Lo que Hitler pensaba de la Iglesia Católica (I)
20.09.07 @ 18:00:00. Archivado en Historia, Actualidad, Reflexión

«Estaba, a mediodía, en la residencia de Hitler. Había ido temprano para someterle mi informe. Ese día era de una importancia capital, pues era aniversario de la institución de los Statthalters o representantes del Reich en los diversos países. La institución no tenía otro objeto que el de soforcar a tiempo las tendencias separatistas que apuntaban en todas partes. En Baviera, por ejemplo, el movimiento autonomista se recrudecía peligrosamente para los nacionalsocialistas. Si Baviera hubiera sabido sacar provecho de la hora y, sobre todo, si el Kronprins Ruppecht hubiese mostrado más decisión, es probable que una monarquía bávara hubiera fulminado al nacionalsocialismo con un fin rápido y brutal. La reforma de la vieja Alemania habría tomado otra dirección y adquirido distintas formas.
Nuestra conversación nocturna giró en torno a las graves preocupaciones que causaban esas tendencias. Precisamente para discutirlas con detalle, dos gauleiters bávaros –Steicher, de Franconio, y Wagner, de Munich – habían sido convocados en Berlín. Yo no había oído el comienzo de la conversación. Pero detrás de mi la voz de Hitler se elevó, estridente, para responder a unas palabras de Streicher, y presté atención:
«¿Las religiones?. Tanto valen unas como otras. Ninguna tiene porvenir, para los alemanes cuando menos. El fascismo puede, si quiere, hacer su paz con la Iglesia. Yo haré lo mismo. ¿Por qué no?. Ello no me impedirá en absoluto extirpar el cristianismo de Alemania. Los italianos, gentes candorosas, pueden ser al mismo tiempo paganos y cristianos. Los italianos y los franceses, si radican en el campo, son paganos. Su cristianismo es superficial, epidérmico. Pero el alemán es distinto. Toma las cosas en serio: es cristiano o pagano, pero no ambas cosas. Por otra parte, como Mussolini nunca hará de sus fascistas héroes, poco me importa que sean paganos o cristianos.
Para nuestro pueblo, por el contrario, la religión es una cuestión capital. Todo depende de saber si permanecerá fiel a la religión judeocristiana y a la moral servil de la piedad, o si tendrá una fe nueva, recia, heroica, en un dios inmanente, en la Naturaleza inmanente, en la nación misma, en un dios inseparable de su destino y de su sangre.».
Después de una leve pausa, Hitler prosiguió:
«Dejemos a un lado las sutilezas. Que se trate del Antiguo Testamento, o del Nuevo, o de las solas palabras de Cristo, como quiere Houston Stewart. Chamberlain, todo ello no es más que un solo y mismo bluf judaico. ¡Una Iglesia alemana!, ¡Vaya una broma!. Se es o bien cristiano, o bien alemán; mas no se puede ser ambas cosas a la vez. Podréis expulsar a Pablo de la cristiandad. Otros ya lo hicieron. Puede hacerse de Jesús una noble figura y negar a un tiempo su divinidad. Es cosa de todos los tiempos. Hasta creo que existen en América y en Inglaterra, aún hoy, cristianos de esa catadura, llamados «unitarios» o algo por el estilo. Todas esas exégesis no sirven propiamente para nada. Por ese camino nunca llegaremos a libertarnos de ese espíritu cristiano que queremos destruir. No más hombres de mirar torcido hacia el «más allá». Queremos hombres libres, que sepan y sientan que Dios está en ellos.».
Sobre una observación de Streicher o de Goebbels, que no oí bien, Hitler prosiguió: «Sería locura de nuestra parte querer hacer de Jesús un ario. Lo que Chamberlain escribió respecto a esto es simplemente idiota, por no decir otra cosa. ¿Qué es lo que haremos?. Os lo voy a decir: impediremos que las iglesias hagan otra cosa que lo que hacen hoy, es decir, perder todos los días un poco más de terreno. ¿Creéis, por ventura, que las masas volverán a ser cristianas?. ¡Qué estupidez!. Nunca más lo harán. El film ya terminó, ya nadie entrará en la sala; nos cuidaremos de ello. Los curas deberán cavar su propia fosa. Han de vendernos, motu proprio, su Dios de bondad. Por conservar las subvenciones y su miserable estipendio lo consentirán todo.»
Hitler me dijo..Hermann Rauschning. Capítulo VII, El Anticristo.
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