La Cruzada de los niños (II)
10.08.07 @ 12:00:00. Archivado en Historia, Historia de la Iglesia

Nos quedábamos en el capítulo anterior con Esteban y sus seguidores a punto de embarcar en Marsella hacia Palestina. Cortemos la narración y desplacémonos a otro punto de Europa: a la Renania. Allí, un muchacho llamado Nicolás comenzó a predicar el mismo mensaje que Esteban, ante la capilla del os Reyes Magos en Colonia, pero con una ligera diferencia: él tomaría Jerusalén mediante la conversión del musulmán.
La capacidad dialéctica de Nicolás tenía que ser envidiable, ya que tras predicar por toda la Renania consiguió un reunir un ejército de niños en Colonia. Los alemanes eran mayores que los franceses y por lo que cuentan, el número de muchachas era superior que en caso francés. También el contingente procedente de la nobleza era superior al de los galos. A la cruzada se unió además una cierta cantidad de prostitutas y vagabundos.
Por fin se puso en marcha la expedición. Se dividió en dos partes: Nicolás conducía una de ellas compuesta por 20.000 personas, según cuentan los cronistas. Siguió el curso del Rhín hacia arriba hasta Basilea, pasó por Ginebra para, cruzando los Alpes, llegar finalmente a Génova: sólo lo consiguieron un tercio de los que iniciaron la marcha con Nicolás. Los genoveses desconfiaban de los cruzados porque pensaban que detrás de la misión se escondía una conspiración alemana. Por eso sólo los dejaron permanecer una sola noche, aunque invitaron a aquél que quisiese a instalarse en Génova.
Mientras, el mar seguía sin abrirse.
Muchos niños decepcionados se establecieron en Génova: de hecho, varias grandes familias genovesas decían ser descendientes de esos niños cruzados.
A pesar de esta decepción, Nicolás no cejó en su empeño, así puso rumbo a Pisa. En Pisa, dos barcos se comprometieron a llevar a algunos de ellos a Palestina: nunca más se supo de los que se embarcaron. Nicolás caminó entonces con el resto de los suyos a la Ciudad Eterna.
El Papa Inocencio III los recibió con una mezcla de piedad e inquietud: la locura de los niños lo turbaba. Les dijo que volvieran a sus casas, ya tendrían tiempo de sobra para embarcarse en una cruzada.
Los niños volvieron. No se sabe nada del camino de vuelta: algunos, ante la dificultad del viaje se quedaron en alguna aldea o ciudad italianas; otros llegaron finalmente a la Renania. Seguramente Nicolás no estaba entre ellos porque hubiese muerto.
Los padres airados de los niños cruzados que habían muerto clamaban justicia: pidieron la cabeza del progenitor de Nicolás.
El padre fue prendido y ahorcado.
Nos queda el segundo grupo que reunió Nicolás. Los infantes pasaron a Italia a través de la Suiza central, llegando al mar de Ancona. Como se pueden imaginar, el mar tampoco se abrió.
Continuaron hasta Brindisi. Allí algunos de los que formaban la expedición volvieron a casa. Muy pocos pudieron ver sus hogares. Otros zarparon a Jerusalén.
El desenlace a esta historia tendrá que esperar.
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