de nuestra Diócesis:
Con la autoridad de nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI, que en la caridad de Cristo preside la Iglesia, van a ser beatificados el día 28 de este mes de Octubre en Roma 498 mártires que en nuestra patria dieron su vida por Cristo entre los años 1934 y 1939. Además de estos, ya han sido beatificados a partir de 1987 en once ceremonias 479, de los cuales 11 de ellos han alcanzado el reconocimiento de santos. Quiero unirme de todo corazón a los sentimientos manifestados por la LXXXIX Asamblea de la Conferencia Episcopal Española en su Mensaje hecho público con este motivo y anunciar a la Diócesis que me dispongo, con la ayuda de Dios, a hacerme presente en Roma a los actos de la beatificación, acompañado por un centenar de fieles de nuestra Diócesis, y todos nosotros en la Ciudad Eterna glorificaremos a Dios, el cual “es admirable en sus santos” ( Salm 68, 36).
Como señaló el inolvidable Pontífice Juan Pablo II en su Exhortación Postsinodal Ecclesia in Europa, los mártires en el siglo XX tanto los de Oriente como los de Occidente también han sabido vivir el evangelio en situación de hostilidad y persecución hasta el supremo testimonio de la sangre y se han convertido en un signo elocuente y grandioso de la vitalidad de la Iglesia, al tiempo que son una luz para la humanidad porque han hecho resplandecer en las tinieblas la luz de Cristo, siendo el martirio la encarnación suprema del evangelio de la esperanza.
A los 479 mártires de la misma persecución ya beatificados en anteriores
celebraciones se unen ahora estos 498 mártires, entre los que se encuentran
sacerdotes y aspirantes al sacerdocio, religiosos y religiosos, y miembros del laicado la mayoría casados, ancianos, adultos y jóvenes. Son un ramillete de verdaderos mártires que, llegada la hora de la tribulación, confesaron ante los hombres a Cristo, el cual ha prometido que confesará ante el Padre a quienes lo confiesen ante los hombres (Mt 10, 32). Movida por esta clara promesa de Jesús y comprobada la realidad histórica y teológica de su martirio, la Iglesia se dispone a permitir su culto público y a honrarlos con el título de beatos o bienaventurados para indicar que están ya en la eterna bienaventuranza.
Quiere la Iglesia siempre que beatifica o canoniza a un siervo o una sierva de Dios no solamente honrar su memoria y solicitar su valiosa intercesión bajo Cristo y con Cristo ante el Padre sino también proponer su ejemplo de fe intrépida y entrega generosa, para que nosotros, los cristianos de hoy, nos animemos a vivir la fe de forma coherente, comprometida y radical. Los gloriosos mártires, cuando les llegó la hora del sacrificio supremo, no se echaron atrás ni renegaron de Cristo porque a lo largo de sus vidas, largas o cortas, habían vivido una intensa comunión con Cristo a través de la oración y la práctica de los sacramentos y se habían esforzado en entrar por la puerta estrecha que dice el evangelio que lleva a la vida eterna (Mt 7, 14). En medio de las debilidades humanas ellos habían apostado vigorosamente por Cristo y
así, aunque a tantos de ellos les llegara el martirio de forma sorpresiva, bien que otros se prepararon a él durante días o meses, todos sin embargo aceptaron con ánimo entero la muerte por Cristo ya que sus corazones, entregados al Señor, estaban realmente disponibles para el martirio. Se cumplió aquella disponibilidad de la que habla la Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis: “Deseo recordar – dice el Santo Padre Benedicto XVI – un concepto muy querido por los primeros cristianos, pero que también nos afecta a nosotros, cristianos de hoy: el testimonio hasta el don de sí mismos, hasta el martirio, ha sido considerado siempre en la historia de la Iglesia como la cumbre del nuevo culto espiritual: “Ofreced vuestros cuerpos” (Rom
12, 1)… El cristiano que ofrece su vida en el martirio entra en plena comunión con la Pascua de Jesucristo y así se convierte con Él en Eucaristía. Tampoco faltan hoy en la Iglesia mártires en los que se manifiesta de modo supremo el amor de Dios. Sin embargo, aun cuando no se requiera la prueba del martirio, sabemos que el culto agradable a Dios implica interiormente esta disponibilidad, y se manifiesta en el testimonio alegre y convencido ante el mundo de una vida cristiana coherente allí donde el Señor nos llama a anunciarlo” (nº. 86).
Los mártires nos invitan con su ejemplo a vivir la fe de forma intensa, coherente y abnegada para ser no cristianos rutinarios y flojos sino fuertes y fieles, auténticos discípulos de Jesucristo que llevan detrás de Él la cruz de cada día (Lc 9, 23). Los mártires nos estimulan, nos animan, nos entusiasman a asumir el escándalo de la cruz (Gal 5, 11) y a predicar con nuestras vidas a Cristo y éste precisamente crucificado (1 Cor 1, 23; 2,2). Los mártires nos invitan a no tener miedo, aunque la carne sea débil (Mt 26, 41), porque los mártires, aunque se sintieron odiados y maltratados y destinados a la muerte corporal, llevaban grabadas en su corazón las palabras del Señor Jesús: “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo pero al alma no pueden matarla” (Mt 10, 28). Su muerte fue para ellos tras el dolor y la humillación un encuentro glorioso y definitivo con Cristo Resucitado que vino, según su promesa, a
recogerlos para que estuvieran con Él en la Casa del Padre: “Volveré y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy estéis también vosotros” (Jn 14, 3). Por eso la mirada a los mártires debe suscitar en nosotros el empeño de un cristianismo vivido al máximo, dando testimonio –eso significa martirio – de Dios en este mundo laicista y ateo, que olvida los valores supremos y la trascendencia del hombre y quiere que Dios sea olvidado y que ni siquiera los creyentes nos atrevamos en la sociedad secularizada a hablar de Él.
De entre los 498 mártires que van a ser beatificados ninguno nació ni fue martirizado en el territorio de nuestra diócesis. Ya nuestra diócesis cuenta con dos beatos de entre los mártires de 1936: el religioso hospitalario Manuel Jiménez Salado, natural de Jerez, y la religiosa salesiana Carmen Moreno Benítez, natural de Villamartín. Y aunque hay varios presuntos mártires nacidos entre nosotros en las causas de beatificación que todavía se preparan pero, como digo, de entre los que se beatifican ahora ninguno nació en esta diócesis. Pero sí hay varios de ellos que vivieron e incluso trabajaron pastoralmente en poblaciones de nuestra diócesis (Jerez, Chipiona
y Arcos) y quiero por ello daros noticias de sus nombres y comunidad religiosa a la que pertenecían, habiéndose ordenado uno de ellos sacerdote en nuestra ciudad de Jerez. Son éstos:
1.- Miguel Molina de la Torre S.D.B.
Nació en Montilla (Córdoba) el 17-5-1887
Hizo estudios en Jerez de la Frontera.
Profesó como religioso salesiano en Carabanchel Alto en septiembre de 1906
Ordenado sacerdote en Sevilla en mayo de 1913
Martirizado en Ronda el 28-7-1936
2.- Francisco Jesús Carlés González O.F.M.
Nació en S. Julián de Requejo (Pontevedra) el 14-1-1894.
Profesó como religioso franciscano en Chipiona el 20-3-1910.
Se ordenó sacerdote en Córdoba el 2-6-1917.
Después de haber estado en Siria y Tierra Santa, fue destinado a Chipiona (30-1- 1930) y en mayo de ese año a Fuente Obejuna (Córdoba).
Martirizado en Azuaga (Badajoz) el 22-9-1936.
3.- Miguel (León) Zarragua Iturrízaga O.F.M.
Nació en Yurreta (Vizcaya) el 11-4-1870.
Ingresó en la Orden franciscana en Chipiona en 1889 y profesó solemnemente como religioso franciscano en calidad de hermano el 9-9-1893.
Luego de estar en Marruecos volvió a Chipiona en 1915, pasando en 1919 a Fuente Obejuna.
Martirizado el 22-9-1936 en Azuaga (Badajoz).
4.- Florencio Arnáiz Cejudo S.M.
Nació en Espinosa de Cerrato (Palencia) el 10-5-1909.
Hizo los primeros votos en la Congregación Marianista el 5-9-1926.
Seguidamente fue destinado al Colegio de San Juan Bautista, de Jerez de la Frontera, donde pasó cinco años encargado de la primera clase de primaria. En 1931 pasó a Sevilla a hacer los estudios de magisterio y en 1933 a Madrid, donde hizo la profesión perpetua el 2-9-1934.
Martirizado en Madrid el 14-9-1936.
5.- Miguel Léibar Garay S.M.
Nació en Arechavaleta (Guipúzcoa) el 17-2-1885.
Hizo su primera profesión en la Congregación Marianista el 24-3-1903. Tras
licenciarse en Filosofía y Letras en Madrid y hacer los estudios eclesiásticos en Friburgo (Suiza), se ordenó en esta última ciudad de sacerdote el 1-8-1915. Destinado en 1916 como director del Colegio de San Juan Bautista, de Jerez de la Frontera, ejerció este cargo hasta 1922 en que fue destinado a Madrid.
Martirizado en Madrid, en el Puente de Vallecas, el 28-7-1936.
6.- Hermenegildo Lorenzo (Modesto Sáez Manzanares) F.S.C.
Nació en Revilla del Campo (Burgos) el 30-7-1903.
Hizo los votos en la Congregación de los Hermanos de Escuelas Cristianas el 2-2- 1921. Uno de sus destinos fue la Escuela del Sagrado Corazón, de Jerez de la Frontera.
Martirizado en Lorca (Murcia) el 30-7-1936.
7.- José Limón Limón S.D.B.
Nació en Villanueva del Ariscal (Sevilla) el 27-12-1892.
Emitió los votos en la Congregación Salesiana en noviembre de 1912 en San José del Valle. Ordenado sacerdote en 1919. Fue director del colegio salesiano de Arcos de la Frontera.
Martirizado en Morón de la Frontera el 21-7-1936.
8.- Antonio Torrero Luque S.D.B.
Nació en Villafranca de Córdoba el 9-10-1888.
Emitió los votos en la Congregación Salesiana el 8-12-1907.
Se ordenó sacerdote en Jerez de la Frontera en septiembre de 1913.
Director del colegio salesiano de Ronda.
Martirizado en Ronda el 24-7-1936.
También fusilaron a su padre, Baltasar Torrero, por ser padre de un sacerdote.
A estos mártires de Cristo y a los que con ellos van a recibir la gloria eclesial de la beatificación el próximo domingo 28 de Octubre queremos dedicarle una solemne celebración religiosa, consiste en la Santa Eucaristía, y a la que convocamos de manera especial a las comunidades religiosas a las que ellos pertenecieron. Esta celebración tendrá lugar en la Santa Iglesia Catedral el día 1 de Diciembre, a las 19,30.
Espero en ella a todos los fieles que puedan asistir para glorificar a Dios Nuestro Señor e invocar nuevamente sobre nosotros, esta vez por intercesión de estos gloriosos Mártires, su divina misericordia.
Con mi bendición pastoral de todo corazón:
+ Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez
Jerez de la Frontera 18 de octubre de 2007
Fiesta de San Lucas, evangelista"
Fuente: Web Obispado Asidonia-Jerez
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