El Papa y San Justino. La fe y la razón.
23.03.07 @ 12:00:00. Archivado en Filosofía y filósofos, Teología

Interesante catequesis la ofrecida por el Papa anteayer. Aprovechando la figura de San Justino, filósofo y mártir, nos muestra que la razón no es incompatible con la fe, sino que por el contrario, la búsqueda de la verdad por parte de la razón nos lleva a la verdad revelada en Cristo.
Así, San Justino «fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión», el cristianismo, «considerada como la verdadera filosofía», y «en ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino había dirigido su “Apología”», recordó el Santo Padre.
En el cristianismo, no hay contradicción entre fe y razón. El Papa nos muestra la figura de Justino, que pretendió « ilustrar ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se realiza en Jesucristo, el «Logos», es decir, el Verbo eterno, la Razón eterna, la Razón creadora. De esta manera, el mismo «Logos», que se reveló como figura profética a los judíos en la Ley antigua, también se manifestó parcialmente, como con «semillas de verdad», en la filosofía griega », así Justino afirma que por esta razón, «todo lo bello que ha sido expresado por cualquier persona, nos pertenece a nosotros, los cristianos» (Segunda Apología 13,4).
Por esta razón, nos recuerda el Papa, Justino « si bien reprochaba a la filosofía griega sus contradicciones, orienta con decisión hacia el «Logos» cualquier verdad filosófica, motivando desde el punto de vista racional la singular «pretensión» de vedad y de universalidad de la religión cristiana.»
Según Justino, el Antiguo Testamento y la filosofía griega son dos caminos que guían a Cristo, por lo tanto, la filosofía no puede oponerse a la verdad evangélica. Como afirma el Papa, «los cristianos pueden recurrir a ella con confianza, como si se tratara de un propio bien».
Esta catequesis está en la línea subrayada de su obra Fe, Verdad y Tolerancia (ed. Sígueme), donde muestra que el cristianismo es una religión ilustrada. Esto contrasta aún más con la época en la que vivimos, porque paradójicamente, mientras que por un lado la sociedad parece dominada por la ciencia, por el otro muestra unos comportamientos totalmente irracionales. Podemos decir que el proceso de separación de la fe y la razón, reduciendo la primera a un mero sentimiento, ha llevado aparejado una expulsión también de la razón, de tal forma que se es incapaz de conseguir una fundamentación que justifique el obrar del hombre. Todo queda en una decisión subjetiva. Ni objetividad ni crítica ya que al final todo queda reducido al sujeto.
Hoy, para justificar una acción, no se apela a la razón sino a la pasión, porque al pertenecer a lo más primitivo del ser humano lo a su vez vulnerable y por lo tanto, manipulable. De ahí que, por ejemplo, cuando se hable del aborto, se expongan casos particulares donde se exaltan las condiciones penosas de vida de la madre, o las del niño si éste nace con una tara, olvidando por otro lado que la vida es un bien en sí. Además nos encontramos con la contradicción donde los mismos que defienden el aborto, a la vez se muestran como defensores de la vida, mostrando su irracionalidad.
A los cristianos nos quieren reducir también al terreno de los sentimientos. Si la religión fuese algo, sería un sentimiento. No es posible la conjunción razón y fe.
Pero esto es falso y es, precisamente, lo que el Papa ha querido recalcar: que la fe y la razón no es que sean compatibles, sino que el cristianismo reclamó la razón desde los inicios, frente a las religiones paganas.
Como afirmó el Papa en su catequesis, «la religión pagana no seguía los caminos del «Logos», sino que se empeñaba en seguir los del mito, a pesar de que éste era reconocido por la filosofía griega como carente de consistencia en la verdad. Por este motivo, el ocaso de la religión pagana era inevitable: era la lógica consecuencia del alejamiento de la religión de la verdad del ser, reducida a un conjunto artificial de ceremonias, convenciones y costumbres».
En el mundo actual tenemos el mismo problema: hasta la ciencia ha perdido racionalidad, aunque esto parezca absurdo. ¿Cómo puede la ciencia invadir el terreno de la moral, afirmando que la investigación con embriones será beneficiosa?. ¿No es esto una muestra que la ciencia se presenta como una religión pagana?. ¿Es que ahora los científicos son magos capaces de adivinar el futuro?. ¿No son estudiantes de la naturaleza?.
Termina el Papa: «En una edad como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el debate sobre los valores y sobre la religión --así como en el diálogo interreligioso--, esta es una lección que no hay que olvidar. Con este objetivo, y así concluyo, os vuelvo a presentar las últimas palabras del misterioso anciano, que se encontró con el filósofo Justino a orilla del mar: «Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no le conceden la comprensión» («Diálogo con Trifón» 7,3).»
Comentarios:
Esa afirmación junto con la que afirma que «la razón y la fe no se oponen sino que se complementan» no pasan de ser sólo frases bonitas en labios de los teólogos pero que se desvanecen ante la realidad.
Uno de los dogmas favoritos de Pablo era ese que en el cristianismo nos ofrece la esperanza de supervivencia eterna. No solamente la supervivencia del alma, sino también la del cuerpo y que en el credo llama “la resurrección de la carne”. El dogma dice que, como es natural vamos a morir, pero ese cuerpo que sufrirá la fermentación de los tejidos y fluidos corporales, se va a descomponer, en una palabra se va a pudrir y se convertirá en polvo, pero que “al final de los tiempos”, esa carne que se había convertido en carroña, tendrá un proce....
Eso es lo que nos dice la fe.
La razón nos dice que eso es una locura.
¿En dónde quedó la compatibilidad de la fe y la ciencia?
GAALENO ZALÁN
Monterrey, México
Esa afirmación junto con la que afirma que «la razón y la fe no se oponen sino que se complementan» no pasan de ser sólo frases bonitas en labios de los teólogos pero que se desvanecen ante la realidad.
Uno de los dogmas favoritos de Pablo era ese que en el cristianismo nos ofrece la esperanza de supervivencia eterna. No solamente la supervivencia del alma, sino también la del cuerpo y que en el credo llama “la resurrección de la carne”. El dogma dice que, como es natural vamos a morir, pero ese cuerpo que sufrirá la fermentación de los tejidos y fluidos corporales, se va a descomponer, en una palabra se va a pudrir y se convertirá en polvo, pero que “al final de los tiempos”, esa carne que se había convertido en carroña, tendrá un proce...
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