Lo que Hitler pensaba de la Iglesia Católica (IV)
23.09.07 @ 18:00:00. Archivado en Historia, Iglesia, Actualidad, Reflexión

«En la época en que oí esa conversación creí al principio que se trataba de meras fanfarronadas, de algunas concesiones al pornógrafo Streicher. Empero me dejó profundamente conturbado. Nunca había pensado aún que Hitler pudiera dar pruebas de tal cinismo. Recordé a menudo esas pláticas cuando se persiguió, más tarde, a los sacerdotes católicos por tráfico de divisas o por atentado a las costumbres, a fin de presentarlos a los ojos de la masa cual criminales, quitándoles de antemano la palma del martirio y la gloria de la persecución. Fue una empresa cínica y por mucho tiempo premeditada, cuya responsabilidad recae enteramente sobre él.
No escuché mucho más del resto de la conversación. Retengo, no obstante, su desprecio ostentoso por la Iglesia luterana. No compartía en modo alguno los conceptos y esperanzas de gran número de protestantes combativos y enemigos de Roma, que aspiraban a destruir la Iglesia católica con el auxilio del nacionalsocialismo, para crear una Iglesia unitaria alemana, esencialmente evangélica, en la cual los fieles católicos serían incorporados a la fuerza para formar una sección especial. Más tarde tuve algunas entrevistas con el obispo protestante del Reich, Müller, mi antecesor en la presidencia del Senado de Danzig. Sus planes ambiciosos iban orientados en el sentido de que acabo de indicar.
«Los pastores protestantes –dijo aún Hitler- no tienen idea de lo que es una Iglesia. Podemos permitirnos con ellos cuanto se nos antoje; lo aprobarán siempre. Están acostumbrados a las humillaciones; aprendieron a aguantarlas con sus nobles rurales, que los invitaban el domingo a comer el asado de ganso. Pero no se sentaban en la mesa principal; comían con los niños o los preceptores. Ya era algo no obligarles a compartir el yantar de la servidumbre. Son unos pobres diablos necesitados, sometidos hasta el besamanos, y que transpiran de emoción cuando se les dirige la palabra. En el fondo, no hay fe alguna que tomen en serio, y tampoco tienen una gran posición que defender, como Roma.»
Hitler me dijo...Hermann Rauschning. Capítulo VII, El Anticristo.
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