Lo que Hitler pensaba de la Iglesia Católica (III)
22.09.07 @ 18:00:00. Archivado en Historia, Iglesia, Actualidad, Reflexión

«La conversación se calmó, Goebbels se sentó a nuestra mesa. Hanfstangel entró en el salón. Los dos gauleiters bávaros denunciaron al Führer algunos ejemplos de resitencia de la Iglesia católica en Baviera.
«Que no abriguen ilusiones los ensotanados –amenazó Hitler-. Su tiempo feneció. Perdieron la partida». Declaró que se guardaría bien de hacer lo que Bismarck. «Soy católico –agregó-. Así lo quiso la Providencia. En efecto, sólo un católico conoce los puntos débiles de la Iglesia. Sé de qué manera puede atacarse a esa gente. Bismarck fue un estúpido. Era protestante, y los protestantes no tienen conocimiento cabal de lo que es la Iglesia. Bismarck manejó decretos y sus polizontes prusianos, y el resultado fue nulo. Yo no me lanzaré en nuevo Kulturkampf, que sería por demás tonto. No tengo interés en que los hombres negros puedan adornarse con la corona de los mártires para conmover a unas pobres mujeres. Pero sabré aplastarlos, podéis estar seguros de ello.» (…).
«La Iglesia católica es una gran cosa. No por nada ha podido mantenerse durante dos mil años. Nos da una gran lección que aprender. Tal longevidad implica inteligencia y gran conocimiento de los hombres. ¡Oh, esos ensotanados conocen bien el corazón humano y saben exactamente dónde les aprieta el zapato. Pero su hora pasó. Ya lo saben bien. Tienen bastante entendimiento para comprenderlo y para no dejarse arrastrar al combate. Si, a pesar de ello, se les antojara entablar la lucha, no haría ciertamente de ellos mártires. Me contentaría con denunciarlos como vulgares criminales. Les arrancaré de la cara su máscara de respetabilidad. Y si esto no bastare, los tornaré ridículos y despreciables. Haré filmar escenas que contarán la historia de los hombres negros. Entonces se podrá ver de cerca el cúmulo de locura, de egoísmo sórdido, de embrutecimiento y engaño que es la Iglesia. Se verá cómo sacan dinero de cada país, cómo rivalizaron en avidez con los judíos, cómo favorecieron las prácticas más vergonzosas. Organizaremos el espectáculo de tal manera excitante, que todo el mundo querrá verlo, y habrá largas colas a las puertas de los cines. Y si los cabellos se erizan sobre la cabeza de los burgueses devotos, tanto mejor. La juventud será la primera en seguirnos. La juventud y el pueblo.
En cuanto a los otros, no los necesito. Les garantizo que, si yo lo quiero, aniquilaré a la Iglesia en pocos años, con lo que probaré lo hueco, frágil y engañoso del aparato religioso. Bastará un golpe serio para demolerlo. Los buscaremos por el lado de la rapacidad y de su gusto proverbial por la buena vida. Los emplazo, cuando mucho, para de aquí a algunos años. ¿A qué preocuparnos?. Aceptarán todo, a condición de poder conservar su situación material. Sucumbirán sin combatir. Ya husmean de dónde sopla el viento, pues no son mentecatos, ni mucho menos. Desde luego, la Iglesia fue algo en otros tiempos. En la actualidad nosotros somos sus herederos, porque somos también una Iglesia. Conocen su impotencia. No resistirán. Y si resistieran, nos da lo mismo. Desde el momento en que la juventud está conmigo, me es indiferente que los viejos vayan a enmohecerse al confesionario, si les viene en gana. Para la juventud la cosa es distinta, y ése es asunto mío.»
Hitler me dijo...Hermann Rauschning. Capítulo VII, El Anticristo.
Comentarios:
a las pruebas me remito.
Hermenegildo: sí, Hitler. Aterrador.
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